Momento de la inauguración de la Bienal de Flamenco de Sevilla 2018
Momento de la inauguración de la Bienal de Flamenco de Sevilla 2018 - Juan José Úbeda

Bienal de Flamenco de Sevilla 2018Comienza la Bienal de las dudas

El Ayuntamiento pretendía darle un impulso en su vigésima edición, pero los vaivenes políticos han afectado a la programación, con grandes ausencias

SevillaActualizado:

La XX Bienal de Flamenco, que comienza hoy con el espectáculo «Arena» de Israel Galván en la plaza de toros de la Real Maestranza, tendría que haber sido especial porque cumple una cifra redonda. Esa era, al menos, la intención del Ayuntamiento. Pero la gestión política que se ha hecho de esta edición ha desembocado en una programación de perfil bajo, con ausencias inexplicables y sin unidades temáticas claras.

El delegado de Cultura, Antonio Muñoz, decidió cambiar de director para buscar ese impulso de la vigésima edición en mital del ciclo de la organización, es decir, un año después de haber terminado la de 2016. Eso restaba mucho tiempo al sucesor para organizar grandes espectáculos en un sector en el que las principales figuras se contratan con varios años de antelación. Pero, encima, la apuesta de Muñoz fue una pifia. Nombró a un especialista, José Luis Ortiz Nuevo, que después de haber dado el sí comenzó a imponer una serie de condiciones inasumibles para el Ayuntamiento, así que su paso por la Bienal fue un visto y no visto. Tres meses. Menos tiempo aún para el siguiente.

Antonio Zoido, el designado finalmente para arreglar el desaguisado, sólo ha tenido nueve meses para proponer su idea. Tuvo que asumir lo que había programado Cristóbal Ortega, que era sólo la base a la que luego había que añadir los espectáculos de gran tirón, y hacer algunos retoques personales. Yel resultado ha sido una programación plagada de dudas. Lo demuestra un dato curioso: se suponía que esta cita iba a conmemorar el origen del festival, que fue un concurso de cante, y este es el año en el que menos cantaores se subirán al escenario.

Predomina el baile, que se lleva casi el 70 por ciento de la programación. En esta disciplina sí hay nombres de mucho peso, como el citado Galván, Farruquito, Joaquín Grilo, Andrés Marín, Rocío Molina, Pastora Galván, María Pagés, Isabel Bayón o Eva Yerbabuena, que ofrecerán espectáculos propios, y Pepe Montes, que participará en un recital en el Teatro de la Maestranza. Pero también hay ausencias muy importantes. No estará, por ejemplo, Manuela Carrasco, una de las leyendas vivas de la danza jonda. Sin embargo, la presencia de artistas del primer escalafón impide la crítica en este apartado, aunque la mayoría de las obras que ofrecerán ya se han estrenado en otros festivales y, por lo tanto, son conocidas por los aficionados.

Donde sí falla el programa es en el cante. Porque ni se apuesta por los jóvenes claramente, ni se le da sitio a los históricos. Entre los clásicos están anunciados Calixto Sánchez y José de la Tomasa una misma noche en el Maestranza, Carmen Linares en el Alcázar, el Cuchara de Utrera en el Lope y Juana la del Pipa con Remedios Amaya también en el teatro del Paseo Colón. Rancapino, Pansequito, Aurora Vargas, José Mercé, El Pele, Agujetas, El Cabrero o La Cañeta se quedan fuera. Y de las grandes figuras consagradas de la actualidad tampoco hay nada que rascar.

El cartel no cuenta con Miguel Poveda, Arcángel —que sólo hará una colaboración con Tomatito—, Estrella Morente, Marina Heredia, Niña Pastori, Esperanza Fernández... Las únicas noches en las que cantaores de la nueva hornada serán protagonistas principales son las de Argentina y José Valencia en el Alcázar y la de Pedro el Granaíno en el Lope de Vega. Antonio Reyes, Rancapino Chico, Jesús Méndez o David Palomar sólo participarán como público. Y el resto de cantaores anunciados tendrá que conformarse con escenarios secundarios. Es el caso de Lole Montoya, la Tremendita, Segundo Falcón, María Terremoto, Tomás de Perrate o David Lagos.

Por su parte, en el apartado instrumental sólo hay tres espectáculos en «prime time»: Niño de Pura y Manolo Franco el día 17 en el Lope, Tomatito el día 22 en el Maestranza y Dorantes en el Puerto de Sevilla para clausurar el festival el 30 de septiembre. Todos los demás guitarristas se concentrarán en la Sala Turina a las siete de la tarde —Paco Jarana, Alfredo Lagos, Pedro María Peña, Rafael Rodríguez y David Carmona— o a las once de la noche en el Central o el Alameda —José Quevedo Bolita, Gualberto y Gerardo Núñez—. Por lo tanto, esta edición no destaca ni por los estrenos ni por las reposiciones de obras históricas, que era otro de los objetivos del Ayuntamiento para esta efeméride y que sólo se ha logrado en el caso de «Quejío» de Salvador Távora.

Donde sí se ha abierto un debate interesante es en el campo de las innovaciones. Esa es, de hecho, la única impronta que ha podido dejar en el cartel Antonio Zoido. La inauguración por parte de Israel Galván con un espectáculo de temática taurina como «Arena» ya es suficiento motivo de controversia para muchos. Galván es un bailaor sublime, pero tanto su lenguaje corporal como el guión de sus espectáculos incorporan transgresiones que no todos los aficionados valoran en la misma medida. Por eso la inauguración es un acierto. Porque se hablará de ella pase lo que pase. Sin embargo, la apuesta por el Niño de Elche en el Lope de Vega y por Rosalía en el Café Alameda es mucho más arriesgada.

En el segundo caso, el éxito comercial está asegurado porque la joven catalana es la artista de moda y llena cualquier teatro que pise. La duda está en su condición de flamenca, que unos ven muy clara y otros ponen en duda. La realidad es que Rosalía pisa un terreno que hasta ahora le ha servido para entrar en los grandes festivales de pop y rock, pero es la primera vez que aparece en el cartel de una cita estrictamente jonda. Habrá que esperar a ver su propuesta para decantarse, pero su nombre estará en los corrillos hasta el día de su actuación. Y lo mismo ocurre con el Niño de Elche, un «cantaor» muy peculiar que anuncia una «Antología del cante heterodoxo» en el teatro más clásico de la ciudad. El levantino sí tiene sus orígenes en el arte cabal y ha participado en muchos espectáculos con bailaores, pero si éxito le ha llegado por cuestiones ajenas a sus condiciones vocales. Cantar sentado en un retrete, por ejemplo, es su última aportación. Las opiniones son libres y el flamenco también...