INMIGRACIÓN

Lo que la verdad no esconde

Marlaska negó que Cádiz se viese desbordada por la llegada de pateras

Las imágenes, testimonios y cifras de la inmigración dejan en evidencia al ministro del Interior

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La provincia de Cádiz aún siente los estragos del colapso migratorio vivido el año pasado debido a la llegada masiva de personas a las costas gaditanas y a la falta de medios para atenderlas. Y es que 2018 fue año para olvidar. La improvisación y el colapso fueron la dominante ante un drama humanitario sin precedentes en Andalucía.

Se batieron todos los récords al ser rescatadas 53.451 personas, principalmente en el Estrecho de Gibraltar y el Mar de Alborán. Se trata de casi el triple que en 2017, cuando los rescatados fueron 18.379. Las provincias de Cádiz y Almería lideraron este dramático ránking. Así, en Cádiz fueron rescatados 20.572 inmigrantes de los que 15.931 lo fueron en el Campo de Gibraltar frente a los 6.550 del año pasado. En Almería la cifra de 2018 fue de 11.569 frente a los 5.713 de 2017.

Todos tenemos aún en las retinas las imágenes de centenares de personas durmiendo en el suelo de pabellones deportivos y en la estación marítima del puerto de Algeciras, hacinados durante días en barcos de Salvamento Marítimo porque no había donde llevarlos en tierra, comisarías colapsadas y titulares donde se denunciaba que los centros de menores no daban abasto.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, sigue negando a día de hoy, pese a todas las evidencias, que la provincia se viera desbordada el año pasado por este drama humanitario. Lo volvió a negar el pasado martes como ya hizo el pasado verano ante los medios de comunicación en una visita a Algeciras tras la que fue a ver a los centenares de inmigrantes hacinados en buques de Salvamento Marítimo en el puerto.

Marlaska, a preguntas de este diario, respondió el pasado martes en una visita a Cádiz que la provincia «no se vio desbordada porque hubo un trabajo serio de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y una previsión de este Ministerio donde se establecieron los medios materiales necesarios para que pudieran ejercer el trabajo los agentes y también las ONGs que actúan como redes de apoyo a los migrantes».

El también cabeza de lista del PSOE por Cádiz para las elecciones generales del 28 de abril, incidió en que no hubo desbordamiento «sino que nosotros en este país, y por las circunstancias concretas, lo que hicimos fue salvar vidas que es la obligación de todo Estado».

Ese mismo día, dos altos cargos de la Guardia Civil participaron por la tarde en unas jornadas sobre la inmigración en la que, sin quererlo, dejaron en evidencia al ministro del Interior.

Miguel Ángel Sánchez, director del Centro de Coordinación para la Inmigración, una autoridad aprobada por el Consejo de Ministros el pasado 3 de agosto, en plena crisis migratoria, reconoció que fue creada ante la «llegada masiva» de inmigrantes en un periodo muy corto de tiempo.

«En junio hubo 77 embarcaciones en un solo día con 827 inmigrantes y en una semana eran 129 las embarcaciones y más de 2.700 inmigrantes», contó, al tiempo que destacó que en julio se registró la mayor cifra en el Estrecho y el Mar de Alborán de toda la serie histórica desde que hay datos.

Llegó a reconocer que 2018 fue un año durísimo en esta materia y fue a más: «El año pasado los recursos quedaron saturados».

El rescate de estos 53.451 inmigrantes supuso el 90% de la llegada a España y el 40% de todo el Mediterráneo.

Pero el testimonio más gráfico lo protagonizó el coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras, Jesús Narciso Núñez, que puso sobre la mesa el lado humano de este drama desde la perspectiva del Instituto Armado. «Lo hemos pasado muy mal, no tanto como los inmigrantes, pero ha habido momentos muy duros porque no teníamos medios ni para dar de comer a esta gente», llegó a decir.

Núñez recordó que hubo agentes que pagaron de sus propios bolsillos alimentos para algunos inmigrantes y bebés, y que fue necesario movilizar a centenares de efectivos que llegaron desde toda España.

«Esperamos que situaciones como las vividas el pasado verano, con personas durmiendo en el suelo, algo completamente tercermundista, no vuelvan a producirse», apuntó.

Maldita hemeroteca

Y es que sólo hay que tirar de hemeroteca para constatar lo que ocurrió. Ante la incapacidad de reacción por parte del Gobierno, fueron los ayuntamientos del Campo de Gibraltar, la zona que más sufrió este drama humanitario, los que tomaron la iniciativa y evitaron el caos. Los ayuntamientos de Tarifa, Algeciras, Los Barrios y San Roque y luego los de Cádiz y Jerez, dieron una lección de operatividad y abrieron estos espacios para atender a miles de personas ante el total desbordamiento de los recursos existentes hasta entonces. Una vez que dichos pabellones quedaron vacíos, los alcaldes de Algeciras y Los Barrios, José Ignacio Landaluce (PP) y Jorge Ramos (del extinto PA), denunciaron haber tenido que afrontar en solitario esta crisis migratoria así como los gastos derivados de la misma.

También le llovieron las críticas al Gobierno desde las organizaciones no gubernamentales por el caos y la improvisación que hubo. La envergadura del problema fue tal, pese a que ahora se intente relativizar, que tres ministros visitaron la provincia de Cádiz, el de Interior en varias ocasiones.

El 4 julio lo hizo el de Fomento, José Luis Ábalos, que anunció más medios para Salvamento Marítimo. Al día siguiente se desplazó hasta Algeciras por primera vez Grande-Marlaska, que anunció la apertura de un centro en la provincia para atender a los inmigrantes y dijo que no creía necesario aumentar los efectivos policiales pese a que definió la situación como «excepcional».

Ese mismo mes, Marlaska visitó de nuevo Algeciras y negó que existiera un colapso migratorio. Un día después fueron rescatados en el Estrecho 751 personas a bordo de 50 pateras en sólo unas horas.

A finales de julio, el Ministerio de Interior asumió la emergencia de la crisis migratoria en Andalucía y anunció una inversión de 3,4 millones de euros para el alojamiento y manutención de inmigrantes.

El 2 de agosto abrió sus puertas el Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) de San Roque, para el que el Gobierno aumentó su capacidad inicial de 400 hasta las 600 plazas. Por este centro habían pasado hasta finales de año 9.000 inmigrantes. Poco después abrió el de Motril. El de Málaga lo hará pronto.

También abrió el centro Campano, en Chiclana, un recurso gestionado por la Cruz Roja para la acogida temporal y derivación que visitó la ministra de Migraciones, Magdalena Valerio, y que cuenta con casi 600 plazas. Por el mismo pasaron el año pasado 6.200 personas.

Para rizar el rizo, los narcos comenzaron a traficar con personas y las imágenes de las narcolanchas sobrecogieron a quienes las contemplaron.

Además, el buque Open Arms recaló en dos ocasiones en el muelle de Crinavis, en San Roque. La primera vez el 9 de agosto con 87 personas a bordo y la segunda vez, el 28 de diciembre con 308 seres humanos, casi la mitad menores de edad.

769 fallecidos

El lado más dramático fue la muerte de 769 personas al tratar de llegar por mar a las costas españolas en un año en el que se cumplieron tres décadas desde la primera muerte documentada de un inmigrante en el Estrecho de Gibraltar.

El rosario de cadáveres en la playa de Caños de Meca estremeció. Hasta 24 personas murieron al hundirse la patera en la que viajaban en noviembre. El mar fue devolviendo sus cuerpos poco a poco. En El Palmar se sospecha también que murieron decenas de personas al naufragar una patera. El tráfico de menores inmigrantes se disparó un 250% en 2018 y Andalucía atendió a 7.000 menores extranjeros no acompañados (Menas).

Al pie del cañón

La Asociación Unificada de la Guardia Civil en Cádiz (AUGC) hizo una valoración muy negativa de la gestión de este drama en 2018. Criticó la falta de coordinación entre los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad implicados en esta materia así como la importante falta de medios humanos y materiales con las que se tuvo que afrontar la masiva llegada de inmigrantes a las costas andaluzas.

En similares términos se expresó en su momento el Sindicato Unificado de Policía (SUP), que criticó la falta de planificación y coordinación, y la alarmante carencia de medios humanos y materiales. Eso sí, entre los aciertos destacó la apertura del CATE de San Roque.

Más de 2.000 personas trabajaron sin tregua en la Cruz Roja para atender a estas personas. La organización tuvo que incrementar sus recursos para poder dar respuesta a quienes eran rescatados.