Seo Taiji & Boys
Seo Taiji & Boys - ABC

¿Cómo nació el K-Pop? La historia de Seo Taiji and Boys, los pioneros del género

El trío formado por Seo Taiji, Yang Hyun-suk y Lee Juno cambió la industria musical surcoreana a principios de los noventa, y la moldeó para convertirse en la fábrica de hits que hoy arrasa en todo el mundo

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El 11 de abril de 1992, tres muchachos surcoreanos aparecieron en un concurso de talentos en televisión haciendo algo que nadie había hecho antes en su país: pop de baile, con coreografías al estilo de las boy-bands estadounidenses de moda. El público, acostumbrado durante décadas a escuchar únicamente canción ligera, folclore tradicional y la llamada «música gubernamental» (una suerte de pop melódico con mensaje patriótico), se quedó completamente patidifuso con su canción «Nan Arayo». Igual que el jurado del programa, que les dio la peor puntuación. Seo Taiji & Boys quedaron en último lugar, pero con el tiempo, aquella fecha quedaría para la posteridad como el día que nació el K-Pop.

Los telespectadores más jóvenes del concurso fueron quienes abrieron a Seo Taiji & Boys las puertas de la segunda oportunidad y, a la postre, del éxito. La combinación de elementos del hip-hop y el pop con el sonido R&B contemporáneo (lo que en la época se llamó swingbeat) de «Nan Arayo» fascinó a toda una generación de jóvenes que exigieron en masa a las emisoras que radiaran la canción, catalizando así la publicación del single y su rápida ascensión hasta el número uno de las listas de ventas, donde permaneció durante un tiempo record: 17 semanas.

Tras aquella explosión inicial, Seo Taiji & Boys no perdieron un minuto y se lanzaron a un régimen de trabajo estajanovista para consolidar el primer estrellato K-Pop. Grabaron cuatro discos en apenas tres años, y aunque todos tuvieron un enorme éxito, las diferencias en el seno del trío les alejaron del objetivo inicial, dirigiendo su música hacia el rock. Así, su canto de cisne incluyó experimentos con el rap-metal como « Must Triumph», y sobre todo con el rock alternativo que arrasaba en mitad de los noventa, con un single titulado « Shame of the times» que hizo historia: fue censurado por el gobierno del país, pero una oleada de protestas consiguió echar atrás el veto y acabó tumbando la ley de censura sobre la música.

Después de cuatro años en la cima, la banda se separó para desesperación de sus millones de seguidores. Seo Taiji, que venía de haber tocado con grupos de hard-rock y el heavy metal, se marchó a Estados Unidos para regresar a Corea dos años después y lanzar su carrera en solitario. Mientras, sus compañeros Lee Juno y Yang Hyun-suk urdieron sus planes de conquista del mundo fundando las discográficas donde se pergeñaría lo que es el K-Pop hoy en día. La compañía de Hyun-suk, YG Entertainment, pronto se convertiría en la más pujante gracias a una audaz diversificación que combinaba el negocio discográfico con el de la moda y la cosmética, y que sentó las bases del modus operandi que se impondría en el género. El sello se dedicó a diseñar bandas a medida, haciendo castings para escoger a sus miembros en función de criterios extramusicales, dándoles roles estereotipados y entrenándoles durante meses e incluso años antes de salir de fábrica. Convirtieron a sus cantantes en ídolos del baile y de la estética, y así nació el concepto que hilvanaría a partir de entonces la historia del K-Pop: el artista «idol».

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El generó se extendió con rapidez por toda Asia en la década de los 2000, y en 2012, un tal Psy se lo descubrió al resto del planeta con su «Gangnam Style», una rareza que ensanchó los márgenes de la escena momentáneamente (en lugar de una boy-band era un solista, no precisamente joven ni guapo). En el último lustro, el boom de grupos como BTS, EXO, Seventeen, Wanna One, Ateez, Superjunior o Blackpink ha hecho que un cuarto de siglo después de su nacimiento, el éxito del K-Pop sea ya indiscutible. El gobierno surcoreano tiene un presupuesto anual para contribuir a su difusión internacional y, cosa increíble, sus estrellas han conquistado el mundo sin renunciar a cantar en su propio idioma. Sus máximos representantes desatan la locura a cada paso que dan (el pasado verano, la visita del grupo Monsta X al Palacio Vistalegre de Madrid generó una tormenta de gritos histéricos y desmayos al más puro estilo beatlemania), y además, los cánones actuales de la industria discográfica global coinciden totalmente con los del K-Pop: los estilos de música en los que lo visual manda por encima de cualquier otra consideración son los que arrasan en YouTube, y el K-Pop los combina todos. ¿Por qué creen si no que «Kill this love» de Blackpink es la canción más reproducida en la historia de YouTube en sus primeras 24 horas? Sus fans no ven el videoclip una y otra vez solo porque les guste mucho la canción, ni siquiera porque ésta aúne todo lo que ahora es está de moda (en apenas tres minutos hay un mejunje imposible de dance, pop, hip-hop, neosoul, R&B...). Sobre todo lo hacen porque quieren identificar cada marca de ropa que aparece en las imágenes, descubrir qué maquillaje lleva cada chica del grupo y, especialmente, porque quieren aprenderse las coreografías de memoria. No pararán de reproducirlo hasta conseguir imitar cada paso, cada gesto. Y eso da muchas visitas.