Las Grecas, el inesperado referente milenial

Rosalía no es la única artista de su generación que rinde pleitesía a las hermanas Muñoz

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Es difícil ubicar en el tiempo el origen de la expresión «ponerse como Las Grecas», pero lo que está muy claro es que es uno de los refranes populares favoritos de nuestra población milenial cuando sale de fiesta. Más allá de lo que esta frase haya calado o no en la chavalada, parece evidente que, afortunadamente, la influencia de las hermanas Muñoz Barrull se ha convertido en algo mucho más serio que eso.

Hijas de un cantaor aficionado, Carmela y Tina dieron sus primeros recitales en Argentina, donde su familia se había emigrado a mediados de los sesenta. Cuando regresaron a España en 1970 actuaron brevemente en un tablao toledano, para después irse a vivir a Madrid y comenzar su fulgurante carrera en Los Canasteros, tablao de Manolo Caracol, y poco después en Caripén, el de Lola Flores.

Pronto fueron fichadas por la discográfica CBS, empezaron a trabajar con el compositor Felipe Campuzano, y cuando se lanzó su primer single en 1974, «Te estoy amando locamente» / «Amma immi», vida les cambió para siempre. El sencillo fue número uno en las listas durante cinco semanas consecutivas, y su álbum debut, «Gipsy Rock», se convirtió en leyenda. Incontables apariciones televisivas, conciertos y galas llenaron la agenda de unas Muñoz que apenas habían entrado en la adolescencia.

Tras alcanzar la cima, empezó una trepidante cuesta abajo que terminó con la carrera de Las Grecas en apenas un par de años. Los discos «Mucho más» (1975), «Tercer álbum» (1976) y «Casta viva» (1977) no tuvieron el resultado comercial esperado, y las hermanas acabaron siendo estafadas por quienes debían velar por el futuro de su carrera.

Ahí comenzó el descenso a los infiernos de Tina (aunque ella no lo viera así, como muestra esta estremecedora entrevista de José María Íñigo), que para colmo sufría esquizofrenia paranoide. Acabó pidiendo limosna por las calles de la capital, sumergida en una espiral de adicciones y entregando a sus cinco hijas en adopción. A mediados de los ochenta intentó volver al mundo de la canción, sin éxito, y tras recaer en sus adicciones contrajo el SIDA, enfermedad que acabaría con su vida en 1995.

Veinte años después de muerte, cuarenta después del fin de Las Grecas, el dúo sigue desprendiendo un aura de misterio, autenticidad y poderío que ha enamorado a un sinfín de jóvenes artistas de nuestro país. Una de las hijas de Tina ha mantenido viva su música dando conciertos de homenaje de vez en cuando, y no han sido pocos los DJs que han incluido alguno de sus hits para terminar sus sesiones por todo lo alto (incluso en festivales como el FIB), pero ha sido Rosalía quien las ha dado a conocer al mundo entero el pasado fin de semana, rindiéndoles tributo con una versión de «Te estoy amando locamente» ante las multitudes del festival californiano Coachella.

Otra joven cantaora milenial, Soleá Morente, les rinde homenaje en sus conciertos con la banda granadina Napoleón Solo.

También el rapero El Coleta se ha declarado ferviente admirador, demostrándolo con samples en canciones como «Nanai Nanaina».

Los sevillanos Pony Bravo acaban de lanzar un nuevo single titulado «Loca-mente», en el que hacen una adaptación libre de fragmentos de letras de Las Grecas.

La cantante Alba Montaño, que en algunos de sus temas mezcla flamenco con rock, funk y pop, es otra de las que tienen al dúo como referencia fundamental.

La joven agrupación flamenca Guarache también firmó su homenaje personal a Las Grecas.