Van Morrison, aye durante su actuación en el Primavera Sound
Van Morrison, aye durante su actuación en el Primavera Sound - EFE

Van Morrison y Arcade Fire, duelo de titanes para despedir el Primavera Sound

El festival barcelonés cierra su XVII edición con un nuevo récord de 200.000 asistentes y mirando al mismo tiempo al pasado y al futuro

JAVIER VILLUENDAS
BARCELONAActualizado:

Sonaba «Moondance», la banda se mecía en suave clave jazzística y el sol asomaba por un lateral del escenario mientras Van Morrison soplaba el saxo y cantaba como sólo él sabe. Antes ya había caído «Too Late» y aún estaban por llegar «Have I Told You Lately» y «Days Like These», pero fue justo en ese momento cuando el irlandés dejó claro que, ya sea en el Liceu, en un resort vacacional o en el Primavera Sound, la veteranía es un grado y, mejor aún nacido, que aún no ha nacido quien le pueda hacer sombra a la hora de mezclar y agitar soul, folk y blues.

El de Belfast venía a cubrir la cuota de veteranos del festival y, sin salirse ni un milímetro de un guión en el que lo único que importa es la música, dejó que fuera su voz de tenor arenoso y whisky de barrica la que hiciera todo el trabajo. Una faena redonda (otra más) rematada por una formación de gala que poco a poco fue basculando hacia el rhythm’ n’ blues hasta que «Baby, Please Don’t Go», «Here Comes The Night», «Whenever God Shine His Light», «Jackie Wilson Said» y «Wild Night» y una «Brown Eyed Girl» sobrada de swing acabaron obrando un nuevo milagro. Magia negra y sabiamente envejecida -ese final despendolado con «Gloria» fue de nota- para empezar a despedir a lo grande un festival que bajó anoche la persiana con otro guiño a la historia y un nuevo récord, con más de 200.000 asistentes.

Así, con Van Morrison encuadrando a la perfección el pasado de una cita que siempre ha sabido cuidar a sus clásicos, la otra cara de la moneda del festival, la del presente con vistas al futuro, fue para Arcade Fire. Los canadienses ya actuaron por sorpresa el jueves, pero fue anoche cuando desplegaron todo su poderío llenando hasta la bandera la explanada principal del Fòrum. Con las alforjas repletas de melodías eufóricas, estribillos cargados de épica y canciones que parecen diseñadas para conquistar la inmensidad, los autores de «Reflektor» salieron propulsados con «Wake Up», estrenaron la pletórica «Everything Now» y demostraron una vez más por qué se han convertido en lo más parecido a una banda de rock de estadios que ha dado el indie.

Arcade Fire
Arcade Fire- SERGIO ALBERT

Suenan intensos y aplastantes, sí, pero también cada vez más infalibles gracias a los injertos electrónicos y bailables de su último trabajo. Una apuesta ganadora que, sumada al impacto directo de canciones como «Here Comes The Night Time», «No Cars Go» e «Intervention», no hace más que reforzar su condición de banda festivalera por excelencia. A la altura de «Neon Bible» empezaron a desinflarse un poco con un tramo un tanto mortecino - «The Suburbs» e «In The Backseat» no parecían las mejores elecciones para una noche como la de ayer-, pero volvieron a pisar el acelerador con «Ready To Start» y ya no descansaron hasta que saliron de órbita con «Rebellion (Lies)».

Espectáculo total

El espectáculo total llegó con Grace Jones,una pantera escénica que transformó el escenario en una pasarela de moda bizarra -insuperable el traje como de zebra tribal- y en un sound system jamaicano repleto de bajos profundos, quiebros hacia la música disco y toneladas de pirotecnia rítmica. Un toque de glamur extremo coronado por teatrales interpretaciones de «Amazing Grace», «Love Is The Drug» y «Pull Up To The Bumper», paseillos por el foso a hombros de un encargado de seguridad y lluvia final de confeti.

A la hora del fútbol -una pantalla gigante en la zona de restauración reunió a no pocos aficionados- y mientras Metronomy exhibían poder de convocatoria en uno de los escenarios principales, los escoceses Teenage Fanclub, veteranos rejuvenecidos gracias al colosal «Here», se daban un atracón de power-pop pletórico y mimaban a sus fans de la mejor manera posible. Esto es: consiguiendo que piezas nuevas como «Thin Air» o «I’m In Love» sonasen tan impetuosas y necesarias como clásicos del calibre de «Don’t Look Back», «Star Sing», «The Concept» o «Everything Flows».

Seu Jorge
Seu Jorge- GARBINE IRÍZAR

Otro momento de bandera llegó con el delicado pase del brasileño Seu Jorge, un homenaje en clave acústica y en portugués a David Bowie que dejó estremecedoras versiones de «Lady Stardust» y «Rock And Roll Suicide» y transformó el escenario Ray Ban en un gigantesco karaoke bilingüe cuando sonó «Starman». Lástima que ni la hora ni el lugar acompañaran a un concierto que pedía gritos el recogimiento del Auditori. El toque exótico de la jornada lo puso Junun, proyecto apadrinado por el guitarrista de Radiohead Jonny Greenwood que propició un vibrante diálogo espiritual y festivo entre el cantante Shye Ben Tzur y The Rajasthan Express. Y, como no hay dos sin tres, después de las actuaciones imprevistas de Arcade Fire y Mogwai, ayer la campana la dieron las californianas Haim, programadas por sorpresa a las dos de la madrugada.

Madrugada grime

Joseph Junior Adenuga, alias Skepta, salió a escena poco después de que en su Londres natal tres hombres sembraran el pánico y mataran, al menos, a siete personas. En esa extrema sordidez ambiental, la musculada estrella de grime, que con su «Konnichiwa» del año pasado arrebató el Mercury Prize a Bowie, se comió el escenario con una boina y un polo ambarino, sobrevolando con sus aguerridas rimas las decadentes y turbias bases electrónicas de las que se acompaña. Sin apoyo visual, y tras el vendaval Arcade Fire en el escenario de enfrente, Skepta no se amilanó en ningún caso y desplegó contundencia y «savoir faire» ante el público más macarra, joven y fiestero del festival.

Hablando de raperos (traperos), la jornada del sábado contó también con la presencia de Agorazein, desde el madrileño barrio de Quintana para el Primavera. El dinámico vacile flotante de C. Tangana y compañía puso a bailar al personal a media tarde. Cambiando de estilo, los albaceteños Surfin Bichos no cuajaron su mejor concierto seguramente, y la folkie Angel Olsen llenó hasta la bandera el escenario Ray Ban, apostando por un moroso show con constantes pinceladas de clase pero que acabó resultando monótono (se echaron en falta algunos briosos temas que la americana cuenta en su repertorio).