LITERATURA

Edurne Portela: «Lo del feminismo liberal es una vergüenza»

La vizcaína presenta el jueves en Cádiz su novela ‘Formas de estar lejos’ sobre las cicatrices invisibles de la violencia machista

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A Edurne Portela (Santurce, Vizcaya, 1974) «siempre» le ha interesado la violencia. Tras abordar nuestro pasado más reciente, y doloroso, rastreando las heridas, quizás imposibles de curar, provocadas por el terrorismo etarra en su anterior novela, ‘Mejor la ausencia’, y en el ensayo ‘El eco de los disparos’, la autora vasca empezó a sentir la inquietud de una nueva historia. También violenta. Pero menos conocida, por silenciosa y, casi, normalizada. Lo primero que se le vino a la cabeza, antes siquiera de ponerse a escribir, fue la imagen de una mujer sola, aislada, confinada en el desarraigo de saberse, y sentirse, extranjera en un país tan poco acogedor como Estados Unidos. Ella es Alicia, la protagonista de ‘Formas de estar lejos’ (Galaxia Gutenberg), la obra que presenta el próximo jueves en la Biblioteca Provincial de Cádiz, a partir de las 19.30 horas en una cita convocada por la Fundación Carlos Edmundo de Ory. Esa protagonistas es una joven aparentemente fuerte, con un sólido bagaje intelectual y una compleja historia familiar a sus espaldas. Casi sin darse cuenta, mientras trata de tejer su presente para no enfrentarse a su pasado, de ahí la distancia, se ve metida en una relación tóxica que, aunque lo parezca, nada tiene que ver con el amor.

-Era fácil que sucumbiera a la tentación y se convirtiera en jueza, olvidándose de su papel de autora. Pero no lo hizo.

-No me gusta ese lugar moralista. Incluso cuando he escrito ensayo centrado en temas políticos, siempre he intentado no juzgar, y con mis personajes me pasa lo mismo: intento entenderlos, pero sin justificarlos. Quería que los lectores vieran que los personajes son humanos. La figura de Matty podía haber sido un maltratador de libro».

-Pero no lo es.

-No lo es, y yo no quería que lo fuera.

-Pero esa posición está lejos de justificar la violencia.

-Claro, escribo este tipo de novelas porque me preocupa esa violencia, quiero mostrarla, pero lo último que desearía es normalizarla, justificarla. Quiero que reflexionemos, tanto las mujeres como los hombres.

-Partiendo de esa reflexión a la que conduce la novela ¿ha llegado a comprender mejor algunos comportamientos?

-Siempre me da miedo decir eso de «entender mejor», porque te sitúa en un espacio más cómodo y dejas de indagar. Me he acercado más a la complejidad de relaciones así, me ha hecho ver que las situaciones son muy complejas.

-Que no es todo blanco o negro.

-Eso es, que hay matices, y que el contexto en el que se desarrollan las relaciones es fundamental. Yo me he sentido muy incómoda escribiendo esta novela. Creo que es una novela incómoda. Porque nos sitúa en espacios de reconocimiento de cosas que nos cuesta mucho reconocer, tanto a hombres como a mujeres, y en ese espacio de incomodidad yo me siento bien.

-¿Y por qué se siente bien?

-Porque es el único espacio que nos permite seguir aprendiendo y cuestionándonos. Me sigo sintiendo muy incómoda con este tema, no tengo las respuestas, pero sí creo que puede ayudarme a seguir reflexionando, matizando y ampliando un conocimiento que es infinito, porque depende mucho de nuestras subjetividades y de los contextos.

-¿Teme que la presencia tan habitual de la violencia contra las mujeres en nuestro día a día termine por normalizarla?

-La sociedad se hace inmune a la violencia, la normaliza, y de ahí surge la indiferencia. No tiene por qué ser una indiferencia del desprecio, puede ser de que nos acostumbramos a ciertas barbaridades y no las cuestionamos. En los últimos años estamos intentando romper con esa normalización.

-Generar conciencia.

-Eso es, y algún tipo de reacción social. Y yo creo que lo volveremos a ver en las calles. Además, con la oposición tan fuerte de la ultraderecha, va a haber todavía más visibilidad. El tipo de violencia de la que se habla en la novela es incluso más difícil no entenderla como algo cotidiano y normalizado.

-Pero no lo es.

-No lo es. O por lo menos no debería ser lo normal y deberíamos apuntarlo como anormal. Para que eso suceda, tenemos que visibilizarlo y hablar públicamente sobre ello. Saber reconocer, no sólo las mujeres, sino también los hombres, esos momentos en los que algo puede cambiar en la pareja, cuando el hombre traspasa un límite que no debe, que puede ser de control, puede ser de trato, y reconocerlo.

-En todo esto ¿qué responsabilidad tenemos las mujeres? Si es que considera que la tenemos.

-Tenemos responsabilidad, por supuesto. Tiene que ver con nuestra educación católica patriarcal. El sentimiento de responsabilidad, de culpa, está muy interiorizado y se mezcla con todas las falacias del amor romántico. Es fácil perderse en ese laberinto afectivo. La labor que tenemos de educación, de revisarnos, de autocriticarnos, también es de la mujer, porque tenemos que aprender a establecer ciertos límites. Y, a veces, para cuando nos damos cuenta, ya es demasiado tarde.

-Pero para eso también está la literatura, para advertirnos.

-Sí. Yo no creo que la literatura pueda cambiar el mundo, pero sí creo que puede apuntar, que puede visibilizar y enseñarnos a mirar de otra manera. A veces, lees un libro y te das cuenta de que hay otro ángulo, que puede haber otra forma de entender, en este caso, las relaciones de pareja, no las voy a llamar amorosas.

-Es que el amor es otra cosa.

-El amor es otra cosa, eso es. Y yo creo en el amor, estoy profundamente enamorada, pero es otra cosa.

-Lo que sucede es que nuestros jóvenes, sobre todo, están recibiendo mensajes contradictorios al respecto.

-Claro. Oyes a gente joven, partidaria de Vox, tanto chicas como chicos, y es espeluznante, que tengan una visión tan retrógrada y tan basada en discursos de odio. Lo de retrógrado es educable, pero cuando te metes en los afectos, en ese odio al diferente, ya estamos en un terreno peligroso.

-¿Por qué se ha pervertido el significado del término feminismo? Si se busca en el diccionario, está claro: igualdad de derechos entre hombre y mujer.

-No están hablando de feminismo, se han inventado otra cosa. Es un término que, de todas maneras, siempre ha estado pervertido. Lo que está haciendo esta gente es una labor de deseducación, de desinformación, están mintiendo descaradamente; y no hablamos sólo de Vox, lo del feminismo liberal es de vergüenza, y lo terrible es que quien ha enarbolado esa bandera ha sido una mujer. Pero eso siempre ha habido: Pilar Primo de Rivera, ¿qué era? Todo el ideario de la Sección Femenina salió de ella.

-Pero ¿por qué intentar confrontar a las dos mitades de la sociedad?

Es conservación del statu quo. A veces es por convicción, gente que realmente piensa que las mujeres tenemos que estar en otro lugar y no pueden compartir con nosotros el espacio público ni el poder, y otras veces es por interés. Si empezamos a hablar de igualdad en los salarios, de romper el techo de cristal, de acceder a puestos de poder, de que el Consejo General del Poder Judicial no sean todo pantalones, eso significa que algunos hombres no van a llegar.