Ilustración de portada de «El diamante de Moonfleet»
Ilustración de portada de «El diamante de Moonfleet» - Augusto Ferrer-Dalmau

Vuelve «El diamante de Moonfleet», la «otra» isla del tesoro admirada por Stevenson

Zenda comienza su aventura editorial recuperando un clásico de aventuras olvidado

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Stevenson dijo que era la novela que quería escribir, pero que «lo único» que pudo hacer fue «La isla del tesoro». Conrad también la admiraba. Y Hergé, que aseguraba que sus míticos Tintín y Haddock le debían mucho a aquella historia de aventuras marinas. Hablamos de «El diamante de Moonfleet», la gran obra maestra del británico John Meade Falkner (Wiltshire, 1858 – Durham, 1932), una de esas joyas perdidas en el río del tiempo, cuyo brillo es solo conocido por devotos, literatos y demás letraheridos. Ahora, este clásico del género vuelve a las librerías de la mano de Zenda Aventuras, el flamante sello editorial de la revista «Zenda Libros», nacido con el propósito de rescatar títulos olvidados, de saltarse la tiranía de la novedad y llegar a los lectores con productos añejos y actualizados.

Hay algo en este proyecto, un humor, quizás, que tiene que ver con la nostalgia y la magia de la lectura, una suerte de virtud que hay que mimar con el paso de los años: la sed de vida. En esencia, se trata de poner sobre la mesa (escolar y de despacho, se entiende) esas novelas que despiertan el deseo de la experiencia, que nos descubren los mundos posibles que nunca dejamos de perseguir, aun ya peinando canas, y que por desgracia tantas veces se aprisionan en el ámbito juvenil. Como si los piratas no fueran inmortales… «Queremos recuperar el mundo feliz de la novela de aventuras», aseveraba María José Solano Franco, responsable de Zenda Aventuras, durante la presentación del sarao.

Libros que no envejecen

Según Solano Franco, «Moonfleet» es uno de esos libros «que no envejecen», y que «se mantienen siempre modernos». Será cosa de sus ingredientes, que nunca faltan en una buena aventura: un viejo lobo de mar con predilección por el ron, un joven inexperto que quiere ampliar sus horizontes, el oficio del contrabando, un fantasma, un naufragio… Vamos, los límites que acaban por definir una vida. Y claro, un tesoro. No hay peripecia sin promesa. «Tiene todos los elementos que motivan y excitan a un joven. Y cuando eres mayor vas buscando en la gente las cosas que leíste en el libro, las cosas que imaginaste leyéndolo», subrayó Arturo Pérez-Reverte, autoproclamado «reina madre» del proyecto, o, dicho en lenguaje burocrático, editor jefe y prologuista del libro.

De momento, la novela ha vendido ya cerca de tres mil ejemplares en poco más de un mes, prueba de que todavía hay vida más allá de la novedad editorial. Al contrario de lo que ocurre en Francia o en Italia, «en España no encuentras reediciones de libros en las mesas de novedades de las librerías», tal y como lamentó Pérez-Reverte. Por eso el logotipo de Zenda Aventuras es un pez abisal. «Es el que navega por aguas oscuras guiado solo por su propia luz», recalcó Solano Franco. No iba a ser por la belleza del bichejo...

Siguiendo esa luz, e inventándose el camino y las formas, el próximo destino de la editorial está claro. Será «El prisionero de Zenda», de Anthony Hope Hawkins, y por razones obvias. Este año llegarán otros dos títulos más, que por ahora mantienen en secreto para no descrubrir la liebre, por si algún pez más gordo se la come antes. Eso sí, prometen que serán todos «clásicos indiscutibles del género de aventuras», que es de lo que va todo esto, al fin y al cabo.