Sebastián Rosselló posa en la puerta de su galería
Sebastián Rosselló posa en la puerta de su galería - MARTA DORADO
ARCO 2019

Alegría, una galería que vive el arte desde una aproximación visceral

La firma de Sebastián Rosselló, en la calle Doctor Fourquet, salta por primera vez al programa general de ARCO 2019. Su propuesta para la próxima edición que se celebrará en febrero será fundamentalmente pictórica

MadridActualizado:

Ni nombres previsibles, ni límites a la hora de crear ni en técnicas ni en formatos. La galería Alegría prefiere marcar la diferencia en un mercado donde la oferta es muy amplia. Este espacio tan singular fue uno de los (pen)últimos en instalarse en la calle Doctor Fourquet. Radicada en uno de los centros neurálgicos del arte contemporáneo madrileño, a pocos metros del Museo Reina Sofía y de La Casa Encendida, Alegría aporta frescura y variedad al corazón artístico de la capital.

La galería comenzó su andadura en 2010 en un local ubicado en el patio interior de la antigua fábrica Lehmann de Barcelona. Esta propuesta «outsider»se estrenó con una exposición de Fernando Blanco, un artista de 84 años afincado en el pueblo de Calaceite , en Teruel.

Alegría nació más como un proyecto artístico que como un pequeño negocio, con el objetivo de dar visibilidad a artistas que normalmente no tienen la posibilidad de exponer

Sebastián Rosselló, dueño y director de Alegría, subraya que nació como un proyecto artístico más que como un pequeño negocio, y con el objetivo de dar visibilidad a artistas que normalmente no tienen la posibilidad de exponer. «Antes de abrir la galería, fui escultor. Siempre tuve en la cabeza la idea de tener un espacio donde compartir el trabajo de autores que me gustaban, y aportar algo nuevo a la escena barcelonesa. Un día, buscando locales por Internet, encontré uno precioso y barato que estaba en un patio de una antigua fábrica y me lancé como si fuese un juego. Fueron unos años muy divertidos y dinámicos», revela.

Sus ganas de prosperar le llevaron a abrir una segunda sede en Madrid, en la plaza de Cascorro. Durante un año y medio mantuvo también la de Barcelona, pero pronto optó por trasladarse a la capital. Así, en 2013, se mudó al número 35 de Doctor Fourquet, pasando a formar parte del tejido cultural del barrio de Lavapiés. Desde entonces, Rosselló se ha esforzado por que la suya «sea una galería que esté viva»: «Considero que las jóvenes como la mía tenemos casi la obligación de gastarnos el dinero de una manera creativa», añade.

Creatividad como base

Más allá de participar en ferias, a Rosselló le gusta desarrollar proyectos novedosos que estén fuera del circuito para dar a conocer las obras de sus artistas. Su intención es no dejar de lado ese germen alocado que le llevó a montar la galería, en definitiva, «no perder la alegría», declara. Ahora mismo, prepara una nueva exposición de pintura sobre la piedra en unas cuevas en Granada, que, en palabras suyas, «puede ser una locura, ya que sería “arte paleolítico”, directamente vinculado con las pinturas primitivas».

Aunque el director de Alegría no está cerrado a ningún lenguaje ni medio, se decanta por la pintura. Le atrapan la sensualidad de la materia y las obras plásticas. «Mi aproximación al arte ha sido más visceral que intelectual. No sigo los currículums de los artistas, no es una cosa que me importe mucho. Debería hacerlo, pero soy muy impulsivo. Cuando veo un artista que tiene talento, potencial, fuerza, con veracidad en su obra, me lanzo», expresa Rosselló.

No se deja llevar por el furor de fichar a emergentes, sino que el proceso es bastante intuitivo y ligado a esa atracción que puede despertar una obra, que no responde siempre a una explicación lógica. Su programación no sigue unos criterios concretos, es algo más emocional. En una ocasión, cuenta que, incluso, exhibió unos dibujos de un niño de trece años. Instagram le ha facilitado mucho la tarea de selección de los artistas. «He descubierto muchos en esta red social y les he expuesto sin ver la pintura en directo, lo que es un poco loco», reflexiona.

Escultura de Stefan Rinck y cuadro de Robbin Heyker
Escultura de Stefan Rinck y cuadro de Robbin Heyker - M. DORADO

ARCO'19, un destino cercano

Este es el segundo año que Alegría estará en la feria internacional de arte contemporáneo de Madrid, pero esta vez participará en el programa general del salón. En 2018, su estand se encontraba en la sección «Opening», presentando el trabajo de dos artistas. En esta 38ª edición, que tendrá lugar del 27 de febrero al 3 de marzo y en la que intervendrán un total de 203 galerías, el cambio será realmente significativo, ya que llevará a seis de sus pintores: Jorge Diezma, Robbin Heyker, Iñaki Imaz, Matt Smoak, Bobby Dowler y Humberto Poblete-Bustamente. «Nuestra propuesta es pictórica, muy plástica y visual. Sé que son solo hombres, pero resulta que las dos artistas con las que trabajo actualmente están haciendo escultura», explica Rosselló.

No se deja llevar por el furor de fichar a emergentes, sino que el proceso es bastante intuitivo y ligado a esa atracción que puede despertar una obra, que no responde siempre a una explicación lógica

Este salto de «Opening» al eje principal de ARCO implica un coste económico mayor para la galería, además de una inversión, que su director espera recuperar. Sin embargo, es a su vez, en sus palabras, «una oportunidad para llegar a más coleccionistas nacionales e internacionales». Asimismo, por ser su primer año dentro del programa general, le han aplicado un descuento con el que ha aprovechado para alquilar más metros y hacer de su estand uno más grande.

En estos momentos, Alegría ya trabaja con programas de 3D para diseñar una colocación de las obras que sorprenda al público en Ifema. «Me hace mucha ilusión, aunque tengo miedo porque queremos hacer un montaje un poco especial donde realmente la que tenga protagonismo sea la pintura, más que los pintores. En este tipo de ferias no se puede dejar nada a la improvisación, hay que cuidarlo todo al máximo», confiesa Rosselló.