Ilustración de Ferrer-Dalmau para la portada del libro
Ilustración de Ferrer-Dalmau para la portada del libro
LIBROS

«Moonfleet», lección de vida

Zenda comienza su sello editorial recuperando esta excelente novela de aventuras del británico John Meade Falkner

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«Todo lector es, en su corazón, un lector de libros de aventuras»: es la frase de Arturo Pérez-Reverte que se reproduce en la contracubierta de Moonfleet, ese libro asombroso de J. M. Falkner (Wiltshire, 1858-Durham, 1932) con que se inicia, en la Zenda del propio Pérez-Reverte, una nueva colección de novelas de aventuras. De Falkner, que fue ante todo un hábil hombre de negocios, se conocen tan solo tres novelas además de Moonfleet, algunos libros de versos y poco más, si nos circunscribimos a la pura creación literaria. Pero escribir Moonfleet, ahora traducida de nuevo a un sonoro y brillante castellano por Dolores Payás como El diamante de Moonfleet, ya es motivo suficiente para situar a su autor en el Olimpo del género aventurero.

La relación entre los protagonistas del libro, el joven John Trenchard y el maduro contrabandista Elzevir Block, es una constante en muchos títulos de aventuras. Para seducir a un público juvenil, por ejemplo, Stevenson se saca de la manga en Treasure Island (1883) a Jim Hawkins, un muchacho que se inicia en los rigores de la existencia gracias al ejemplo de un personaje mayor que él, en ese caso el pirata Long John Silver, representado en Moonfleet por Elzevir y en la saga de Tintín por el mítico Capitán Haddock (aprovecho que en 2019 cumple noventa años el primer álbum dedicado por Hergé a su criatura más célebre).

John Meade Falkner
John Meade Falkner

Por no hablar, sin salirnos del ámbito de los tebeos, de la relación existente entre Terry Lee y Pat Ryan (de Terry y los piratas de Milton Caniff), Roberto Alcázar y Pedrín (de Eduardo Vañó) o el Guerrero del Antifaz y Fernando (de Manuel Gago), que suponen esa misma conexión socrática entre un maduro profesional del heroísmo y un aventajado aprendiz que trata de emularlo. Arturo Pérez-Reverte nos cuenta en su prólogo cómo también él tuvo su Elzevir en la persona de El Piloto, otro de esos veteranos marineros de piel curtida de los que tanto hay que aprender.

Sin dejar de ser una summa de todo lo que puede contener una novela de aventuras como es debido, El diamante de Moonfleet es una obra áspera, dura, implacable, que no se detiene a la hora de insistir en las inclemencias del humano vivir. Una ficción pesimista en la que Bien y Mal aparecen mezclados, como ocurre en el plano de la realidad, y en la que se nos dice que hay que padecer mucho para conseguir disfrutar de una relativa y pasajera felicidad.

Como en los cuentos y novelas del insuperable Jack London, aquí las situaciones-límite se suceden a un ritmo vertiginoso, y la naturaleza y los hombres se confabulan para que la existencia de los personajes penda de un finísimo hilo que está siempre a punto de quebrarse. Una extraordinaria novela que es, además, una lección de vida: Moonfleet.