Paul Simon y Paul McCartney, los San Pablos del pop
Paul Simon y Paul McCartney, los San Pablos del pop - ABC

McCartney & Simon: El regreso de los San Pablos del pop

Los dos publican nuevo disco hoy, pero solo uno parece mirar al futuro

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Se han visto más y más descolocados con el paso de cada nueva década, pero desde sus días heroicos ambos han seguido luchando contra los elementos modernizadores que han relegado la finura y la elegancia pop a un segundo plano en los intereses melómanos. Cada uno a su manera: mientras Paul Simon ha experimentado gravitando alrededor de hechuras clásicas, McCartney se ha aventurado alguna vez en embarrados terrenos digitales como el de «Temporary Secretary», un tema que cuando sonó en el Vicente Calderón durante su último concierto en Madrid le quitó las ganas de vivir a más de un fan que hacía un segundo estaba derritiéndose con el repertorio Beatle, e incluso Wings.

En su nueva entrega, «Macca» lo vuelve a hacer, pero con mesura. «Egypt Station», título de un cuadro pintado por el propio Paul (y que obviamente protagoniza la portada), es su primer álbum con temas originales desde la publicación de «New» en 2013. Grabado entre Los Ángeles, Londres y Sussex, contiene una colección de tonadas pop de evidente regusto añejo y elaborada artesanía de «songwriting». Así suenan la «poppy» «I don’t know», la rockera «Come on to me» y la «folkie» «Happy with you», una tríada inicial que deja un buenísimo sabor de boca y que inyecta muchas ganas de seguir escuchando. Sí, este era el tipo de « Hey Jude».

Un chirrido

El disco mantiene un espléndido nivel hasta la llegada de «Fuh Yu», un tema que suena como un desagradable chirrido en el repertorio y que, casualmente, es el único producido por Ryan Tedder, el líder de los insoportables One Republic (el resto lo ha producido Greg Kurstin, afortunadamente). La sensatez a los mandos regresa con piezas como «Confidante», la cuasilennoniana «People want peace» o la melancólica «Hand in Hand», e incluso se puede afirmar que el autor pare alguna joya incontestable, como «Dominoes» o «Despite repeated warnings». Y aunque hay más experimentos de pseudomodernidad fallidos, como «Back in Brazil», también aparecen otros bastante convincentes como «Caesar Rock» que hacen de «Egypt Station» no sólo un buen disco conceptual (abierto y cerrado con el sonido de un tren en marcha que evoca el viaje que antes se solía hacer con los elepés), sino también la prueba de que Paul McCartney aún siente el impulso de luchar contra el paso del tiempo y mirar hacia el futuro.

Iniciando la retirada

Su tocayo Simon no parece tener las mismas ganas de marcha, y no es de extrañar. Su fiel escudero desde 1987, el guitarrista Vincent Nguini, falleció el pasado diciembre y la pérdida le hizo reflexionar. Así, hace siete meses anunció que se retira de los escenarios para pasar más tiempo con su familia. Bien por él, mal por todos los que esperábamos que diese continuidad a su fantástico último disco de estudio, «Stranger to Stranger».

El álbum que hoy publica, «In The Blue Light», no ofrece nuevas canciones sino que contiene revisiones de viejas composiciones de su repertorio, tocadas en claves jazzísticas y orquestales. Se trata, como él mismo explica, de «una selección de canciones que a mí me parecía que estaban ‘casi bien’, o que en su momento fueron demasiado extrañas y fueron pasadas por alto», como «One Man’s Ceiling is Another Man’s Floor»,«Can’t run but», «Rene and Georgette Magritte with Their Dog After the War», «How the Heart Approaches What It Yearns», «Love» o «The Teacher».

El resultado es una amalgama de melodías de terciopelo que, con la participación de figuras tan formidables como Wynton Marsalis, Bill Frisell, Joe Lovano, Jack DeJohnette, Bryce Dessner (de la banda The National) o el conjunto yMusic, adquieren una nueva dimensión increíblemente atractiva. Que no tenga ganas de marcha no significa que haya dejado de ser un genio.