Retrato de Cervantes realizado por la artista madrileña Coco Dávez
Retrato de Cervantes realizado por la artista madrileña Coco Dávez
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¿Qué hay de cierto en la imagen del autor del «Quijote» que proyectaron él mismo y las hagiografías escritas a lo largo de los siglos? Una novedosa biografía lo libera de tópicos y lo presenta como un hijo de su tiempo

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El Cervantes mito se ha impuesto al Cervantes hombre con el discurrir de los tiempos. Un escritor extraordinario que se proyecta como un personaje más en la paleta de su obra literaria -un aspecto potenciado por él mismo en su postrer plan para pasar a la posteridad-, hasta el punto que se mezcla con el propio mito quijotesco. Las hagiografías aparecidas a partir del siglo XVIII han tenido más peso que las investigaciones rigurosas, la glorificación ha creado falsos retratos porque el autor de la novela más influyente de la Historia lo merecía: Cervantes es el superhéroe de Lepanto que más tarde sobrevive a un durísimo cautiverio en Argel para escribir una obra inmortal, sin contar con el reconocimiento que debía tener en vida, como les pasó a otros genios de las artes y las letras. Una imagen idílica, sin matices. Leyenda salpimentada con romanticismo.

«El pecado original es no pensar en un hombre que es, fundamentalmente, hijo de su tiempo», comenta José Manuel Lucía Megías (Ibiza, 1967), catedrático de Filología Románica en la Universidad Complutense de Madrid y autor de una extensa biografía del creador del Quijote publicada por Edaf, de la que se acaba de publicar el tercer y último tomo (La plenitud de Cervantes. Una vida de papel). Su pasión por el escritor alcalaíno se vio recompensada con este encargo editorial para 2016 (cuando se conmemoró el IV Centenario de la muerte de Cervantes) que iba a sustanciarse, en principio, en un único volumen.

El escritor proyecta una buscada imagen de sí mismo, el particular imaginario con el que quiere ser leído y recordado

«Cuando estaba estudiando los papeles administrativos y personales del escritor me doy cuenta de que su contenido tiene la finalidad de crear un personaje», señala. «Entonces decido no creerme nada y preguntarme el porqué de cada cosa. Descubro que no hay un único Cervantes, sino tres: el joven sin rentas que debe construir su vida como otros tantos jóvenes de su época, primero como escribano y después como soldado en los tercios italianos; el hombre maduro que regresa de Argel e intenta medrar en el laberinto de la Corte -se postula sin éxito para un puesto en América- y para el que la literatura aún es una actividad instrumental (hasta aquí, sus andanzas no difieren mucho de las de miles de personas del Siglo de Oro); y, por último, el genio capaz de reivindicarse como narrador y como poeta alegórico y dramático, que contó con el favor de sus lectores, aunque no se enriqueció del mismo».

En este viaje hacia un Cervantes despojado al fin de tópicos, «el único camino que podía transitarse», hay varios hitos en los que merece la pena detenerse, no tanto para descubrir a un Cervantes inédito sino real, con sus luces y sus sombras.

Cervantes
Cervantes - CG. SIMÓN

¿Cómo era realmente?

Gran parte de lo que sabemos de Cervantes, de su personalidad y aspecto físico, está desvirtuado por él mismo o su familia para conseguir alguna merced o la liberación tras caer prisionero, o para reforzar su prestigio como escritor. Por no hablar de los biógrafos. En el siglo XVIII, cuando se escriben los primeros relatos de su vida, no interesa tanto rescatar al hombre como demostrar que detrás de una obra excepcional tiene que haber un autor fuera de serie. «Si, como ocurre en la serie El Ministerio del Tiempo, lográramos viajar al Madrid de aquella época, podríamos cruzarnos con él y no reconocerlo, a pesar de todo lo que nos han contado», afirma José Manuel Lucía. Hasta el famoso retrato tomado como canónico y atribuido a Juan de Jáuregui es falso: puede ser de cualquier caballero del Siglo de Oro.

En el «Prólogo al lector» de sus Novelas Ejemplares, Cervantes incorpora una buscada imagen de sí mismo, el particular imaginario con el que quiere ser leído y recordado. «Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y esos mal acondicionados y peor puestos (...); el cuerpo entre dos estremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies». Habla de una supuesta tartamudez, algo que hace referencia, probablemente, no a un defecto, sino a un habla sin artificio, y recuerda la herida recibida en la mano izquierda en la batalla de Lepanto, «que aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos...». ¿Es una descripción fiable? Probablemente no. Por Lope de Vega sabemos esto: «Leí unos versos con unos anteojos de Cervantes que parecían huevos estrellados mal hechos».

«¿Cómo lo definiría yo después de años investigándolo?», se pregunta José Manuel Lucía. «Luchador, superviviente, trabajador, generoso, con un sentido de familia muy arraigado: su mujer, su hija, su sobrina, sus hermanas son muy importantes para él. Y, en sus últimos años, se convierte en un gran propagandista de sí mismo».

Ilustración de Cervantes en el esquife obra de Ricardo Sánchez
Ilustración de Cervantes en el esquife obra de Ricardo Sánchez

¿Héroe en Lepanto?

Como soldado bisoño en la famosa batalla naval de 1571, nuestro escritor tenía todas las papeletas para ser carne de cañón. Situado en el esquife de la galeraMarquesa, se encargó de lanzar piñas incendiarias mientras los arcabuceros repartían fuego y recargaban. Estos soldados eran objetivo prioritario para los arcabuceros enemigos. «No existe el héroe temerario de Lepanto, aunque su comportamiento fue valiente como el de los demás», añade el autor de la última biografía. «Salió bastante bien parado, dadas las circunstancias. Las heridas no le dejaron el brazo inutilizado del todo, ya que prosiguió con su carrera militar llegando a alférez. De hecho, regresaba a la Corte en 1575 con la documentación necesaria firmada por Juan de Austria y el Duque de Sessa para solicitar la patente de capitán. Pero una flotilla argelina interceptó su barco y le hizo cautivo».

Argel en el siglo XVI
Argel en el siglo XVI

¿Cautivo maltratado?

Argel no es el Alcatraz del siglo XVI, sino, probablemente, la ciudad más cosmopolita del Mediterráneo. «El dinero de los rescates vuelve a Europa para comprar productos que Argel no tiene. Así que todo el mundo hace negocio». Los prisioneros sin posibles acaban en trabajos forzados, porque el rescate no renta. Así que Cervantes se ocupa de subir su «cotización» hasta los 500 escudos de oro (el equivalente a unos 40.000 euros). Intenta escapar hasta en cuatro ocasiones y actúa como intermediario en las fugas de otros: si la operación sale bien recibe parte de la bolsa; si sale mal, se responsabiliza ante la autoridad, ya que no sufrirá maltrato porque vale 500 escudos. No recibió castigos severos pese a que la leyenda ha alimentado otras versiones «Su amo, Hasán Bajá, era un homosexual reconocido, así que el silogismo está servido. En realidad, si vivió razonablemente bien en Argel fue por una cuestión económica».

Catalina de Salazar y Palacios
Catalina de Salazar y Palacios - CG. SIMÓN

El sueño americano

Tras el pago de su rescate por los padres trinitarios en 1580, Cervantes decide que ya no quiere ser militar. Eso le obligaría a ausentarse continuamente de su casa por culpa de las campañas. Como cabeza de familia necesita un oficio en la Corte, entrar en los círculos clientelares de la época, algo que es bastante complicado. Su primer objetivo es conseguir la merced de un puesto en América, sueño al que dedica doce años de su vida (1580-1592) sin éxito. Opta a ser contador de galeras en Cartagena o gobernador de la provincia de Soconusco (hoy en la frontera entre México y Guatemala). ¿Cómo es posible que Felipe II hiciera oídos sordos? «Volvemos a lo mismo. Faltan muchos años para que Cervantes escriba el Quijote y adquiera cierta relevancia pública», explica José Manuel Lucía. «Los puestos de esas características los obtiene gente con más nivel, como un capitán. Ni siquiera llegó a estar en la terna final para el destino en Soconusco». En 1584 se casa en Esquivias (Toledo) con Catalina de Salazar y Palacios, y veinte años después se traslada con su familia a Valladolid, sede de la Corte de Felipe III, bajo el valimiento del Duque de Lerma, entre 1601 y 1606.

¿De qué vive?

En 1585 sale de imprenta La Galatea y por esa época estrena con cierto éxito obras de teatro en los corrales de comedias de Madrid. «Existe la imagen de un Cervantes fracasado, pero hoy en día sería el equivalente de alguien que publica en una editorial notable y que estrena en el Teatro Español». Los pagos, en cambio, son puntuales. Lope vive de la literatura, pero es un esclavo de la misma. Vemos la firma de Cervantes en muchos documentos; oficia como agente de negocios en los primeros bancos. Es un trabajo cercano al dinero que le permite obtener el puesto de comisario general de abastos para las galeras y de recaudador de impuestos en Andalucía (su actividad se centra en Sevilla, sobre todo). «Incluso en los últimos años de su vida, cuando ya ha alcanzado cierta notoriedad, mantiene una estrecha vinculación con su editor, Francisco de Robles, para formar parte del staff de su empresa. Una editorial necesita correctores, prologuistas, redactores de poemas laudatorios... Esta teoría del filólogo y cervantista Alberto Blecua me parece plausible».

Don Quijote y Sancho
Don Quijote y Sancho - CG. SIMÓN

La plenitud del genio

El último volumen de la biografía de José Manuel Lucía explora los años en que Cervantes traza un plan literario que pretende lanzarlo como autor total, plan que se verá trastocado por el abrumador éxito posterior del Quijote. «Robles quería un best seller como el Guzmán de Alfarache y le encarga el Quijote. Tiene tres ediciones oficiales (en Madrid y Valencia) y dos piratas (en Lisboa), pero no es un súperventas. Cervantes sigue pensando en su fama: las Novelas Ejemplares (1613) son un repertorio de su maestría, en Viaje al Parnaso (1614) se reivindica como poeta alegórico, y el Persiles, novela de aventuras, culta, pretende ser su culmen (es la obra más reconocida entonces). Pero se entromete Avellaneda y le obliga a retomar un personaje que, a priori, no le interesaba demasiado». La segunda parte del Quijote (1615) es un fracaso. En 1623, cuando muere el editor, quedan 360 ejemplares sin vender. «Sin embargo, es su mejor obra, la más libre». La Historia le tenía reservado a Cervantes -que habría sido uno más de los grandes escritores del Siglo de Oro- el lugar más elevado del olimpo por algo que no entraba en su proyecto de posteridad.