Andrés Calamaro regresa a Sevilla el próximo sábado para presentar «Cargar la suerte»
Andrés Calamaro regresa a Sevilla el próximo sábado para presentar «Cargar la suerte» - JEOSM
Entrevista

Andrés Calamaro: «El silencio de la Maestranza es como el rugido de Anfield»

El artista argentino concede una amplia entrevista a ABC de Sevilla días antes de su concierto del sábado en Fibes

SevillaActualizado:

Conversar con Andrés Calamaro es flirtear con las ideas, enamorarse de ellas y no casarse con ninguna. «El divagador es como novio de las emociones», decía el escritor sevillano José María Izquierdo. Su incontinencia verbal lo abarca todo. El argentino, músico culto y de culto, dispara titulares con la misma facilidad con que cita a Nietzsche, Freud, Schopenhauer o Whitman.

Calamaro es, ante todo, un hombre fiel a sí mismo. Sus detractores podrán culparlo de lo que quieran pero nunca de arribista. Sorprende por su honestidad y franqueza, alejado siempre de conveniencias y diplomacias; una sinceridad arriesgada, pese a la cual no recomienda discreción en sus palabras a la hora de publicar esta entrevista en la que, además, anuncia por primera vez algunos proyectos muy novedosos.

El músico se encuentra de gira con «Cargar la suerte», un disco que presentará el próximo sábado en el auditorio Fibes y que recupera al mejor Calamaro. En Barcelona, Madrid ha agotado las entradas con varios meses de antelación, y para la cita hispalense apenas queda medio centenar a la venta.

Conocido como «El Salmón» desde que en el año 2000 publicara un quíntuple disco bajo ese título y cantara aquello de «siempre seguí la misma dirección, la difícil, la que usa el salmón», el cantante hace honor a su apodo postulándose en contra de las corrientes más caudalosas de los diferentes frentes de la actualidad política, cultural y social. El ex líder de Los Rodríguez es una especie de cronopio de estos tiempos modernos, algo de lo que queda constancia a lo largo de esta amplia conversación.

El título de su último disco es un concepto eminentemente taurino. ¿Cómo se carga la suerte en el mundo del rock?

«Cargar La Suerte» es un parte del mandato generacional rockero, poner el cuerpo y templar la embestida (de las adversidades, en este caso). No siempre salimos enteros del embroque.

Con este álbum ha conseguido un sonido de altísimo nivel. ¿Cuidar con meticulosidad hasta el último detalle del sonido ha sido uno de sus objetivos primordiales a la hora de grabar este disco?

Muchas gracias. Los discos tienen un standard meticuloso en un estudio de grabación, la ingeniería. Pero el carácter de la música es «combustión espontánea», «como pintar un cuadro y quemarlo después». Estos géneros se tocan siempre distinto, nunca igual dos veces. Son variaciones del blues o de cosas contemporáneas. Este disco lo armamos todo en seis meses, no teníamos nada y escribimos letra, música y arreglos. Fuimos un trípode con Germán (Wiemeder) y Gustavo (Borner), como el trípode Del Bosque.

Los arreglos de temas como «Mi ranchera», «Tránsito lento» y «Cuarteles de invierno» consiguen una armonía y una elegancia difíciles de igualar. De hecho, encajarían perfectamente como bonus track del excelso «Alta Suciedad», disco que por cierto, también se grabó en Estados Unidos.

Algunas de mis grabaciones fueron insólitas de intensas, fuimos meticulosos en el caos y el desastre, entonces hicimos discos peculiares, inexplicables. Los arreglos de este álbum sí son meticulosos, llevar todo bien escrito fue muy importante, porque grabamos a un ensamble de hasta nueve y once músicos. Grabamos cosas grandes en cuatro canciones, y solos de guitarra en casi todas las canciones, eso define un disco de Rock para los que crecimos escuchando el disco «Machine Head» de Deep Purple. Nos gusta aprender los solos de guitarra, de memoria. Alta Suciedad es la Costa Este.

¿Qué sensaciones tiene en estos primeros conciertos de la gira?

Las sensaciones las vamos encontrando según vamos. El siguiente concierto es una gran responsabilidad. Cantar dos horas es titánico. En la música el cantante es el toro y el torero, tiene que mostrar condiciones, resistencia y voluntad, como mínimo. Cuando se da todo bien es grande.

En Barcelona, Madrid y algunas ciudades más ha agotado las entradas con varios meses de antelación. Hay ganas de Calamaro. ¿Esos datos añaden más responsabilidad o de alegría?

Alegría y la misma responsabilidad. La presencia del público se agradece mucho.

Dígame tres conciertos (como espectador) que le hayan marcado.

Iggy Pop en Obras (Buenos Aires), Los Piratas del flamenco (con Jerry, Diego y Josele) en la sala Clamores de Madrid, y Jerry González en el café Berlín (también en Madrid).

La banda de esta gira la conforman Germán Wiedemer en teclados, Mariano Domínguez en bajo, Julián Kanevsky en guitarras, y Martín Bruhn en la batería. Viene bien acompañado.

Amigo mío, soy buen aficionado a la música toda, pero soy un músico de rock y no recuerdo las letras de mis propias canciones. Mis compañeros, en cambio, exceden las habilidades normales de un músico de rock, tengo que aplicarme para no arruinar el track. Mis compañeros son músicos entre los músicos, maestros en el instrumento, en la música, todos cantan. Son un cuarteto de maestranza y singladura, conmigo un quinteto, una cuadrilla completa.

«"Schopenhauer a tiempo" es un salvoconducto, aceptamos vivir adormecidos pudiendo abrazar la virtud de la soledad»

«My mafia», una de sus nuevas canciones, supone un canto a la amistad. Éste es un tema recurrente a lo largo de su carrera: «Con abuelo», «Los chicos», «El pasodoble de los amigos ausentes»… Hace poco le leí decir que «el amor tradicional es una estafa advertida por Sigmund Freud (pero no nos gusta leer libros con letra pequeña), el que aguanta es el de los compañeros». Aboga por la máxima de Schopenhauer de que cuando antes aprendamos a estar solos, más cerca estaremos de la paz interior y la felicidad. ¿Cree que la soledad buscada puede llegar a ser mejor que una relación en pareja? Probablemente decir eso sea políticamente incorrecto.

«Schopenhauer a tiempo» es un salvoconducto, aceptamos vivir adormecidos pudiendo abrazar la virtud de la soledad. El amor tradicional es una pérdida de tiempo, casi siempre terminamos gruñendo angustiados, no tiene casi sentido. Sobre la amistad se escribió mucho desde la Grecia Antigua, la palabra cambia de significado todo el tiempo mientras permanece inalterable. Aprendí a hermanarme con gente de confianza, del mismo palo. De los maestros, sin dudas, y de los leales. Adhiero con los alemanes: «Amigos son aquellos con quienes realmente quisieras celebrar un cumpleaños».

«El Salmón» vuelve a los teclados en esta gira Matías Saraibe
«El Salmón» vuelve a los teclados en esta gira Matías Saraibe

Remontándonos un poco a su etapa adolescente, gracias a su familia usted tuvo la suerte de coincidir con innumerables artistas de todo tipo. Uno de ellos fue el tristemente desaparecido Facundo Cabral. ¿Hace suyo aquello de «no soy de aquí, ni soy de allá, no tengo edad ni porvenir, y ser feliz es mi color de identidad»? La filosofía que transmitía Cabral con su canción, casa, en cierto modo, con la máxima anteriormente mencionada de Schopenhauer.

Facundo llevó Whitman a las masas, y vivió como un bohemio budista. Su muerte violenta en Guatemala parece su última gran obra, un descubrimiento. No hay vejez suficiente para alguien así, tampoco creo que el plan de dios para Facundo Cabral fuese degradarse hasta morir ciego en un hotel de media estrella…

Durante su juventud vivió una dictadura en Argentina. ¿Cómo recuerda aquella época? Supongo que también existía la censura en el rock and roll argentino. ¿Qué supuso la democracia para usted?

Para la militancia revolucionaria, la dictadura supuso el exterminio homicida. Era un estado de sitio real. La censura era el menor de los problemas, La Naranja Mecánica, por ejemplo, la vimos en Uruguay. En un escenario sin derechos humanos (y suspendida la Constitución) las complicaciones con la policía eran severas. Lo que queríamos era subirnos a un escenario de cualquier manera, de camellos o como músicos. Los ochenta fueron los años de la heroína en España y la cocaína en Argentina, una auténtica epidemia de hedonismo. La social democracia no es perfecta en Argentina, pero es el sistema que aceptamos porque conocimos otros peores. Una república muy sacrificada.

«Morirse a los 94 años en una gira es demasiado bueno para ser cierto»

A punto de cumplir 58 años, ¿Cómo afronta una nueva gira? ¿Se ve en un escenario con casi 80 años como Raphael, Bob Dylan o Charles Aznavour (que murió el año pasado con 94 años en mitad de una gira)?

Morirse a los 94 en una gira es demasiado bueno para ser cierto. Mi madre rompió la pana cumpliendo 98 años el pasado mes de abril. Dylan es muy genuino, supo mejorar con el tiempo y era Bob Dylan. No existe nadie más importante de gira en el mundo, es como ver a Charlie Parker. Estos gigantes que usted menciona nacieron con un don: cantaron toda la vida, para ellos lo normal es vivir y cantar. Tocaba el teclado y ahora soy cantante, es más esfuerzo. Como un pintor daltónico.

En esta gira usted ha vuelto a cantar desde el teclado después de mucho tiempo sin hacerlo. Bob Dylan, un artista que usted siempre ha venerado y con quien incluso llegó a compartir gira, también ha vuelto este año a cantar desde el teclado tras un tiempo sin hacerlo.

El piano eléctrico fue mi primer instrumento hace cuarenta años, buscaba un instrumento para esta gira, sentirse tocando no es lo mismo que cantar, es otro pedo. Hay muy buenos teclados pero el tacto del Piano Fender es otra cosa, es un instrumento que vibra debajo de los dedos. Tengo habilidades en el piano y los teclados, tengo que practicar un poco durante la gira, de momento estoy leyendo acordes y letra al mismo tiempo. No me puedo comparar con Bob Dylan en nada, a ese mirlo blanco lo escuchaban Malcom X y Jimi Hendrix. Es el primero y el último de una especie, de un país y una raza que se extinguen, que llevan su nombre. Dylan es muy músico, está atento al anhelo que refluye, él mismo cuenta cuando, ensayando con Grateful Dead, recuperó la «fe en el canto» en un bar tomando un Gin Tonic una tarde de lluvia.

Por cierto, ¿qué le pareció que le concediesen el premio Nobel de Literatura a Bob Dylan? Hay quien piensa que, puestos a otorgarle tan prestigioso galardón a un cantautor, el elegido bien podría haber sido el ya difunto Leonard Cohen.

Si, escuché esa opinión. No tiene importancia, casi nadie tiene un Nobel. No creo que a Leonard Cohen le cambie nada si no le enterraron con el Premio Nobel. Cohen era mayor que Dylan pero era un discípulo, con Dylan entendió que tenía que cantar para ganarse la vida. Los premios que importan son otros, tampoco es como ganar el título mundial boxeando.

En el setlist de esta gira aparecen 3 canciones de Los Rodríguez. Es curioso que aquel grupo no llegara a triunfar del todo y ahora, casi 25 años después de disolverse, tenga un millón de oyentes mensuales en Spotify (cuando Vetusta Morla, por ejemplo, la banda española del momento, acumula 700.000 oyentes). Los Rodríguez se ha vuelto un grupo de culto.

Los Rodríguez triunfamos muchas veces, pero tampoco de la misma manera que Los Planetas, Extremoduro o Héroes del silencio. Fuimos el mejor grupo salido de «Tablada 25» —los míticos locales de ensayo en Madrid— en aquellos años. Hace 29 años que estoy tocando en España y vine con Los Rodríguez. Me hice cantante para aquella nuestra banda. Nos podríamos haber expandido en América Latina, pero no teníamos relaciones carnales con la regional discográfica. Tengo mucha amistad con DRO pero para llevar Los Rodriguez a Latinoamérica nos faltó tiempo.

«Este año reeditamos Honestidad Brutal, incluiremos algunos de los temas inéditos de aquella grabación»

Este año se cumplen 20 años de la publicación del inmenso Honestidad Brutal. ¿Qué recuerda de aquella grabación y la posterior gira?

Grabamos en 1998, y lo que queríamos era grabar para siempre, no terminar nunca. Lo podríamos haber terminado en dos semanas, hubiera sido un buen disco. Pero no era el plan. Era la guerra y no quisimos volver a casa. Este año reeditamos Honestidad Brutal ampliado, espero que podamos reconstruir los créditos de cada canción, grabamos cien canciones. Tengo recuerdos borrosos de la gira, es la forma más elegante de decirlo.

¿Reedición ampliada con canciones inéditas de aquella mítica grabación?

Es muy posible, una edición con letras y créditos (de cada canción) sería oportuna, con inéditos también.

Tiene grabado un disco de duetos con artistas de primerísimo nivel internacional. ¿Qué puede adelantar de ese proyecto? ¿Cuándo verá la luz?

El disco de «duetos extraordinarios» (producido por Carlos Narea) es el «Rubicón del Imperio Romano», no sé qué hay del otro lado. Puro amor y respeto de cantantes enormes. Lo grabamos con el trío de «Licencia para cantar», un disco de piano (Roma) que fue un ensayo, por así decirlo. En el silencio escuchaba el compás. Entonces armamos el trío y ocasionalmente nos juntamos en un estudio para grabarnos. La culminación «de leyenda» de aquel proyecto es el disco de duetos.

Precisamente, la gira de «Licencia para cantar» tiene muchos visos de plasmarse en un disco. ¿Qué hay de cierto en eso?

Es verdad. Estuvimos eligiendo entre toda la gira (dos años de conciertos) para unlive, pero pensamos publicar primero el disco de duetos.

JEOSM
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En una conversación reciente me comentó que también estaba inmerso en multitud de textos (más allá de canciones), que escribe a diario, con vistas a publicar algún libro e incluso el guión de una película.

Escribí un guión de cine con tres amigos más. Cuando pueda enfocarme en eso, lo haré. Hace diez años me aconsejaron que dirigiese cine y no le di importancia, por lo visto necesitaba cuajar un poco. Es mi proyecto más ambicioso.

Una serie (tipo biopic) sobre Calamaro daría muchísimo juego…

Me temo que eso está en marcha. Es posible hacer algo así y que no sea un desastre. Cuando llegue el momento, espero estar para colaborar con mi memoria y olfato audiovisual.

Usted también forma parte de esa corriente de cantautores que escriben décimas espinela. De hecho, en esta gira recita una o varias décimas dedicadas a la ciudad que visita. Tengo entendido que ha sido Jorge Drexler quien le ha metido en vena esa métrica; incluso han escrito conjuntamente algunas décimas. ¿Cree que esa corriente de poetas «decimales» puede desembocar en algún proyecto musical conjunto?

En ese sentido soy un principiante, Jorge es un maestro. No me otorgue laureles literarios, que tengo muy buenos amigos que escriben de verdad. Ojalá nos involucremos juntos en algo, sí claro.

Hablando de Drexler, con su último disco y su correspondiente gira se ha consagrado como un gigante de la música en castellano. ¿Está de acuerdo?

Claro que sí. Jorge es más que un cantante y más que un artista.

«Prefiero que embistan los toros y no los teléfonos»

En septiembre de 2017 recibió en la Casa de ABC de Sevilla el X Premio Periodístico Taurino Manuel Ramírez, que el jurado del galardón distinguió por unanimidad por una Tercera de ABC titulada «El Reich animalista», publicada el 22 de abril de 2016, en la que hacía una cerrada defensa de la Fiesta Nacional. ¿Qué futuro le augura a la tauromaquia a medio o largo plazo?

En diez años la tauromaquia va a seguir existiendo y menos discutida que ahora. Los «impolutos» no son funcionales al bien común, desconfío de alguien que se presenta con principios tan elevados. Prefiero que embistan los toros y no los teléfonos.

Otros rockeros han presumido con anterioridad de su pasión por la tauromaquia y nadie les ha afeado esa afición. Ahora, en cambio, a usted le critican en las redes por defenderla. ¿Qué ha cambiado para que eso ocurra?

Antes no existían las redes, las ideas se pescaban con paciencia y saber estar. En la vida real hablamos eternamente de toros, es un tema de conversación que jamás se agota, existen a quienes le resulta indiferente y otros más aficionados. Algo normal.

Es un enamorado del silencio de una tarde de toros en la Maestranza de Sevilla. ¿Qué le inspira?

El de la Maestranza es un silencio que se escucha y del que se aprende, es espeso y contrasta con la algarabía de Sevilla en primavera. El silencio de Sevilla bulliciosa es como el rugido de Anfield en Liverpool pero a la inversa.

Vaya la que se montó por sus críticas a Viggo Mortensen durante su concierto en el Liceu de Barcelona…

Viggo me parece un crack en todo. Mi observación es la reacción «demasiado expresiva» de la tribuna. Parecer tribunero no me gusta, a mí no. Ser tribunero es más barato que comprar en H&M o Primark, es muy obvio caerle bien a gente que ni importa quienes son, que nunca vamos a conocer, aquello anteriormente conocido como opinión pública u opinión de masas. Prefiero oponerme a la opinión pública. Mira, cuando Montoneros abandonó la plaza de Mayo, el 1 de mayo de 1974, yo estaba allí con mi viejo, viendo desmoronarse la ilusión de la izquierda revolucionaria. La izquierda sirve como excusa para estudiar, no para presumir, mucho menos para correr por izquierda a nadie. Menos a mí. Los colectivos que buscan visibilidad apelan a métodos policiales como la denuncia civil, y además lo hacen con la jactancia de la «gauche divine» pero sin estudios.

Para terminar, quería recordare que su último concierto en Sevilla, en junio de 2016 en el Monasterio de La Cartuja, fue, para muchos, el mejor de los que usted ha dado en la capital hispalense. Dejó el listón muy alto. ¿Qué le espera a los sevillanos que llenarán el auditorio Fibes para verle?

Muchas gracias. Si le soy sincero, mía es la búsqueda implacable de las buenas sensaciones en el escenario, es lo único que me importa. El calor sevillano nos puede ayudar mucho. En la gira soy un viejo piloto de fórmula 1…sin carnet de conducir.