Salvador Amaya ultima la estatua dedicada a los españoles que defendieron Baler - ABC / Vídeo: Salvador Amaya esculpe a «los últimos de Filipinas»

«Baler demuestra que los españoles, unidos, son capaces de cosas increíbles»

Salvador Amaya presenta a ABC una nueva estatua sobre la gesta de los Últimos de Filipinas

ToledoActualizado:

Tres meses de duro trabajo han sido necesarios para saldar una deuda de más de un siglo. El escultor Salvador Amaya ultima estos días la pieza que, según afirma a ABC, ansiaba llevar a cabo desde hacía décadas: una estatua en memoria de los Últimos de Filipinas. El medio centenar de héroes que, durante más de un año, defendieron la pequeña iglesia de Baler (el único reducto de resistencia que quedaba en la región) de los cientos de enemigos que intentaron tomarla entre julio de 1898 y junio de 1899. Su gesta no impidió la pérdida de esta colonia. Tampoco la caída final de nuestro imperio. Pero sí demostró, como bien señala con orgullo el artista, que «los españoles, unidos, son capaces de cosas increíbles».

Bocetos originales de la estatua
Bocetos originales de la estatua

Así lo explica mientras, con la precisión de un relojero, corrige un detalle de la escultura ayudándose de una pizca de arcilla. El cambio es casi imperceptible para los que se hallan a su alrededor, pero básico para él. Mientras que los presentes solo distinguen a un imponente Saturnino Martín Cerezo (el teniente que lideró la mayor parte de la defensa de Baler) de unos tres metros, Amaya ve una obra que todavía hay que pulir y con la que ha pasado un sin fin de horas en su estudio; un gran taller ubicado a las afueras de Toledo en el que unos gigantescos ventanales actúan durante el día como imponentes focos de iluminación. En este caso, y a pesar de la llovizna, permiten vislumbrar a un oficial de barro dispuesto a hacer fuego sobre el enemigo que se atreva a acercarse.

La escultura, que descansa sobre una estructura de metal mientras espera con paciencia los retoques del madrileño, supone un punto culmen en la carrera de Amaya. Así lo ve también la Fundación Museo del Ejército y su director gerente, el general de división Francisco Ramos. El mismo hombre que ha organizado la campaña de micromecenazgo con la que se pretenden conseguir, antes del 1 de junio de este año, 70.000 euros para sufragar la estatua. No por problemas económicos, sino para involucrar a la sociedad y demostrar el amor de los españoles por su pasado y sus hitos militares. Una vez logrado el objetivo, la inauguración del monumento se convertirá en una pieza clave de la celebración del 120º aniversario de la gesta de Baler que el Ejército de Tierra llevará a cabo el próximo verano y que contará con un total de sesenta actividades repartidas por toda nuestra geografía.

Dar forma a la historia

Para llegar hasta ese punto, sin embargo, al artista todavía le quedan muchas jornadas de trabajo. Horas y horas de una soledad sin la que no podría crear sus obras. «Soy de Madrid, pero la falta de silencio, de luz y de espacio terminaron por asfixiarme. En una gran ciudad el ritmo de vida es incompatible con la creación artística. Por eso me trasladé a Toledo. Necesito espacios largos de tiempo sin interrupciones. Como decía Picasso: “la inspiración tiene que encontrarte trabajando”», explica. Según afirma, sin esta tranquilidad no podría dar forma a la historia de España, su gran pasión. «Es lo único que leo», señala. Y no le falta razón ya que, entre otros secretos, las «catacumbas» de su taller albergan una pequeña biblioteca en la que pasa las horas muertas.

Salvador Amaya, en su estudio, retoca la gorra de la estatua
Salvador Amaya, en su estudio, retoca la gorra de la estatua - ABC

La particular gesta de Amaya para dar vida a una obra que representara de forma adecuada a los héroes de Baler comenzó tras ponerse de acuerdo con el Ejército de Tierra y la Fundación Museo del Ejército en que los Últimos de Filipinas debían ser honrados con un monumento.

El madrileño elaboró entonces, con la ayuda del pintor de batallas Augusto Ferrer-Dalmau y la asesoría de José Manuel Guerrero Acosta, los primeros bocetos de una estatua que representara al héroe que lideró la defensa: Saturnino Martín Cerezo. ¿Quién mejor que él para aunar el espíritu de aquellos hombres? «El teniente dio muestras de un valor y un liderazgo absolutos. Tomó el mando en una situación muy comprometida, cuando la mayoría de soldados estaban enfermos de beriberi y apenas había comida. Consiguió mantenerles unidos y supo sacar de quicio a los sitiadores en varias ocasiones», explica a ABC el coronel Carlos Ovejas (responsable de la Ponencia de Ultramar dentro del Instituto de Historia y Cultura Militar).

Nacer y morir

Con el personaje seleccionado, el escultor madrileño comenzó a elaborar su obra como un buen arquitecto: desde la estructura. Lo primero que hizo fue dar forma a un «esqueleto» o «alma» que sustentara la arcilla. «Es básico para que no se desmorone, una base de hierro consistente que debe sustentar los cientos de kilos de barro que irán encima», explica.

Después empezó el trabajo de moldeado; labor que no consiste solo en dar forma a la figura, sino también en preservar la estatua húmeda. «La arcilla es una materia viva y como tal necesita cuidados. Al contacto con el aire y a causa del paso del tiempo, termina por secarse, agrietarse y caerse, así que hay que conservarla lo más fresca posible», completa. Por ello, mientras desvela a los presentes los secretos de su trabajo, tiene que parar cada cierto tiempo para rociar la pieza con un vaporizador. Lo primero es lo primero.

Detalle de la estatua. Aunque la obra muestra a Martín Cerezo, es comunal y pretende honrar la memoria de todos los defensores
Detalle de la estatua. Aunque la obra muestra a Martín Cerezo, es comunal y pretende honrar la memoria de todos los defensores - ABC

Una vez finalizada, la escultura realizará su último viaje. «Cuando esté terminada en barro, se hará un molde de silicona y escayola. Ese, a su vez, se mandará a la fundición para sacar de él una reproducción de cera sobre la que se fundirán luego las piezas en bronce», desvela. Será entonces cuando el madrileño tendrá que pasar por un momento algo doloroso: reciclar la arcilla con la que ha creado la estatua. Acabar, en definitiva, con el original para evitar tener que cuidarlo de forma perpetua. Un trauma que, a pesar de todo, Amaya ha aprendido a relativizar: «Tras pasar por los procesos posteriores, cuando llega el momento ves la escultura, pero sabes que ya no es tuya. Has perdido tu vínculo con ella, está como muerta. No te cuesta trabajo desprenderte emocionalmente de ese barro ya profanado».

El original se perderá entonces para siempre. Pero junto a Amaya permanecerán los bellos recuerdos de una obra a la que ha visto nacer y morir. Además de pequeños testigos de su existencia que decoran hoy su estudio. Desde el molde de la espada que elaboró para la estatua del general Rafael Menacho (que defendió Badajoz de los franceses durante la guerra contra los franceses) hasta una pequeña escultura de Blas de Lezo similar a la que creó en 2014 y que decora Madrid desde entonces.

Unidos por la historia

La Fundación Museo del Ejército ha impulsado una campaña de micromecenazgo mediante la que se pretenden recaudar los 70.000 euros necesarios para sufragar la estatua. «Finalizará el 1 de junio de 2019 o cuando se alcance el tope establecido», explica su director gerente, el general de división Francisco Ramos, a ABC.

En sus palabras, harán todo lo posible porque la inauguración de la escultura coincida con el 30 de junio, el Día de la Amistad Hispano-Filipina. La misma jornada en la que el Presidente de la Primera República Filipina, el general Emilio Aguinaldo, promulgó un decreto en el que reconocía la valentía de los soldados españoles y les declaraba amigos de la región.

Por su parte, el Ejército de Tierra incluirá la presentación del monumento en las 60 actividades que, a lo largo de toda la geografía española, se realizarán para conmemorar esta fecha. Toda la información sobre los donativos puede encontrarse en la página web de la Fundación.