Estatua de Sun Tzu en la ciudad Japonesa de Yurihama
Estatua de Sun Tzu en la ciudad Japonesa de Yurihama - CC

Sun Tzu, el estratega implacable en el que se inspiraron Hitler y Churchill

Daniel Tubau, autor de «El arte del engaño», desvela a ABC la influencia del «maestro Sun» en algunos de los conflictos del pasado siglo

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La guerra basada en el enfrentamiento directo tratando de detectar el punto frágil del enemigo para descargar ahí toda la fuerza e impedir su reestructuración, ha sido durante años y años la preminente en el imaginario bélico de Occidente. Pero estos preceptos napoleónicos, popularizados por el influyente teórico y militar prusiano Carl von Clausewitz, fueron invalidados a raíz de la Primera Guerra Mundial cuando el británico Basil Liddell Hart, en el periodo de entreguerras del siglo XX, llegó a la conclusión de la necesidad de concebir otro modo de conflicto menos destructivo.

A pesar de Clausewitz, Liddell Hart extendió el llamado «enfoque indirecto» (opuesto a la guerra napoleónica) de la refriega al encontrar un aliado en la figura de un filósofo y estratega de la antigua China: Sun Tzu o «maestro Sun». Su milenario tratado «El arte de la guerra», considerado uno de los mejores ejemplares de estrategia militar, vino a demostrar que, a lo largo de la historia, han sido pocas las contiendas saldadas sin hacer uso de la argucia y la artimaña.

«Es dudoso que haya existido alguna vez esa época de los caballeros andantes y del guerrero valeroso que ha actuado decentemente en las guerras», declara a ABC el polifacético Daniel Tubau, guionista, periodista y autor de «El arte del engaño» (Ariel, 2018). Esta obra, que supone el regreso a la escena literaria del escritor, realiza una exhaustiva aproximación a «El arte de la guerra» del «maestro Sun» e incluye su traducción del chino al español comentada.

«El arte de la guerra»
«El arte de la guerra»- CC

«El arte supremo de la guerra es vencer al enemigo sin luchar». Esta máxima de Sun Tzu pone de manifiesto que en cualquier momento histórico han estado siempre presentes el embuste, las medias verdades, las filtraciones intencionadas y el zigzagueante y escabroso camino de la indefinición y la vaguedad. Alrededor de esta idea y de su aplicación histórica ha charlado Daniel Tubau con ABC en una coqueta cafetería repleta de libros del céntrico barrio madrileño de Antón Martín. En ella, el autor confiesa su «gran pasión por el mundo chino» y lo interesante que es analizar de verdad «El arte de la guerra», un libro que «se ha deformado mucho».

¿Cómo afecta la Gran Guerra y la generalización del uso de trincheras a la forma de lidiar las guerras?

Hasta la Primera Guerra Mundial, la estrategia que se seguía era la doctrina del ataque sincero de Clausewitz, quien había participado en las guerras napoleónicas. De hecho, la «guerra de trincheras», caracterizada por el enfrentamiento absolutamente directo -una trinchera encarada a la otra-, fue tan terrible que Liddell Hart, un gran teórico de la táctica militar, vio en el «maestro Sun» una respuesta a la estrategia frontal de Clausewitz. A partir de ahí, se reivindicaron los métodos indirectos. Y es que, aunque las malas lenguas dicen que pudo ser su amigo el coronel británico « Lawrence de Arabia» quien le hablase a Liddell Hart sobre estas maneras heterodoxas pues él ya las aplicó para revivir el orgullo árabe durante la rebelión contra el dominio otomano, sin duda «El arte de la guerra» fue fundamental para Liddell Hart a la hora de cambiar la concepción acerca de las batallas.

En el libro dice que Liddell Hart aplicó los preceptos del «maestro Sun» para «promover una guerra más humana». Sin embargo, si nos fijamos en la Segunda Guerra Mundial y en la «guerra relámpago» - Blitzkrieg­- de los primeros años, ¿no sería más deseable el ideal de Clausewitz?

Liddell Hart quiso hacer una guerra más humana pero se sabe que inspiró a los alemanes y no mejoró la crueldad de la misma. No obstante, si nos fijamos en el combate en Stalingrado, no se puede afirmar que las reglas de Clausewitz sean mejores. Esta interminable batalla en la que se empeñaron Hitler y Stalin, y en la que se sacrificaban soldados continuamente, fue un ataque directo, brutal, sin ningún tipo de engaño, y es, seguramente, lo peor que ha habido en la Segunda Guerra Mundial. Hubiese sido preferible que algunode los dos hubiese tenido ciertaestratagema para evitar tantas muertes, pero me temo que a ambos les daba igual cuantos soldados muriesen.

Siguiendo con la Segunda Guerra Mundial, ¿quién fue el mejor discípulo del «maestro Sun»?

Hay varios candidatos. Imagino que Hitler lo empleó varias veces, por ejemplo cuando rompió por sorpresa el pacto de no agresión con Stalin y destruyó una parte importante de la aviación soviética. También los japoneses en Pearl Harbor pusieronde manifiesto otro principio del «maestro Sun», «ataca lo que nadie defiende», pues EE.UU no pensaba que Hawái pudiese convertirse en un objetivo militar. Y seguramente Churchill en todo lo que atañe a la información, la contrainformación y la desinformación. Precisamente, el por entonces primer ministro británico pronunció aquel famoso discurso que reza «lucharemos en las playas, lucharemos en las pistas aéreas, lucharemos en los campos y en las calles...», pero después en voz baja parece que dijo «no tenemos con qué defendernos». En cualquier caso, consiguió levantar el ánimo cuando ya prácticamente toda Europa estaba tomada al hacer acopio de otra máxima de Sun Tzu consistente en fingir fortaleza cuando se tiene debilidad.

¿Es la Segunda Guerra Mundial la racionalidad de «El arte de la guerra» aplicada a un fin absolutamente irracional?

El «maestro Sun» dice que «la mejor guerra es la que no tiene lugar», pero esto no significa que quienes siguen sus métodos de engaño no los empleen con un objetivo macabro; la Segunda Guerra Mundial sería el mejor ejemplo de ello. Incluso, aunque el libro se puede entender como un manual del engaño, yo lo concibo también como un antídoto contra el mismo. Conocer cuáles son los métodos para engañar es la mejor manera de que no te engañen.

¿Sería la Guerra Fría la que mejor practica el arte del engaño?

La Guerra Fría es la más perfecta aplicación de este equilibrio del terror, sin ninguna duda. Por ejemplo, es muy curioso el farol que Ronald Reagan se lanzó con «La Guerra de las Galaxias» al dar a entender que EE.UU tenía la capacidad de crear un escudo antinuclear que podía proteger todo su territorio. Al creerse esta trampa, presentada como un secreto perfecto del que nada habían sabido los espías soviéticos, la URSS aceptó que no podía seguir la estela norteamericana en la carrera armamentística; parte de la caída del bloque comunista es debida a la «jugada» de Reagan.

Por el contrario, en este conflicto también opera lo conscientes que eran ambos bandos de que en un enfrentamiento atómico perderían todos. La táctica «informa a tu adversario de tus planes» (que aparece en el capítulo final de mi libro «Las 100 reglas del engaño y la estrategia»), aunque en principio parece contraproducente, con la guerra nuclear se probó su eficacia.

Daniel Tubau muestra su libro «El arte del engaño»
Daniel Tubau muestra su libro «El arte del engaño» - Pablo F. de Mera Alarcón

Pero la Guerra Fría evidencia que la inyección de miedo es una forma de evitar un conflicto. ¿Es legítimo su uso?

No lo sé, es una pregunta difícil. Yo no diría legítimo pero, con las armas nucleares, sí inevitable. Es realmente triste que la sociedad se tenga que guiar por el miedo, pero es obvio que el terror real y tangible que despierta la bomba atómica ha sido muy efectivo. Llevamos ya muchos años sin una guerra frontal entre las grandes potencias que, si no hubiese sido por las armas de destrucción masiva, seguramente ya habría ocurrido.

Sin embargo, excepto en lo nuclear, el pánico no es tan eficaz como parece a simple vista pues las sociedades que lo sufren son las que han luchado más y mejor y han sacado lo mejor de sí.

¿Existe actualmente una política del miedo y una defensa de lo propio con el surgimiento del terrorismo internacional?

Hay una tendencia muy clara a la identidad en las últimas décadas. En mi libro «Nada es lo que es: el problema de la identidad» digo que no es beneficiosa la búsqueda obsesiva de la identidad de las naciones, de las razas, de la sangre y el pretender que todo el mundo se defina. En esta línea está también Amin Maalouf en su obra «Identidades asesinas», donde afirma que la identidad te lleva fácilmente a la lucha con aquellos que no comparten esa semejanza identitaria.

¿Podría ser el mundo asiático, lugar de origen del «maestro Sun», donde menos reputación ha tenido?

En Japón sí que la ha tenido. En el país nipón adoran a Sun Tzu, de hecho, el gran artífice de la sorprendente victoria de Japón sobre Rusia en 1905, el almirante Togo Heihachiro, siguió los preceptos de «El arte de la guerra». Pero en China, en un momento dado, los confucianos se hicieron con el poder y crearon una ideología del imperio, el confucianismo, que detesta la guerra y el engaño al darse cuenta que potenciando lo castrense los militares, como pasó en Roma, se harían con el poder arrebatándoselo a ellos que eran los letrados y eruditos. Tanto es así, que hay un proverbio chino («con los malos clavos se hacen soldados») que muestra que en China no se tiene esa devoción por lo militar que sí existe en Japón. Por ende, curiosamente «El arte de la guerra» no gozó de tanto prestigio en el lugar donde fue escrito.

¿La política actual, amén de ciertas construcciones o falsedades que se van creando en el imaginario colectivo, es la mejor aplicación de «El arte del engaño»?

En la era de las fake news, de la posverdad, sin lugar a dudas. Aún así, existe una paradoja pues hay tanto engaño que éste pierde parte de su efectividad. La gran fuerza del embuste es que el otro no sepa que está siendo engañado. La estrategia del engaño, en España seguramente y también en Europa, está siendo seguida en exceso, de modo que quien no la usa quizás tenga ahora más ventaja que quien sí lo hace. Cuando la falsedad se convierte en lo ortodoxo, lo heterodoxo es, precisamente, decir la verdad, que puede llegar a ser más eficaz.

Más allá de los Estados, ¿cómo aplica la sociedad actual «El arte de la guerra»?

En gran medida ya que, además de ser reivindicado en la estrategia militar en Occidente, a partir de los años 50 se empezó a aplicar a cualquier cosa imaginable: al marketing, a los negocios, a la bolsa, al sexo. Es cierto que el escrito original es para la guerra, pero se tratade un libro realmente sugerente. Los propios chinos ya lo reinterpretaron y, aunque «El arte de la guerra» tiene una vida de entre 2300 y 2500 años, al comienzo de nuestra eralo empezaron a emplear en todos los terrenos, por ejemplo la medicina, sin caer en una gran deformación.