El Báltico escondía un pecio de la era de Colón perfectamente preservado

Bautizado como «Barco desconocido», tiene solo 16 metros de largo y es el más antiguo de la zona

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Un equipo internacional dirigido por el arqueólogo mexicano Rodrigo Pacheco-Ruiz acaba de realizar un importante hallazgo en aguas de Suecia. Se trata de un pequeño barco de apenas 16 metros de eslora (largo) y unos 500 años de antigüedad. Una nave que surcó las aguas al mismo tiempo que Colón realizaba sus viajes oceánicos, en el inicio de la era de la exploración y que está intacta. Una vez más las mejores noticias de la arqueología subacuática llegan de Escandinavia y hacen que sea necesario volver a reivindicar más atención y más proyectos científicos de esta disciplina que pongan en valor la historia naval del mundo hispánico.

El «barco desconocido» ha aparecido durante una inspección del fondo a unos 140 metros de profundidad. Y como suele ocurrir en el Báltico, donde las condiciones de salinidad y la menor presencia de oxígeno actúan a favor de la conservación de la madera, toda la estructura sigue en pie, incluso algunos palos.

De momento, son pocos los datos de este primer estudio no intrusivo, pero los arqueólogos se muestran sorprendidos y entusiasmados porque este pecio es ya el naufragio de los inicios de la edad moderna mejor preservado, de este modo tan completo, lo que permitirá estudiar a fondo su arquitectura y su cargamento. Y porque es el más antiguo pecio de todos los hallados hasta ahora en el Báltico. Los equipos de arqueólogos suecos del instituto MARIS de la Universidad de Södertörn están excavando desde hace unos años la coca de Gribshunden (de 1495), que está a tan solo 9 metros de profundidad -no tan bien preservado- y cuyos restos son muy interesantes.

Adosada al casco del nuevo «barco desconocido», ha podido detectarse un ancla típica del siglo XV, parecida a la recientemente hallada en Veracruz por otro mexicano, Roberto Junco, en el proyecto de los barcos de Hernán Cortés, del siglo XVI. Y sobre la cubierta también han podido verse un par de cañones giratorios, tipo falconete pedrero pero más delgados, que asoman por unas aún toscas troneras. Las concreciones halladas muestran que el metal ha sufrido más deterioro que la madera en estas aguas.

Además, se han podido comparar elementos como la bomba de la sentina o el cabestrante -bastante grande para un barco de estas dimensiones- con otros conocidos de la época. El conjunto de análisis formales permiten datarla en el final del siglo XV o los primeros años del XVI. En todo caso -en un contexto Báltico- es anterior a la era de exploración del holandés Willem Barents por el océano Ártico, que comenzó en 1595 y para la que utilizaba pequeños barcos similares al hallado ahora.

El ancla y la decoración del mascarón en primer plano de la proa. Atrás restos del bote
El ancla y la decoración del mascarón en primer plano de la proa. Atrás restos del bote - Rodrigo Pacheco-Ruiz /MMT

Tanto esta nave como la coca de Gribshunden van a aportar numerosos detalles de la vida en el Báltico en los inicios de la Edad Moderna y por tanto de las relaciones entre los Reinos de Suecia y sus vecinos daneses y de la República Hanseática. Quizá otro de los elementos llamativos en este primer contacto con los restos, según relata Rodrigo Pacheco-Ruiz, pueda ser la comprobación de que la forma de la popa de este «barco desconocido» guarda cierta relación con la de los grandes pecios bálticos posteriores, como el Mars, hundido en 1564 durante una batalla y que ha sido objeto de uno de los proyectos más asombrosos de la última década.

Rodrigo Pacheco-Ruiz es el especialista en fotogrametría (estudio fotográfico georreferenciado) de la empresa MMT, una compañía de inspección y levantamiento topográfico del lecho marino contratada por las mejores petroleras del mundo. En el curso de sus operaciones, los buques de esta empresa han localizado numerosos pecios. En esta ocasión, en el fondo del Báltico han podido detectar al menos dos decenas de naufragios, entre los que destacan vapores del XIX y algún submarino de la II Guerra Mundial.

Lanzamiento del ROV Work Class
Lanzamiento del ROV Work Class

Para este proyecto, la MMT ha empleado el buque Stril Explorer, una plataforma impresionante a la que se han sumado dos vehículos operados desde control remoto (ROV, por sus siglas en inglés) con capacidad para trabajar hasta en profundidades de 4.000 metros: el Surveior Interceptor, que aporta los elementos de detección geofísica y geoacústica de última generacíon (todo tipo de sonar de alta definición), y que puede abarcar grandes extensiones porque opera a 6 nudos. Y el Work Class, un ROV empleado para trabajos subacuáticos, que es el que ha tomado las imágenes de fotogrametría.

Recientmente, con los mismos equipos de la MMT, y en colaboración con la Universidad británica de Southampton, en uno de los más asombrosos proyectos llevados a cabo en todo el mundo, fueron hallados en el Mar Negro una veintena de pecios perfectamente conservados, algunos bimilenarios, de época griega y romana.

Grabado de la coca de Gribshunden
Grabado de la coca de Gribshunden

El modelo sueco que España debería imitar

Desde el Báltico se están impartiendo lecciones que todo país con una importante historia naval, como es España, debería escuchar. El trabajo realizado durante años desde la Universidad de Södertörn, bajo la dirección de Johan Rönnby, está dando grandes frutos. El arqueólogo, toda una eminencia, ha impuesto una visión humanista de la investigación en los pecios de la edad moderna. Sus trabajos en el Mars, que explicó en Madrid en unas jornadas organizadas por ABC y la Casa del Lector, han permitido conocer mucho mejor a la sociedad sueca en el momento en el que nace el Estado-nación, rompiendo clichés y avanzando en el estudio de la historia. Esos trabajos, herederos de los grandes proyectos del Vasa y el Kronan, grandes buques del siglo XVII, han permitido aunar todas las fuerzas disponibles en Suecia para la ciencia. Y de una manera poco institucionalizada.

La amistad de Rönnby con Carl Douglas, dueño de Deep Sea Productions, y también con Ola Oskarsson, biólogo marino que dirige la empresa MMT, ha terminado por producir un efecto en cadena que favorece a la arqueología. Enamorados de la exploración, los tres han sabido poner en marcha proyectos de interés global, en los que la universidad de Southampton y el arqueólogo británico John Adams han tenido mucho que ver. Del Mars al proyecto Black Sea Map, los hallazgos de sus equipos internacionales están dando la vuelta a la arqueología de profundidad, que precisa de grandes avances tecnológicos pero sobre todo de una dirección científica bien contrastada. Ahora las empresas de ese sector permiten a los arqueólogos tener acceso a yacimientos de los que antes no habrían tenido noticia. Y el eco impresionante de sus proyectos en los medios de todo el mundo ha terminado por cerrar a los cazatesoros el acceso a los contratos con empresas como MMT, que prefiere -y se comprende- la compañía de científicos y la imagen de avance científico que la de los piratas y los tesoros.

Y todo ello sin ministerios ni políticos ni problemas diplomáticos que hagan naufragar los proyectos. Ojala el mundo hispanoamericano extraiga algunas lecciones de lo que ha ocurrido en Suecia en los últimos años y ha puesto a la arqueología escandinava en una posición de liderazgo en el mundo.