Imagen del monasterio de San Pedro de Cardeña (Burgos)
Imagen del monasterio de San Pedro de Cardeña (Burgos) - Creative Commons
Raros y malditos

Reinhard Spitzy, un nazi en San Pedro de Cardeña

Se refugió en el monasterio burgalés durante dos años para escapar del régimen nacionalsocialista y de los aliados. Había sido espía de las SS y de la inteligencia militar hasta que fue acusado de complicidad en el atentado contra Hitler. Huyó desde Bilbao a Argentina en 1948, donde vivió hasta que pudo volver a Austria

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Acusado de traición por los nazis y reclamado por los aliados como oficial de las SS, Reinhard Spitzy se refugió durante casi dos años en el monasterio cisterciense de San Pedro de Cardeña, a pocos kilómetros de Burgos, bajo la identidad de Ricardo de Irlanda. Tras estar escondido en una torre de la abadía durante meses, se inició en la vida monacal y aprendió el oficio de panadero.

Spitzy, nacido en Graz (Austria) en 1912, había cursado estudios en la Academia Militar de Viena. Ingresó en el Partido Nazi con 20 años y, tras ser reclutado por las SS, fue enviado como secretario de Joachim von Ribbentrop a la embajada de Londres. Participó en la anexión de Austria, su país natal, operación en la que se ganó el favor de Rudolf Hess.

Gracias a los idiomas que dominaba, su don de gentes y su adhesión incondicional a las SS, Spitzy se convirtió en hombre de confianza de Walter Schellenberg, jefe de la Oficina de Seguridad del Reich. Schellenberg le encargó que explorara en secreto la posibilidad de un acuerdo de paz con los aliados en Suiza a finales de 1943. Pero los contactos, realizados a espaldas de Hitler, fracasaron.

Las SS le habían enviado a Madrid en 1942 como espía y ejecutivo de la Skoda, una empresa incautada por los nazis que vendía armas al régimen de Franco. Spitzy, que conducía un descapotable, se hizo popular en las fiestas de la alta sociedad madrileña. No sólo trabajaba para la organización de Himmler sino que reportaba además a Wilhelm Canaris, el jefe de inteligencia del Ejército alemán.

En julio de 1944, Spitzy desapareció de la capital, ya que su nombre figuraba en la lista de cómplices del fallido atentado de Stauffenberg contra Hitler. El príncipe Hohenhole, socio y amigo, le ocultó en un palacete de su propiedad en Santillana del Mar, donde montó un negocio de restauración de muebles.

Murió con 98 años en una localidad alpina cerca de Salzburgo en 2010, rodeado de su familia, tras hacer una poco convincente autocrítica de su fascinación por el nazismo y la pureza racial

Hohenhole le avisó en 1946 de que los aliados estaban tras su pista y fue entonces cuando decidió ingresar en San Pedro de Cardeña gracias a los buenos oficios del párroco de Santillana, con el que mantenía una excelente relación. El abad le cobijó y le dio una nueva identidad.

Despreciado por los nazis que le consideraban un traidor y buscado por los británicos y estadounidenses, Spitzy decidió emigrar a Argentina, donde Perón ofrecía una generosa protección a quienes habían perdido la guerra. Como carecía de fondos, logró una suma considerable por vender los planos de un cañón alemán, fabricado por Skoda, al general Yagüe.

En el verano de 1948, tomó un barco en Bilbao con documentos españoles de identidad hacia Buenos Aires, donde tenía amigos. Allí vivió hasta que en 1958 decidió volver a Austria, donde nadie le molestó ya que no había cometido crímenes de guerra. Murió con 98 años en una localidad alpina cerca de Salzburgo en 2010, rodeado de su familia, tras hacer una poco convincente autocrítica de su fascinación por el nazismo y la pureza racial.