La joven onubense de 22 años detenida en Almonte en 2015
La joven onubense de 22 años detenida en Almonte en 2015 - EFE

Detenido yihadista SevillaAndalucía, escondite de otros terroristas islámicos detenidos por las fuerzas y cuerpos de seguridad

El hijo de la Tomasa y la joven almonteña convertida al Islam, entre los jóvenes españoles que se han sumado al Estado Islámico

SevillaActualizado:

Organizaciones fundamentalistas islámicas como ISIS o Al Qaeda llevan tiempo reivindicando Al Andalus como parte de un dominio perdido que consideran propio y que intentan recuperar. «Con el permiso de Alá, Al Ándalus volverá a ser lo que fue: tierra de califato». Fue la amenaza que el yihadista apodado «El Cordobés» profirió en un vídeo difundido en 2017 por el Estado Islámico en español.

Muhammad Yasin Ahram Pérez, el cordobés que puso voz a la amenaza terrorista residió hasta los seis años en España, y en 2014 puso rumbo a Siria con su madre malagueña, conocida como Tomasa, y cinco hermanos para combatir como yihadista. En esta grabación alababa a los autores del atentado en Barcelona.

Andalucía siempre ha estado en el punto de mira de los fanáticos, ya sea como vía de adoctrinamiento, o como refugio de potenciales terroristas. En enero pasado, sin ir más lejos, fue detenido un joven marroquí de 27 años en Málaga por su presunta integración en el Estado Islámico (también llamado Daesh o ISIS). Su objetivo era inmolarse en la feria de la localidad malagueña de Manilva, tal y como expresó él mismo en un vídeo que grabó en agosto del año pasado, según informó la Fiscalía de la Audiencia Nacional.

El sospechoso confesaba «estar ya preparado, saber ya quién es su califa y que la muerte no le asusta porque quiere morir mártir». Utilizaba como perfil el nombre de «Anwar Andalosi», para propagar sus mensajes de odio a través de las redes sociales.

Andalucía ha sido escondite de algunos potenciales terroristas. Agentes de la Policía Nacional detuvieron en agosto pasado en Vitoria (Álava) a un joven de 21 años y nacionalidad marroquí por su presunta pertenencia a la organización terrorista Daesh, en el marco de una operación antiterrorista que ha conllevado el registro de viviendas así como de un locutorio en Algeciras (Cádiz).

Los investigadores destacan el rápido proceso de radicalización de los jóvenes, captados a través de las redes sociales

En esta operación, llevada a cabo por la Comisaría General de Información de la Policía Nacional junto con la Brigada Local de Información de Algeciras en colaboración de la Brigada Provincial de Información de Vitoria, se realizaron tres registros.

El arrestado, A.M.R.R., era conocido por su pertenencia a círculos radicales de ideología yihadista en la localidad algecireña, donde residía habitualmente, según la Policía, y había experimentado «un drástico cambio en sus hábitos de vida y en sus manifestaciones, que se escoraron hacia postulados salafistas extremistas, llegando incluso a defender en las redes sociales acciones violentas perpetradas por organizaciones terroristas, especialmente Daesh».

En 2015, saltaba a los telediarios el nombre de María Ángeles Cala. Esta joven de 22 años de la localidad onubense de Almonte se había echado en brazos del ala más radical del Islam. Decidió sellar un pacto de sangre con una facción del autoproclamado Estado Islámico, el Daesh, cuyos fanáticos soldados decapitan o descerrajan a los infieles occidentales con la misma despiadada crueldad con la que hacen volar con dinamita templos de la antigua Mesopotamia.

La joven fue detenida en octubre de ese año cuando se disponía a tomar un vuelo con destino a Siria para enrolarse en las filas de la Yihad ha asombrado incluso a los agentes especializados en lucha antiterrorista. En las bases de datos del Ministerio del Interior no hay precedentes de una conversión al salafismo radical tan meteórica, señalaron los investigadores.

Quería viajar a Siria para contraer matrimonio con el rapero británico de origen egipcio Abdel Majed Abdel Bary, que militaba por entonces en las filas del grupo terrorista. La joven, acusada de colaboración con un militante del grupo terrorista del Estado Islámico, aceptó una pena de dos años de prisión tras llegar a un acuerdo con la Fiscalía de la Audiencia Nacional.