La cantante Rozalén en uno de sus conciertos
La cantante Rozalén en uno de sus conciertos - ABC
CONCIERTOS SEVILLA

Cuando Rozalén suena, el mundo parece un sitio mejor

Este sábado la cantante albaceteña ofreció un concierto en el Auditorio Fibes con todas las entradas agotadas

SEVILLAActualizado:

Ante el color grisáceo que lleva semanas dominando el cielo de Sevilla, este pasado sábado Rozalén impuso un brillante sol melódico ante más de 3.100 «girasoles».  La cantante albaceteña viene cerrando varios «sold out» en su gira y Sevilla no iba a ser menos. Un éxito que se ha ganado a pulso y que, afortunadamente, parece no tener fin. «La primera vez que vine a Sevilla fue con un grupo de cantautores y éramos diez en el escenario, mientras que el público no llegaba a veinte personas. Esto es muy emocionante», agradece María Rozalén con un par de lágrimas en los ojos.

En la semana del histórico 8M en el que millones de mujeres tomaron las calles de España, Rozalén empezaba su concierto pintando una puerta violeta, alumbrando el camino con su torrente de voz a todas aquellas personas que aún no se han atrevido a cruzar el umbral. «Queríamos empezar con “La puerta violeta” porque no es solo una puerta que se abre, sino también otra que se cierra. Un portazo a la violencia machista. Se ha comprobado que el feminismo va de amor y de respeto, y nosotras amamos a los hombres y los queremos cerca».

Tras la magnífica interpretación de «Vivir», se confirma lo que se respiraba en el ambiente: Rozalén pretende reconciliarnos con el mundo, con las personas y las cosas importantes de la vida. Con esta canción, el auditorio se convierte en una fiesta de palmas y sonrisas. «Intento pensar que no sois tantos, pero es que no os veo», dice Rozalén mientras le encienden las luces de la sala. «¡Qué de gente! ¡Apagad la luz otra vez, que me da vergüenza!», confiesa ante la risa de los presentes. Y es que Rozalén tiene miles de aristas y durante el show es capaz de hacer bailar, reír y reflexionar a su público. Su concierto está pensado, más que como un espectáculo, como un abrazo colectivo. Una suerte de reunión entre iguales que han venido a compartir ideas, versos y música.

«A los cantautores, las rupturas sentimentales nos salvan varios discos. Y esta canción me duele mucho cantarla, pero ya la grabé y tengo que hacerlo. No me siento muy orgullosa de algunas cosas que siento, pero tengo la esperanza de que al cantarla mucho termine por tomar otro significado», esgrime la cantante mientras la banda que le acompaña empieza a tocar «La que baila para ti».

Por supuesto, hay que destacar en estas líneas la sublime -e importantísima- actuación de la intérprete de lengua de signos, Beatriz Romero, que acompaña a Rozalén en todos sus discos y conciertos. Una «performance» que complementa con bailes y coreografías con el resto de la banda, mientras lleva a cabo su loable trabajo durante las más de dos horas que dura el concierto.

Tras la historia y la canción de «El hijo de la abuela», «Berlín» y «Para los dos», el concierto llega con «Justo» a uno de los momentos más emocionantes de la noche. «Me da pena que la gente diga que no hay que pensar en los muertos, sino en los vivos», afirma la cantante albaceteña entre lágrimas, mientras su voz nos confiesa cantando al oído: «Callando remueves la herida». Y ya se sabe que si no curas la herida, duele y supura. Por eso, la música de Rozalén es capaz de cerrar heridas y de acercarnos un poquito más los unos a los otros.

Y es que, para esta albaceteña, la música está para compartirla y es por eso que el escenario, en este concierto, deja de ser un sitio reservado solo para la banda. Para cantar «Las hadas existen» Rozalén pide a los niños que hay entre el público que suban al escenario y le acompañen para cantar a medias los versos de esta canción. A estas alturas, al público le resulta totalmente imposible no emocionarse. Sobre todo, viendo la ilusión con la que los niños abrazan a la cantante, mientras se niegan a desalojar el escenario. Un espacio que, posteriormente, compartirá con Hugo Salazar y Marta Soto, que la acompañarán en dos de los temas del concierto.

Así, el espectáculo musical que proponen Rozalén y los suyos -que a ratos parece una noria emocional- sube y baja por la alegría, la melancolía, el amor y la libertad, con «Amor prohibido» y las versiones de «La belleza», de Eudardo Aute y «Volver a los 17», de Violeta Parra.  Con la medianoche a la vuelta de la esquina, se suceden canciones como «Me arrepiento», «Somos» o «Será mejor». A cada tema que canta, Rozalén da un paso más hacia la excelencia, de una forma tan natural que, solo de pensarlo, se ponen los pelos de punta. «Se acerca el final», avisa la cantante, justo antes de dar paso a «80 veces», uno de los temas más famosos de su repertorio. Y recordando que «mañana al salir el sol / se habrá borrado para siempre, del colchón, tu olor», el público funde en un mismo aplauso el fin de la canción con el inicio de los bises.

Con «Dragón rojo», «Vuelves» y «Girasoles» -cuya canción dedicó la cantante al pequeño Gabriel y su familia-, la banda pone el broche final al concierto y despide a Sevilla pidiendo «respect» mientras Rozalén propone un último baile. «Hay dos formas de enfrentarse a la vida y a la noche: o bailamos o no bailamos. Y aquí, bailamos», amenaza sonriente la cantante mientras su público se pone en pie entre palmas, gritos y bailes, en una explosión de euforia totalmente incontrolable. Un final de fiesta a la altura de uno de los grandes talentos de este país. Y es que, cuando el río suena, agua lleva y es por eso que todo lo que se dice y se habla del trabajo de esta cantante, se queda corto. Tras un concierto como este uno termina por confirmar que cuando Rozalén suena, el mundo parece un sitio mejor.