Aretha Franklin, durante una actuación con James Brown en 1987
Aretha Franklin, durante una actuación con James Brown en 1987 - AP

Aretha Franklin, la diva que rompió las cadenas del soul

La estadounidense creó con «Lady Soul», su tercer disco para Atlantic, el molde del que saldrían casi todas las cantantes de soul contemporáneo

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Fue hace justo 50 años, en ese 1968 de turbulencias bélicas y revoluciones sociales, cuando Aretha Franklin dejó de ser la hija del predicador, esa joven que llevaba unos cuantos años dando bandazos entre el pop y el rhythm & blues sin acabar de encontrar su sitio, para convertirse en la gran dama del soul. O, mejor, dicho, en «Lady Soul», título que nadie ha osado discutirle desde que salió del estudio trotando a lomos de «Chain Of Fools» y legó para la historia el molde de cantante soul que, año tras año, ha surtido de nuevas voces las listas de ventas y, glups, también los talent shows de ademanes gritones.

En realidad, Aretha ya había presentado candidatura el año anterior con ese volcán de ardiente soul reivindicativo que fue «Respect», original de Otis Redding que Franklin hizo suyo sin pestañear, pero tuvo que llegar «Lady Soul», su tercer álbum con Atlantic, para que se obrase el milagro y todas las piezas encajasen a la perfección: ahí estaban, fundidos en un único cuerpo, el gozo espiritual del góspel y la celebración carnal del soul alimentando una voz forjada entre la celebración y la redención. Y ahí estaba también, rompiendo las cadenas, una cantante que recuperó con gran autoridad el poderío femenino en la música popular y llevó a las listas de éxitos todos los matices expresivos del blues y el góspel.

Un nuevo territorio al que llegó arropada por Jerry Wexler, productor que se la llevó a Atlantic para exprimir al máximo su talento, y sobre el que la de Memphis, tal y como ya hiciera Ray Charles una década antes, colocó los raíles por los que se deslizarían desde Beyoncé a Alicia Keys pasando por Roberta Flack, Mary J. Blige, Whitney Houston y Mariah Carey. En todas ellas se pueden rastrear las huellas de una intérprete poderosa y expansiva que volteó los estereotipos de la época y dio esquinazo a los cantos de sirena pop de la Motown para llevar el soul a una nueva dimensión. Así, mientras en Detroit seguían apostando por el sonido radiante de Gladys Knight & The Pipes y Martha Reeves & The Vandellas, Aretha se conviertió en Nueva York en la viva imagen del soul como altavoz comunitario y poderosa herramienta de liberación.

No hay más que fijarse en su arrebatada interpretación de «(You Make Me Feel) Like A Natural Woman», canción que le regalaron Carole King y Gerry Goffin y que Franklin transformó en un rotundo himno femenino mientras dejaba el listón a una altura inalcanzable: ninguna de las versiones posteriores -ni siquiera la de la propia Carole Kin- ha conseguido replicar la estremecedora intensidad de la primera versión de Aretha. Algo parecido podría decirse de «People Get Ready», aterciopelado himno por los derechos civiles que Curtis Mayfield grabó junto a The Impressions un par de años antes y que, en manos de Aretha, se transformó en un huracán de soul comprometido y euforizante.

«La clave del arte de Miss Franklin es su capacidad para combinar muchos tipos diferentes de música en una poderosa expresión de sus propios sentimientos», escribió el periodista Jon Landau, más conocido por haberse convertido en el mánager de Bruce Springsteen, en el laudatorio texto que durante años ha acompañado las reediciones de «Lady Soul». «Aretha, bendecida con estos maravillosos dones, ha ayudado a llevar el blues a un mundo que nunca antes lo había escuchado», añade Landau sobre un álbum que, además de sublimar canciones de James Brown y Ray Charles y enredar los hondos lamentos del blues con el bamboleo lúbrico del soul y la elevación del góspel, fue también el trampolín desde el que llegaría a «Aretha Now», álbum publicado en junio de ese mismo año y bendecido por tres singles de impacto -«See Saw», «I Can’t See Myself Leaving You» y, sobre todo, la bombástica «Think»- que no hicieron más que prolongar la racha. También estaba ahí el «I Say I Little Prayer» de Burt Bacharach, himno melancólico que, medio siglo después de su grabación, volvió a asaltar de nuevo las redes en cuanto trascendió que Aretha se debatía entre la vida y la muerte.