Serranito, durante una de sus actuaciones
Serranito, durante una de sus actuaciones - Rafael Carmona

Serranito, el flamenco bendecido por el maestro Segovia

Este domingo, nombres tan importantes como Pepe Habichuela, Rafael Riqueni, Gerardo Núñez y Carmen Linares, entre otros, rendirán un homenaje al guitarrista, que también actuará, en el Teatro Flamenco Madrid (22.00 horas)

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Víctor Monge «Serranito» (Madrid, 1946) tenía solo 24 años cuando el maestro Andrés Segovia se puso en contacto con él. Al concertista de guitarra española más importante del siglo XX le hacía «ilusión» que aquella joven figura del flamenco fuera a su casa y tocara para él y su familia. «Según me contó el constructor de guitarras José Ramírez, que fue quien me transmitió el mensaje, yo era el flamenco que menos le disgustaba», comenta entre risas sobre el ilustre compositor que, años atrás, había derribado los prejuicios sobre este instrumento de naturaleza popular en los ambientes de la música clásica de medio mundo.

No se lo pensó. Cogió su guitarra y se fue al domicilio del maestro en la madrileña calle Concha Espina. «Segovia era una catedral. Un hombre muy difícil, prácticamente inaccesible. Aún recuerdo sus comentarios tras la pequeña actuación: “Usted hace cosas importantes, muy bonitas, pero se nota que toca de intuición y no como alguien que ha estudiado música”. Y yo le respondí: “Así es, maestro. Nunca pude, tuve que empezar a ganarme la vida con 12 años tocando para cantaores”. A lo que él añadió: “Pues estudie, porque de la intuición se rigen los animales, mientras que las personas nos regimos por la inteligencia”», cuenta a ABC el guitarrista madrileño, que recuerda perfectamente la invitación posterior: «Si usted estudia, yo seré su abuelo músical».

Aquel encuentro mágico se produjo el 24 de junio de 1970. Serranito ya había abierto el camino que recorrerían casi al mismo tiempo figuras como Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar: el del complicado mundo de la guitarra flamenca de concierto. Pero él fue el primero de esta triada irrepetible de la historia que consiguió romper en España con esa tradición de que los guitarristas flamencos debían acompañar siempre a un cantaor. Aquella aventura de Monge, con la que crearía una escuela y derribaría prejuicios, fue una de las aportaciones más importantes del siglo XX a este arte. Por eso este domingo, nombres tan importantes como Pepe Habichuela, Rafael Riqueni, Gerardo Núñez y Carmen Linares, entre otros, rendirán un homenaje al guitarrista, que también actuará, en el Teatro Flamenco Madrid (22.00 horas).

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Nadie concebía en España que un guitarrista flamenco actuara solo hasta la llegada de Serranito. En el Madrid de finales del siglo XIX y principios del XX lo habían intentado otros concertistas como Miguel Borrull o Ramón Montoya, pero solo llegaron a un público minoritario y nativo. Vicente Gómez consiguió dar recitales de guitarra flamenca en América a partir de 1938. Carlos Montoya, nieto de Ramón, brilló en Estados Unidos a partir de la década de los 50. Y Mario Escudero o el gran Sabicas se convirtieron en auténticas estrellas al otro lado del Atlántico, donde los acogían con naturalidad en escenarios como el Carnegie Hall de Nueva York. Pero mientras, en España, estábamos a verlas venir hasta que llegaron Serranito, De Lucía y Sanlúcar.

«Por eso a los 16 años me puse a tocar con Juanito Valderrama y, un año después, con cantaores como Antonio Mairena, Rafael Farina y Marifé de Triana. Pero lo hacía para ganarme la vida, porque lo que a mí me gustaba era tocar solo y, además, servía para ello. Desde niño, en todos los espectáculos tenía un solo. Entonces me decían que nunca sería una figura como un cantaor o una bailaora. Pensaban que un guitarrista tocando solo no podía hacer carrera. Recuerdo que un gran cantaor me dijo una vez: “¡No estudies tanto, hombre, que la diferencia entre un guitarrista bueno y uno malo son 25 pesetas!”», cuenta.

En 1963 grabó su primer epé con cuatro temas solos de guitarra. Su primer elepé («El flamenco en la guitarra de Víctor Monge, Serranito», Hispavox) llegó en 1966. Ya dominaba ahí una decena de estilos con absoluta claridad y pulcritud. Con Sabicas y el Niño Ricardo como referentes –y más tarde, amigos–, enriqueció su discurso, perfeccionó su técnica y creó un lenguaje propio que, al principio, gozó de más éxito en el extranjero que aquí. De hecho, un mes después de su visita a Segovia, Serranito tenía una actuación en nada menos que el Queen Elizabeth Hall de Londres. Por eso le pidió al maestro que le escribiera una crítica de lo que acababa de escuchar. «Pensé que sería importante para mí y aceptó. Sacó un papel y me la hizo allí mismo a mano. Creo que es la única crítica que escribió en su vida. Aún la conservo», aclara orgulloso.

La crítica manuscrita de Andrés Segovia
La crítica manuscrita de Andrés Segovia - ABC

Esta decía: «Me complace afirmar que tiene el buen gusto de ser adicto a la vieja, simple y noble escuela del flamenco, sin salpicarlo con demasiadas impurezas inframusicales. Sus dedos ágiles sirven con gracia y precisión al sentimiento popular de los “punteados” y su rasgueo resulta siempre ligado en los pasajes de larga duración y rítmico en los asuntos breves. Auguro a Serranito una carrera tan brillante como la conquistada dentro y fuera de España por los celebrados flamenquistas de hoy».

Con su bendición manuscrita, y tras el éxito en el Queen Elizabeth Hall, Serranito llenó tres noches seguidas el Carnegie Hall junto a Paco de Lucía, recibiendo críticas «magníficas» del «New York Times», que comparaba al madrileño con nada menos Bach. En un reportaje de ABC publicado en agosto de 1973, se decía que tenía «la técnica de maestros como Segovia y Narciso Yepes y el duende de los viejos santeros de la guitarra andaluza, tales como Manolo de Huelva y el Niño Ricardo». Y mientras, en España se le cerraban las puertas del Teatro Real.

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«Siempre que pasaba por la entrada cuando venía a Madrid, se me caía una lagrimita. Recuerdo el día que Paco y yo nos colamos en el último concierto de Segovia en el Real y alguien dijo al reconocernos: “¡Qué bonito sería un concierto aquí de estos dos grandes guitarristas!”. Un responsable del teatro respondió: “Hombre, yo creo que en el Teatro Real se paga más para escuchar otro tipo de música. El Palacio de los Deportes sería mejor para ellos”. Y yo añadí: “¡Eso, claro! Allí damos los conciertos y aquí la carreras de bicicletas”».

La espinita del Teatro Real se la quitó Serranito un año después, en 1982, con lleno absoluto. Desde entonces ha grabado más de veinte discos, ha dado la vuelta al mundo varias veces tocando solo en los escenarios más prestigiosos y ha acompañado a los cantaores más importantes de la historia. A sus 72, parece que le queda cuerda para rato: «Sigo tocando cinco horas al día. Es lo que me gusta hacer por encima de cualquier otra cosa. Siempre estoy componiendo».