Música

El ocaso del mercado de la guitarra

La familia de luthiers Manuel Rodríguez asegura haber perdido su negocio, Gibson está en riesgo de quiebra y el sector sigue su lento declive

MadridActualizado:

La segunda empresa de luthiers más antigua del mundo, la casa Manuel Rodríguez (la más antigua es Ramírez), se enfrenta a un futuro incierto después de más de un siglo de historia. Hace tres años, la voluntad de engrandecer la empresa familiar llevó a su responsable actual Manuel Rodríguez III a dar entrada en la misma a un grupo inversor, «siempre bajo la premisa de que sería yo quien continuara ocupándome del diseño, y sobre todo, del control de la calidad de fabricación de las guitarras para que éstas siempre tuvieran nuestro sello inconfundible», explica el luthier.

Esta asociación, sin embargo, «no ha funcionado tan bien como todos deseábamos y con el transcurso del tiempo se han venido generando graves discrepancias entre nosotros, hasta el extremo de que la sociedad Guitarras Manuel Rodríguez & Sons S.A. va a desaparecer como tal, siendo absorbida por la sociedad Grupo Sostenible S.A., habiéndose producido además mi total desvinculación de la empresa». Así, Manuel Rodríguez III considera que su negocio familiar «ha sido usurpado», pero desde Grupo Sostenible aseguran que su despido se debe a que «ha realizado actuaciones al margen de la nueva estrategia empresarial», y a su voluntad de mantener «una actitud de ruptura». El conflicto entre ambas partes es muy complejo y tendrá que resolverse en los tribunales, pero según Manuel Rodríguez III hay un telón de fondo que no se puede obviar: el ocaso del mercado de guitarras. «Antes facturábamos cuatro millones de euros y ahora facturamos menos de uno», asegura.

Lo mismo ocurre en el mercado de guitarras eléctricas. Los ingresos de marcas líderes como Fender o Gibson caen año tras año (esta última, que rechazó participar en este reportaje, tendrá que hacer frente al pago de una deuda total de 375 millones de dólares en los próximos meses, o se podría ver abocada a la quiebra según informa el Nashville Post), y la calidad media de los instrumentos no hace más que bajar para abaratar costes e intentar así competir con otras modalidades de entretenimiento. «La guitarra ha dejado de ser algo nuevo y fascinante para los jóvenes» decía Paul McCartney al referirse a los estilos de música que reinan en la actualidad. «Desde que Jimi Hendrix nos voló la cabeza todas las generaciones han tenido algún guitar-hero, pero la actual no», argumenta el ex Beatle. Y es que si hubiera un guitar-hero actual, «ese sería Taylor Swift, la guitarrista más influyente de la década», como ironizaba el resignado CEO de Fender, Andy Mooney, en una reportaje del Washington Post.

¿Cuál fue el último pico de popularidad de la guitarra antes de comenzar su lento declive? Según Dan Auerbach, de los Black Keys, fue en los noventa. «Nirvana era algo enorme y todo el mundo quería una guitarra para ser como ellos. El interés de los chavales tiene mucho que ver con lo que ven en el Top20», afirmaba en una reciente entrevista. Lo mismo piensa un veterano de la escena nacional y gran conocedor de la historia del instrumento como Fernando Pardo (guitarrista de Corizonas, Sex Museum y Los Coronas). «Fue cuando la música electrónica y el hip hop fueron definitivamente aceptados a todos los niveles. La formación clásica del rock de guitarra, bajo y batería empezó a dejar de ser el estándar. Y desde entonces cada nueva revitalización del rock está más lejos de la masa». La relevancia de la guitarra eléctrica también está en declive si atendemos a las listas de éxitos, «porque el rock ha dejado de tener el peso y la influencia que tuvo, y con él la guitarra, su instrumento distintivo», señala Pardo, que cree que «antes de 2020 habrán desaparecido la mayoría de las marcas grandes e intermedias que dominaron el mercado».

Una transición improbable

El luthier Manuel Rodríguez III ya tiene planes para un nuevo proyecto empresarial, y parece haberse rendido a la evidencia de que «los chavales ya sólo quieren hacer música con ordenadores, que es mucho más fácil que dedicar años a aprender a un instrumento. El mundo digital se lo está cargando todo, por eso llevamos ya varios años en los que el sector no hace más que menguar». Rodríguez cree que la única solución es intentar «acercar las nuevas tecnologías a la guitarra», pero no tiene demasiadas esperanzas depositadas en esa posible transición porque «no hay que dejar de estudiarla, de sacrificar muchas horas para aprender, y eso a la generación del instant joy (“placer inmediato”) no le gusta». «La guitarra es un instrumento bastante complicado de tocar, que necesita mucha dedicación durante muchos años y en estos tiempos ya no compensa dedicarle tanto tiempo al aprendizaje de nada», añade Fernando Pardo. «Ahora todo tiene que ser más inmediato, se busca algo que puedas comprar en internet sentado en el sofá de tu casa, que llegue a casa en dos días, y que al sacar de la caja pueda empezar a sonar bien. Conseguir eso con la guitarra es muy difícil. Eso aleja a las nuevas generaciones de algo que está a mitad de camino entre el arte y el deporte, que necesita que algunos músculos del cuerpo funcionen como los de un gimnasta de élite y exige repeticiones constantes para conseguir un nivel aceptable». El músico madrileño cree además que el género guitarrero por excelencia, el rock, no podrá adaptarse porque está dominado por la cultura retro y la nostalgia. «Las guitarras son ya un producto para adultos que en su momento no pudieron tener una, por eso los modelos más consumidos son los mismos que hace 30 o 40 años, todo se ha estancado y no se mueve. El rock no avanza porque los adultos nos hemos hecho con él, y tiene que ocurrir algo revolucionario o nuestra generación se lo llevará a la tumba. Mientras tanto, todo alrededor sigue su ritmo inexorable». Algunas tiendas de guitarras consultadas, como Leturiaga (abierta en Madrid desde 1964), coinciden con parte del análisis de Pardo. «Los guitarristas profesionales tienen mucho menos dinero ahora que en los noventa, y por eso se venden menos instrumentos de calidad y se abaratan costes»; cuenta uno de sus responsables. «Pero en cuanto a cifras, estamos compensando eso con un mayor número de ventas de guitarras para amateurs. De eso sí que hay más que en los noventa, hay más que nunca». Lamentablemente, esos amateurs suelen abandonar pronto el aprendizaje y por eso sólo se mantiene a flote la venta de guitarras de baja calidad.

Este periódico también se ha puesto en contacto con uno de los máximos exponentes de la guitarra a nivel mundial, Al Di Meola, que por supuesto conoce las Manuel Rodríguez. «Que una marca como esa esté en riesgo de desaparecer es de esas noticias que dan miedo», se lamenta el virtuoso artista. «Es uno de esos efectos indeseables de la modernidad, que avanza sin preocuparse lo más mínimo por el cuidado del patrimonio cultural, y entiendo que sea imparable, porque es cierto que los jóvenes parecen estar atentos sólo a la música que se crea con ordenadores. Dentro de unos años se arrepentirán, porque esa música jamás tendrá la profundidad emocional que tiene un instrumento tocado por un ser humano, y por tanto llegará un momento en el que deje de interesarles. No creo que los fans del trap sigan escuchándolo cuando tengan cincuenta años».

Menos pesimista es el guitarrista catalán Refree, que opina que «la pulsión creativa está en un momento tremendo» en la juventud. «Hay mucha gente joven con una visión artística muy radical, y a mí me da igual las herramientas que utilicen, la verdad. Lo importante es ver que las generaciones que vienen detrás tienen ideas y saben cómo desarrollarlas. Dicho esto, por supuesto que es una lástima que una institución como Luthier Manuel Rodríguez esté pasando estos apuros. Deseo que consigan remontar».

La guitarra flamenca quizá tenga un futuro algo más prometedor con sus jóvenes. Josemi Carmona, que está en permanente contacto con las nuevas generaciones de tocaores, asegura que «el nivel es buenísimo incluso entre los estudiantes más pequeños», y Juan Habichuela Nieto, que tiene varias guitarras Manuel Rodríguez, ve lo mismo a su alrededor. «Cada vez hay más y mejores guitarristas. Veo muchos adolescentes con mucha ilusión y muchas ganas de tocar la guitarra, y no de cualquier manera. De tocarla bien». Quizá el flamenco sea un caso aparte dentro del mercado global de guitarras, pero la presunta usurpación de la casa Manuel Rodríguez les ha encogido el corazón a los dos. «Ojalá las aguas vuelvan a su cauce y los Rodríguez sigan regalándonos ese arte que tienen fabricando guitarras. Mi corazón y mi admiración está con ellos», dice Habichuela. «Me parece una noticia terrible», opina Josemi. «La fabricación de guitarras tiene mucho arte y pasión, tiene que ser una cosa tradicional, artesanal y familiar. No podemos perder eso. Si no fuera guitarrista, lo que más me gustaría ser es guitarrero».

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