Ennio Morricone
Ennio Morricone
CINE

Ennio Morricone, partituras celestiales

El autor de míticas bandas sonoras -«La Misión», «Érase una vez en América»- anuncia su adiós al cine a los 90 años

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Todo el mundo le rindió homenaje en su 90 cumpleaños, aclamado como el más grande compositor italiano de música para películas. Pero Ennio Morricone (Roma, 10 de noviembre de 1928) se limitó a celebrarlo, casi como si fuera un día cualquiera, con una comida fuera de casa con su mujer, María, de la que confiesa sentirse enamorado, después de 62 años de matrimonio y cuatro hijos: «Es lo más precioso que hay en mi vida». A ella le dedicó sus dos Oscar. Toda una vida consagrada al trabajo y así continúa: para celebrar casi un siglo vivido sobre un pentagrama, está embarcado en una gira internacional para ofrecer una serie de conciertos con las entradas ya prácticamente vendidas.

«Soy un compositor como tantos otros, algunas cosas me fueron bien y otras menos bien. Para mis cien años no sé qué haré, espero que el público siga amándome». El maestro es todo sencillez y no da importancia a ser uno de los compositores más prolíficos durante 70 años de una carrera prodigiosa: realizó más de 500 bandas sonoras, entre cine y televisión, y vendió 70 millones de discos en todo el mundo.

Numerosos directores

También ha sido uno de los compositores más «polígamos», pues trabajó con numerosos directores, incluyendo a Sergio Leone, su amigo de infancia, con el que formó una pareja indisoluble también en el cine, Bernardo Bertolucci (Novecento), Brian De Palma (Los intocables de Eliot Ness), Terrence Malik (Días del cielo), Roland Joffé (La Misión) o Giuseppe Tornatore (Cinema Paradiso). Atrás quedan dos Oscar, uno a la carrera (2006) y otro a la mejor banda sonora por la cinta The Hateful Eight (2016), de Quentin Tarantino; tres Grammy, cuatro Globos de Oro y un León de Oro a la carrera, entre otros muchos premios. En el recuerdo de varias generaciones están bandas sonoras inolvidables desde Érase una vez en el Oeste a La Misión. Cuando al maestro se le pregunta por su composición favorita, rechaza dar un título, precisando que tampoco un padre tiene un hijo preferido.

Seguramente es también difícil para sus admiradores la elección de las mejores bandas sonoras que compuso para los western de Sergio Leone: ¡Agáchate maldito! (1971) fue una obra ambiciosa para ambos, y los temas más populares fueron los de la llamada «trilogía del dólar», que giró alrededor de Clint Eastwood: El bueno, el feo y el malo (1966), probablemente la más célebre de Morricone; Por un puñado de dólares (1964), y La muerte tenía un precio (1965).

Su música se ha hecho tan popular que muchos músicos de varias generaciones le han declarado públicamente su estima. «Me divierte saber que soy objeto de un cierto culto musical; lo digo sin ninguna vanidad», confiesa Morricone.

Origen humilde

En la vida de éxitos del maestro hay un lamento: no haber trabajado con Stanley Kubrick para La naranja mecánica (1971). «Estábamos de acuerdo incluso sobre la compensación económica: 15 millones de liras (millón y medio de pesetas), poco dinero para una producción de ese nivel. El proyectó se esfumó con una llamada de Leone, explicándole que yo estaba aún trabajando con ¡Agáchate maldito!».

Hoy el maestro que nos ha regalado algunas de las más bellas bandas sonoras de la historia del cine continúa levantándose antes del alba: «En el pasado me despertaba a las cuatro, ahora soy más perezoso y me levanto a las cuatro y media». Sigue trabajando porque considera que la inspiración no existe, sino que la creación artística y el genio son fruto del esfuerzo, la disciplina y el orden. Morricone continúa recibiendo propuestas para películas, pero ahora las rechaza: «Las dos últimas llamadas llegaron de Estados Unidos. He dicho basta al cine, con la excepción de Tornatore». Morricone tiene con el director italiano una relación que dura más de 25 años, desde Cinema Paradiso. Son amigos y han publicado el libro Ennio. Un maestro, fruto de la conversación sobre su trabajo. El director Tornatore interroga al maestro del cine que le pone la música.

Imagen de «La Misión»
Imagen de «La Misión»

Morricone le cuenta algunos secretos. Por ejemplo, su instrumento preferido es la trompeta, quizás porque le recuerda el periodo en que, con su padre, que fue trompetista, la tocaba en los locales romanos para las tropas norteamericanas, inmediatamente después de la II Guerra Mundial. Le pagaban con comida y tabaco que él vendía en la calle por poco dinero, llevando a casa lo que recogía. Una vida de origen humilde, que el maestro evoca con orgullo.

Ligado a la familia

A pesar de la fama y sus grandes éxitos, el genio italiano ha permanecido siempre ligado a la familia, que él ha considerado siempre un aspecto fundamental de su vida. El maestro se confiesa creyente: «La relación de mi música con la espiritualidad es natural. Creo en una entidad superior». Recientemente, los jesuitas le han pedido que escriba una Misa para el papa Francisco. Ha aceptado y lo siente como un gran honor. En plena gira, la pregunta surge espontánea: ¿De dónde saca la energía? «Me gusta mucho escribir. Es la única cosa que sé hacer», responde siempre. ¡Larga vida, maestro!