Pepa Oro, otra de tantas mujeres fundamentales del género
Pepa Oro, otra de tantas mujeres fundamentales del género - ABC

Diez mujeres esenciales del flamenco

Descubrimos algunas de las artistas más importantes de la historia del género, con la ayuda de la investigadora Ángeles Cruzado

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El fenómeno Rosalía ha arrasado en todo el mundo este 2018, y aunque su aclamado disco no está enmarcado en el flamenco (sólo toma algunos ingredientes aqui y allá), la artista catalana ha atraído una nueva ola de atención hacia el género que no estaría de más que repercutiera en un mayor conocimiento del mismo. Por eso, antes de que acabe el año hemos querido reunir a diez de sus artistas esenciales en una lista elaborada por la investigadora Ángeles Cruzado, autora del blog www.flamencasporderecho.com, donde se asoma a la vida y obra de cantaoras, bailaoras e incluso tocaoras que «merecen por derecho propio escribir su nombre en la historia de este arte universal». Es un listado «subjetivo, que de ningún modo pretende sentar cátedra ni pasar por algo científico y universal», pero elaborado mediante una encuesta a estudiosos, docentes, escritores, programadores, críticos y coleccionistas, en un «work in progress» que aún sigue moldeándose y que de una forma u otra, refleja lo que la afición considera el Top10 de las flamencas más importantes de la historia.

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  1. Juana La Macarrona

    Juana La Macarrona (Juana Vargas de las Heras. Jerez de la Frontera, 1870 - Sevilla, 1947) fue una de las principales estrellas de los cafés cantantes de Sevilla. Triunfó en Madrid y Barcelona, entre otras ciudades, e hizo varias giras por el extranjero. En 1889 actuó en la Exposición Universal de París, donde causó sensación con su baile racial, cargado de exotismo y sensualidad, que cautivó al Shah de Persia. También triunfó en Berlín (1895) y en Moscú. En los años 30, ya en su madurez, fue una de las artistas destacadas de la Exposición Universal de Barcelona y trabajó en la compañía de ballets flamencos de La Argentinita.

    No hay documentos audiovisuales de su baile en internet.

  2. La Argentinita

    La Argentinita (Encarnación López Júlvez. Buenos Aires, 1898 - Nueva York, 1945) inició su carrera en Madrid, a principios del S. XX, en el género de variedades. Fue cantante, actriz, bailarina, bailaora y coreógrafa. Musa de la Generación del 27, colaboró estrechamente con Lorca en su labor de dignificación del folclore y la música popular. En los años 30 fundó su Compañía de Bailes Españoles y triunfó con sus ballets flamencos, como Las calles de Cádiz o El amor brujo -ambos de 1933-, en los que aunaba baile estilizado, cante jondo y un reparto de primer nivel. Tras el estallido de la Guerra Civil, se exilió en América. Triunfó en los Estados Unidos con espectáculos como El Café de Chinitas (1943) o Capricho español (1945).

  3. Pastora Imperio

    Pastora Imperio (Pastora Rojas Monje. Sevilla, 1885 - Madrid, 1979) debutó muy joven en Madrid como bailaora y cupletista. Sentó las bases de la ‘Escuela Sevillana’, un estilo de baile flamenco elegante y majestuoso, de cintura para arriba, que destaca por el uso de elementos como la bata de cola y el mantón de Manila. En 1915 estrenó El amor brujo, compuesto para ella por Manuel de Falla, que es el antecedente del ballet flamenco. También trabajó como actriz. Fue muy admirada tanto en Europa como en Latinoamérica, donde pasó largas temporadas y cosechó grandes éxitos. En su etapa de madurez regentó varios tablaos, como El Duende, en Madrid.

  4. La Perla de Cádiz

    La Perla de Cádiz (Antonia Gilabert Vargas. Cádiz, 1924 - 1975) dio sus primeros pasos como artista en su ciudad y en los años 60 empezó a trabajar en distintos tablaos madrileños, como Los Canasteros o El Duende, y sevillanos, como El Guajiro y Los Gallos. Fue una cantaora muy completa, si bien destacó especialmente en los estilos de su tierra (alegrías, bulerías, soleares, tientos…), a los que imprimía una dulzura especial. Su calidad artística la hizo merecedora de distintos reconocimientos, como el Primer premio por Alegrías y Segundo premio por Bulerías del Concurso Nacional de Córdoba (1959), o el Primer premio del I Certamen de los Cantes de Cádiz (1968). Fue primerísima figura en los festivales flamencos de la época. Grabó una decena de discos y regentó su propio tablao en Valdelagrana.

  5. Merced La Serneta

    Merced La Serneta (Mercedes Fernández Vargas. Jerez de la Frontera, 1840 - Utrera, 1912) triunfó en el siglo XIX en los cafés cantantes de Jerez, Sevilla y Madrid. En la capital de España también trabajó como profesora de cante y guitarra. Aunque no dejó grabaciones (aquí le rinde homenaje Fernanda de Utrera), se le atribuye la creación de siete estilos de cante por soleá, que unos estudiosos ubican entre Triana y Utrera, mientras otros reivindican su jerezanía. En cualquier caso, lo que ha quedado instituido por la tradición a modo de verdad indiscutible es su magisterio en el cante por soleá. Sus estilos siguen estando de actualidad, lo mismo que sus letras, en las que late la sensibilidad de un alma femenina.

  6. Carmen Linares

    A finales de los 60 Carmen Linares (Carmen Pacheco Rodríguez. Linares, 1951) se estableció en Madrid, donde empezó a frecuentar a maestros como Pepe el de la Matrona o Enrique Morente, e inició su carrera profesional en los tablaos. Es la gran señora del cante de nuestros días, una de las cantaoras más enciclopédicas de los últimos tiempos, que ha sabido conjugar perfectamente ortodoxia e innovación. Ha llevado su arte por todo el mundo y cuenta con numerosos reconocimientos en su haber. En su extensa y brillante discografía destaca su antología «La mujer en el cante» (1996), en la que realizó una ingente labor de recuperación de cantes creados o popularizados por mujeres.

  7. La Paquera de Jerez

    La Paquera de Jerez (Francisca Méndez Garrido. Jerez de la Frontera, 1934 - 2004) fue una cantaora de gran personalidad, reina indiscutible de la bulería de Jerez, que destacó por sus extraordinarias cualidades vocales y su gran sentido del compás. Inició su carrera a muy corta edad en su ciudad natal, de donde salió en los años 50 para trabajar en los tablaos madrileños y sevillanos, y recorrer España con distintas compañías. Ha sido primera figura en los festivales flamencos españoles y ha realizado giras por Francia y Japón. Posee una amplia discografía y ha logrado importantes reconocimientos, como el Premio ‘Pastora Pavón’ por Bulerías del Concurso Nacional de Córdoba (1971), la Copa de Jerez de la Cátedra de Flamencología o la Medalla de las Bellas Artes.

  8. Fernanda de Utrera

    Fernanda de Utrera (Fernanda Jiménez Peña. Utrera, 1923 - 2006) es la gran solearera del siglo XX. Su voz desgarrada, siempre al límite, ha transmitido como ninguna la esencia y el misterio de la soleá. Inició su carrera profesional a una edad más bien tardía, formando pareja con su inseparable hermana Bernarda. En los años 50 marchó a Madrid para trabajar en distintos tablaos. Fue figura indiscutible de los festivales flamencos en España y realizó varias giras por el extranjero. En 1964 actuó en la Feria Mundial de Nueva York, ciudad a la que regresó en 1988 con el espectáculo ‘Flamenco Puro’ (1988). También cosechó grandes triunfos en Francia. Grabó varios discos y fue merecedora de numerosos premios y reconocimientos.

  9. Carmen Amaya

    De familia humilde, Carmen Amaya (Carmen Amaya Amaya. Barcelona, 1918 - Bagur, 1963) empezó a bailar desde muy pequeña, junto a su padre, en las tabernas del barrio chino barcelonés. En 1929 debutó en París, en 1930 bailó en la Exposición Universal de Barcelona y en el 35 triunfó en Madrid. Cuando estalló la Guerra Civil, embarcó junto a su familia con rumbo a Buenos Aires. Tras varios años de gira por América, en 1941 llegó a Nueva York, donde se convirtió en una gran estrella internacional. Destacó por su baile racial, salvaje, basado en la fuerza de su zapateado, e impuso una nueva estética al bailar con pantalón. También triunfó en el cine.

  10. La Niña de los Peines

    Desde muy joven, La Niña de los Peines (Pastora Pavón Cruz. Sevilla, 1890 - 1969) desarrolló una intensa actividad profesional por toda España, lo cual le permitió vivir distintas de la historia del flamenco, desde la de los cafés cantantes hasta la de la ópera flamenca, pasando por la del auge de las variedades. Ha sido la cantaora más completa y excelente de todos los tiempos. Aportó interesantes innovaciones en estilos como la petenera, la bambera o la bulería. A partir de los años 30, su carrera discurrió en paralelo a la de su marido, el cantaor Pepe Pinto. Se retiró en 1949, tras la gira de su último espectáculo, ‘España y su cantaora’. Ha dejado una extensa discografía, que sigue siendo referencia obligada para los artistas de hoy.