Dos dirigentes tagalos del «Manuscrito de Manila», que conserva la Universidad de Indiana
Dos dirigentes tagalos del «Manuscrito de Manila», que conserva la Universidad de Indiana - ABC
Primera vuelta al mundo

Pigafetta y la crónica del viaje más asombroso

Alianza reedita la relación que el marino italiano escribió sobre la primera vuelta al mundo

SevillaActualizado:

«Lunes, diez de agosto, día de San Lorenzo de 1519. Como la flota ya estaba abastecida con todo lo necesario para el mar y con toda la gente, pues éramos doscientos treinta y siete hombres, nos aprestamos a zarpar por la mañana del puerto de Sevilla». Así comienza la crónica de un viaje fascinante, la primera circunnavegación a la tierra, una travesía que parecía emular la mítica de los Argonautas.

«Partimos de Sanlúcar con viento de garbino», escribe Antonio Pigafetta, un joven marino natural de Vicenza que se embarcó en la expedición de Magallanes que culminaría Elcano. Pigafetta, como un don Quijote de la marinería, era un voraz lector de libros de viaje que se obsesionó con realizar una de las travesías de descubrimientos que fascinaban en su época. Sabía que en esos viajes hacia nuevas e ignotas tierras los hombres se hacían famosos y conseguían la posteridad.

El resultado fue un diario de viaje que más tarde se convirtió en el libro que contaba la gran hazaña:«Relación del primer viaje alrededor del mundo», una obra que muy oportunamente acaba de reeditar Alianza Editorial y que es un documento clave para sumergirse en la conmemoración del quinto centenario de la primera vuelta al mundo que arranca este año.

Hubo otras crónicas de la travesía, así como cartas, informes y declaraciones, pero sin duda el libro de Pigaffeta es el que consiguió narrar aquel viaje increíble en el que cambió la Historia.

Como recordó Gabriel García Márquez en su discurso tras obtener el Premio Nobel de Literatura en 1982, aquella obra fue una crónica rigurosa que parece una aventura de la imaginación. En este libro breve y fascinante estaba el testimonio asombroso de nuestra realidad. Lo real maravilloso que impregna las novelas de García Márquez ya se encuentra en aquellas crónicas de las primeras expediciones del descubrimiento.

Dijo García Márquez en aquel revelador discurso:«Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen».

Pigafetta era un joven italiano que buscaba la posteridad en uno de los viajes a las tierras ignotas

Y, en efecto, la crónica de Pigafetta está impregnada por el asombro. Describe la flora y la extraña fauna: «Vimos muchas clases de pájaros, entre ellos uno que no tenía culo». También las curiosidades de la navegación como el fuego de San Telmo:«Durante esta navegación se nos apareció muchas veces en medio de una noche oscurísima el Santo Cuerpo, es decir la luz de San Telmo, ardiendo sobre el palo mayor con luces tan resplandecientes como una antorcha».

O incluso el padecimiento del hambre, como les ocurrió cuando, tras atravesar el Estrecho que se llamaría de Magallanes, estuvieron navegando por el Pacífico durante tres meses y veinte días. Apenas les quedaban víveres, sufrieron el escorbuto por falta de alimentos frescos y sólo avistaron dos islas deshabitadas que llamaron Islas Desafortunadas:«Comíamos bizcocho a puñados, aunque no se puede decir que lo fuera porque era sólo polvo mezclado con gusanos que se habían comido lo mejor y lo que quedaba apestaba a orines de ratas. (...) Bebíamos agua amarilla, pútrida desde hacía tiempo y comíamos las pieles de buey que están sobre el palo mayor para impedir que se dañen las jarcias».

Detalle de uno del los mapas del diario de Pigafetta
Detalle de uno del los mapas del diario de Pigafetta - ABC

Esta edición ahora rescatada por Alianza cuenta con un estudio introductorio de Isabel de Riquer que ayuda a contextualizar el viaje y al personaje. «En la Relación de los Tripulantes de las naves magallánicas conservada en el Archivo General de Indias, Pigafetta aparece dos veces, como “Antonio Lombardo” en la lista de Sobresalientes (hombres de armas que en caso de necesidad reemplazaban a otro) y como “Antonio Lombardo”, criado de Magallanes, con sueldo de mil maravedís por mes. Según su relato, le fueron encomendadas algunas misiones diplomáticas», explica.

Pigafetta fue uno de los dieciocho supervivientes que llegan al puerto de Sevilla después de la terrible expedición cuyo objetivo era encontrar el camino más corto para llegar al Maluco, las islas de las especias donde se encontraban la canela, el clavo, la nuez moscada, el jengibre o la pimienta. Los valiosos condimentos que en el largo camino de Oriente a Occidente adquirían un altísimo valor por lo complicado de la travesía.

El diario de Pigaffeta relata todos los detalles del viaje. Los primeros asombros del itinerario, la incertidumbre del camino hacia América del Sur, que resultó más largo de lo que pensaba Magallanes, el motín de Puerto de San Julián al sur de Argentina, el crudo invierno austral y el contacto con los indios patagones y así hasta llegar al paso que se llamaría Estrecho de Magallanes.

Pigafetta describe la llegada a las islas de los Ladrones, actuales Marianas, llamadas así en 1668 en honor a Mariana de Austria, viuda de Felipe IV. El momento en el arriban al archipiélago que Magallanes llamó San Lázaro y que hoy es Filipinas. La muerte de Magallanes en un combate con nativos de Mactán, la navegación casi a ciegas entre Filipinas e Indonesia y la llegada por fin al archipiélago de las Molucas el 6 de noviembre de 1521.

En su discurso del Nobel, García Márquez recordó lo real maravilloso de la crónica de Pigafetta

La expedición con la «Victoria», única nave que resistió, parte cargada de especias de Tindore con Elcano al mando. Aún les quedaban más episodios asombrosos, como la ruta distinta a la habitual que tuvieron que hacer para evitar a los portugueses. O lo ocurrido al llegar a una de las islas de Cabo Verde donde se enteraron de que habían ganado un día. Según relataría López de Gomara en su «Historia General»:«Erráronse un día en la cuenta;y así comieron carne los viernes y celebraron la Pascua el lunes».

Y es que Pigafetta estaba estupefacto pues no había dejado de escribir ni un sólo día. «Se nos explicó que no habíamos cometido ningún error porque habiendo navegado siempre hacia ccidente hasta llegar al punto de partida, siguiendo el curso del sol, habíamos tenido una ventaja de veinticuatro horas».

Así, los supervivientes llegaron el 6 de septiembre de 1522 a Sanlúcar cumpliendo por primera vez la vuelta completa al mundo, de levante a poniente. Siguiendo el relato de Pigafetta, se descubre qué hicieron aquellos hombres demacrados, auténticos argonautas, después de vivir esa epopeya cuando legaron a Sevilla:«El lunes 8 de septiembre de 1522 echamos el ancla en el muelle de Sevilla y disparamos toda la artillería. (...) El martes, en camisa y desclazos, fuimos todos con una antorcha en la mano a Santa María de la Victoria y a Santa María de la Antigua».