Fotografía de Winston Churchill haciendo el saludo de la victoria
Fotografía de Winston Churchill haciendo el saludo de la victoria
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Una biografía colectiva para Winston Churchill: un líder desconocido más allá de la caricatura

Algunos de los mayores expertos vivos del primer ministro analizan en una biografía colectiva los instantes menos conocidos del político británico

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Aparte de brillante estadista, militar curtido, corresponsal de guerra o pintor frustrado, Winston Leonard Spencer Churchill tuvo tiempo también para ser un gran narrador y un historiador reconocido con el Premio Nobel de Literatura en 1953. De ahí que gran parte de la imagen que tenemos hoy de él se la debamos a sus propios escritos y a sus esfuerzos por perfilar su reputación histórica. Como los que se quedan mirando el dedo en vez de a la luna que señala, a la figura de Churchill se la estudia a través de temas muy limitados (escogidos por él) y se le olvida en otros igual de cruciales.

Pocos saben que el británico se convirtió en un héroe conocido mundialmente por escapar de un campo de prisioneros en Sudáfrica, que no fue buen estudiante y no pisó la universidad, que fracasó en su primera incursión en política o que su célebre discurso radiofónico tras Dunkerque no fue grabado por él hasta años después.

Desiertos políticos

Partiendo de la premisa de que Churchill es un desconocido muy conocido, el historiador Richard Toye se ha encargado de coordinar a un equipo de investigadores de relieve como Jeremy Black, Richard Overy y Chris Wrigley, para que cada uno se centre en un periodo de la vida del estadista, y del aspecto de su actividad que mejor conozca, incluida su tormentosa relación con las mujeres o su visión del mundo islámico. El resultado es Winston Churchill: Una biografía colectiva (Crítica), un intento por alumbrar el resto de instantes de su vida. Los oscuros y los más brillantes.

«Sin él, Inglaterra estaba perdida sin remedio; con él, Inglaterra ha estado al borde del desastre una y otra vez», afirmó el general sir Alan Brooke, jefe del Estado Mayor Imperial. Medio en broma, medio en serio, la cita del militar resume lo mucho que el país necesitó al primer ministro y, al mismo tiempo, lo mucho que le sobró.

Churchill, responsable del mayor fracaso británico de la Primera Guerra Mundial, en Galípoli, pasó el periodo de entreguerras caminando por un largo desierto político. No fue hasta la madre de todas las guerras cuando regresó a la primera línea política. Alcanzó Downing Street en medio de una oleada de fracasos en Europa y habiendo contribuido a la campaña de Noruega que, paradójicamente, provocó la caída de Chamberlain. Su determinación, su buen humor, sus discursos y sus amplios conocimientos de historia suplieron sus carencias como militar y dirigieron el país a través de un camino «arduo y largo» hasta la victoria.

Consciente de que su amado imperio menguaba, el político inglés se valió de sus encantos diplomáticos para colarse en el reparto que hicieron la URSS y EE.UU. del mundo. Vaticinó la Guerra Fría e imaginó unos EE.UU. de Europa orquestados por Inglaterra. Toye recuerda en su obra que hizo todo esto mientras lidiaba con una salud quebradiza y una trágica vida familiar que incluyó la muerte de dos hijos.