Proyecciones de luz en la fachada norte del Museo Guggenheim de Bilbao
Proyecciones de luz en la fachada norte del Museo Guggenheim de Bilbao - EFE

Jenny Holzer: la palabra como arma contra los abusos de poder

El Museo Guggenheim de Bilbao dedica una ambiciosa exposición a la combativa artista norteamericana

BilbaoActualizado:

Hay obras de arte que no se pintan, ni se dibujan, ni se esculpen. Simplemente, se escriben. Allá por los 70, una jovencísima Jenny Holzer (Gallipolis, Ohio, 1950) andaba pegando pósteres con sus textos en las calles de Manhattan de forma clandestina. Son los llamados truismos (verdades, aforismos, máximas, ideas, reflexiones sobre distintos asuntos) y ensayos incendiarios, que imprimía en papeles de colores. En ellos se leían frases lapidarias como «Protégeme de lo que deseo». Desde entonces, y a lo largo de cuatro décadas de carrera, esos textos –siempre mordaces y concisos, directos a las conciencias– han tenido infinidad de soportes: papel, lienzo de lino, bancos de piedra, señales de leds, camisetas, gorras, vajillas, medias y hasta preservativos. Incluso proyecciones en paisajes y edificios emblemáticos como el Museo Guggenheim de Bilbao, que le dedica, hasta el 9 de septiembre, su exposición más ambiciosa hasta la fecha, patrocinada por la Fundación BBVA.

Ya desde su inauguración en 1997, el museo bilbaíno apostó por Jenny Holzer encargándole para el atrio una pieza (nueve columnas de luz de más de doce metros de altura), en la que trata el drama del sida. En 1990 se convirtió en la primera artista norteamericana en exponer en solitario en la Bienal de Venecia: se alzó con el León de Oro. Desde entonces, es una de las artistas más destacadas de nuestro tiempo. Pero, quizás debido a lo incómodo de sus propuestas, no ha sido profeta en su tierra.

«Purple» (2008), de Jenny Holzer
«Purple» (2008), de Jenny Holzer - EFE

Empatía y pensamiento crítico

Su herramienta de trabajo es la palabra. Con ella aborda temas universales como el amor, el poder, la violencia, el sexo, la muerte, la belleza, la justicia… Con sus obras, que, según la comisaria de la muestra, Petra Joos, «siempre destilan empatía y pensamiento crítico», da voz a lo indescriptible (título de la exposición), a aquellos que han sufrido abusos de poder. Es el caso de los refugiados y víctimas de guerras como las de Siria y Afganistán, que aborda en piezas como «There Was a War» (Hubo una guerra) o «Sworn Statement» (Declaración jurada). Bien con huesos humanos que empezó a utilizar en los 90, bien con señales de led a caballo entre Matrix y las pantallas de las cotizaciones bursátiles, Jenny Holzer relata los horrores de la guerra, siempre a través de sus protagonistas: testimonios de presos, torturados, desertores, refugiados…

También usa el lenguaje para denunciar la violencia sexual, las violaciones cometidas en la antigua Yugoslavia o por parte de soldados birmanos a mujeres y niñas de la etnia rohinyá. Es el caso de «I Woke up Naked» (Me desperté desnuda) o «Purple» (Púrpura). La propia Holzer reconoce haber tenido una infancia difícil y confesó en una entrevista reciente que fue víctima de abusos. En algunos casos no utiliza textos propios, sino que toma prestados versos de autores como la polaca Anna Swirszczynska, que se unió a la resistencia en la II Guerra Mundial. Encerrado en una pequeña vitrina, instalada frente a las poderosas esculturas de Richard Serra (no parece que sea de forma casual), un preservativo con el lema «Men Don’t Protect You Anymore» (Los hombres ya no te protegen). Toda una declaración de intenciones.

Jenny Holzer, ante sus ensayos incendiarios, en el Guggenheim Bilbao
Jenny Holzer, ante sus ensayos incendiarios, en el Guggenheim Bilbao - EFE

Documentos desclasificados y censurados

En sus pinturas y acuarelas, Holzer reproduce documentos sensibles del Gobierno norteamericano que han sido desclasificados, pero en los que aún se aprecia la huella de la censura: operaciones militares en Irak y Afganistán en la era Bush, documentos del FBI sobre amenazas terroristas, contraespionaje informático… y hasta parte de la investigación del fiscal especial Robert S. Mueller sobre la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016, en las que resultó vencendor Donald Trump. Y, hablando de Trump, Holzer no se muerde la lengua: «Las mujeres no volverán jamás a la cueva. Ganarán y Trump se irá». Preguntada sobre si se considera una artista feminista, responde: «Espero ser una artista, ese es mi objetivo. Y también soy feminista. Soy las dos cosas. Me emociona mucho ver que algunas de mis frases han sido utilizadas por el movimiento #MeToo».

Para Jenny Holzer, lo peor es la indiferencia: «Sé que no voy a salvar el mundo, pese a mis esfuerzos. Pero no se puede ser miope y protegerte egoístamente. Hay que saber qué ha pasado, qué han sentido esas víctimas y emprender algunas acciones, ayudar, echar una mano, aliviar el sufrimiento, en la medida de lo posible. Si me volviera insensible, debería dejar este trabajo». En una de las salas de la muestra se exhiben obras de artistas que han impresionado, desconcertado o influido a Jenny Holzer desde el siglo XIX hasta hoy: Natalia Goncharova, Eva Hesse, Lee Lozano, Kiki Smith, Odilon Redon, Paul Klee, Frank Lloyd Wright, Keith Haring, Louise Bourgeois o Paul Thek, entre otros. La mayoría de las obras pertenecen a su colección privada.

«Ram», instalación de Jenny Holzer en la que emplea huesos humanos
«Ram», instalación de Jenny Holzer en la que emplea huesos humanos - AFP

Versos sobre el museo

Artista complicada y difícil, con fama de huraña y obsesa del control en su trabajo –supervisa personalmente hasta el más mínimo detalle–, lleva a cabo unas proyecciones de luz sobre la fachada norte del edificio de titanio de Gehry, que incluso pasan sobre la araña de su admirada Bourgeois. Desde ayer, cuando se celebraba el Día Mundial de la Poesía, y hasta el 30 de marzo (de 20,30 a 23 horas), cinco proyectores estampan sobre el museo versos en español, vasco, inglés… Son 169 textos de 19 escritores. Entre ellos, la Nobel polaca Wislawa Szymborska, la norteamericana Elizabeth Bishop y los españoles Bernardo Atxaga y Olvido García Valdés. «La poesía, dice Jenny Holzer, puede ser amable, ofrecer ternura, cariño y apoyo, pero también puede ser devastadora. Esa es la gloria de la poesía: aborda la guerra y el amor». Se muestra feliz por regresar a Bilbao:«Es una suerte volver a esta arquitectura tan fantástica, es como estar dentro de la mente de Gehry. Un lugar estupendo».