Presentación de los libros "Días como aquellos, Granada 1924. Juan Ramón Jiménez y Federico Gacía Lorca", de Alfonso Alegre Heitzman, y "El intruso honorífico", de Felipe Benítez Reyes
Presentación de los libros "Días como aquellos, Granada 1924. Juan Ramón Jiménez y Federico Gacía Lorca", de Alfonso Alegre Heitzman, y "El intruso honorífico", de Felipe Benítez Reyes - Juan José Úbeda
Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2019

«García Lorca y otros poetas jóvenes vieron en Juan Ramón Jiménez el modelo a seguir»

El poeta y ensayista Alfonso Alegre Heitzmann narra el encuentro entre ambos autores en «Días como aquellos. Granada, 1924»

SevillaActualizado:

«La gran poesía es inagotable y podemos volver a ella y a aquellos poetas que te han marcado y leerlos cada día más lejos, mientras creces interiormente», señala el poeta y ensayista Alfonso Alegre Heitzmann sobre Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca.

Ambos poetas andaluces son los protagonistas de «Días como aquellos. Granada, 1924», evocación de la ciudad que vivieron ambos escritores el verano de aquel año y en la que habitaron también un compositor como Mauel de Falla o un artista como Manuel Ángeles Ortiz, todos ellos representantes de la Edad de Plata de la cultura española que truncó la Guerra Civil.

«Es una celebración de una época que está en el corazón de la Edad de Plata y es elegíaco en la medida de que la parte central del libro es alegre», explica el autor de un volumen que se presentó este miércoles en la Fundación Cajasol y que obtuvo el premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2019, que convocan la mencionada fundación y la Fundación José Manuel Lara.

Una celebración, pero también una elegía de aquella ciudad que no se podrá recuperar pocos años después y de la que, por ese motivo, se marcha Manuel de Falla. «Es la nostalgia de lo que ya no se puede recuperar, ni Granada ni España. El último capítulo es la salida de Falla, que podría haberse quedado porque la España franquista quiso hacerlo suyo, pero que se marchó al exilio».

Porque este ensayo celebra los días que pasaron en Granada durante el verano de 1924 el poeta de Moguer y su esposa Zenobia Camprubí, invitados por la familia de Federico García Lorca y que dejaron una honda huella en todos ellos. «Días como aquellos se viven pocas veces en la vida», escribió Juan Ramón Jiménez muchos años después.

Aquella visita propiciaría años después las prosas del libro «Olvidos de Granada», que incluía también «Generalife», uno de los grandes poemas escritos por Juan Ramón Jiménez en aquellos años.

A partir de estos textos, Alegre Heitzmann irá desgranando aspectos biográficos y las vivencias que pudieron compartir los protagonistas de aquel viaje a partir de estudio del epistolario de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí, que el autor conoce bien, y el propio de Federico García Lorca, además de otros testimonios.

Con estos y otros materiales, este poeta y ensayista reconstruye episodios como la visita de los poetas al carmen del Ave María en la Antequeruela Alta, donde residía Falla, el carmen del Almirante, domicilio del pintor Hermenegildo Lanz, pero también bucea en los símbolos e imágenes como el agua o el «cielo bajo» en la producción de ambos poetas o los múltiples significados de un prosa de «Olvidos», como «El ladrón de agua».

La Generación del 27

El viaje a Granada del escritor de Moguer marcó el pináculo de su amistad con Federico García Lorca, a quien había conocido en 1919 por intermediación de Fernando de los Ríos. En aquel año, Juan Ramón Jiménez tenía 37 años y era un poeta consagrado, mientras que el granadino acababa de llegar de Granada con veinte años y aún no había publicado el «Poema del cante jondo» (1921).

Este será, además, el punto de partida de la relación que mantuvo Juan Ramón Jiménez con los jóvenes poetas de la Generación del 27. «La obra literaria de algunos de ellos no se entendería sin ese primer espaldarazo y apoyo decisivo del poeta de Moguer ofreció siempre a los jovenes», señala.

Las cosas se torcerían después entre el poeta de Moguer y algunos de los miembros del 27, por algo tan simple como eso de «matar al padre», aunque las amistades vuelven a fluir posteriormente, como sucedió, por ejemplo, con Rafael Alberti.

«Alberti, por ejemplo, fue el responsable de la publicación de "Animal de fondo" en Buenos Aires. La historia de la literatura en nuestro país de esas rupturas entre poetas, más que de encuentros como el de Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca. Hay que entrar en ellos valorando qué pasó después entre ellos y eso se ha hecho poco», explica.

Reedición de «Lírica para una Atlántida»

Frente a esta visión marcada por los desencuentros, Alegre Heitzmann reivindica al de Moguer como «atlante de la poesía joven», en el que los autores del 27 podían verse reflejados.

«Lorca, como otros poetas jóvenes, ven a Juan Ramón como el modelo a seguir, en un doble sentido: por lo innovador de su obra y su actitud respecto a la poesía. La poesía de Juan Ramón es fundamental, como decía Ángel Valente, para entender la evolución de la poesía en las dos orillas del Atlántico. Es un poeta enorme».

De la grandeza de Juan Ramón Jiménez da cuenta su última poesía, escrita ya fuera de España y recopilada por Alegre Heitzmann en el esencial «Lírica de una Atlántida», que editó Galaxia Gutenberg en 1999. El volumen recogía «En el otro costado», «Una colina meridiana», «Dios deseado y deseante» y «De ríos que se van».

Tras años descatalogado, Tusquets lo recuperará en otoño, revisado por el poeta y ensayista. «Desde mi juventud me di cuenta de que el último Juan Ramón Jiménez era lo más moderno que podía leer en mi propia lengua».