Fernando Villén, ex director general Fundación Faffe, tras declarar en los juzgados de Sevilla - ROCÍO RUZ
TRIBUNALES

Así cuenta sus juergas en los puticlubs el ex director de la Faffe: «Tú pagas una ronda de algo y después otra»

ABC accede a la declaración judicial de Fernando Villén: «Uno no sabe donde empieza y donde termina con la actividad comercial»

SevillaActualizado:

Fernando Villén, exdirector general de la Fundación Andaluza Fondo de Formación y Empleo (Faffe), acabó en el club de alterne Don Angelo, donde abonó en una noche 14.737 euros con una tarjeta oficial, después de haber conseguido «varias» subvenciones para esta entidad dependiente de la Consejería de Empleo de la Junta de Andalucía. Se lo confesó el pasado día 11 al fiscal Anticorrupción Fernando Soto en el juzgado de Instrucción número 6 de Sevilla.

Está acusado de malversación de fondos públicos por realizar pagos por valor de 31.969 euros en cinco clubes de alterne durante seis de los ocho años en los que estuvo dirigiendo esta fundación, cuya principal fuente de financiación eran las subvenciones de la Administración andaluza para impartir cursos de formación.

Así ha quedado registrado en la grabación de su declaración, a la que ha tenido acceso ABC. «¿Qué subvención y de qué entidad consiguió usted que ejecutara la Faffe para que se gastara usted solamente en un día 14.737 euros en el Don Angelo?», le interpeló el fiscal en referencia a los quince pagos durante la noche del 22 de marzo de 2010 y la madrugada del día siguiente que realizó en el citado club de alterne sevillano. «Tuvo que ser una gran subvención», apuntó con retranca el fiscal. Villén contestó: «No podría poner eso a una sola subvención». «¿A varias?», le inquirió el fiscal. El investigado asintió: «Sí, a varias. Claro».

Reconoce que era «asiduo» de este puticlub sevillano. «Al día siguiente me encontré con un tremendo escalofrío al encontrarme con la cantidad que se había gastado allí»

El representante de Anticorrupción le formuló la misma pregunta en ocho ocasiones más con otras palabras y pidiéndole que le identificara a quiénes le acompañaron en esa «celebración» para saber con cargo a qué subvención se pagó la costosa juerga.

El antiguo directivo de la fundación, disuelta en 2011, se negó en redondo a dar nombres, pero reconoció que, aunque con frecuencia confundía su tarjeta personal y la oficial de la Faffe, en esta última noche, «probablemente, ahí pude tener idea de que fuera la tarjeta de la Fundación».Previamente había explicado que el patronato de la entidad, presidido por el consejero de Empleo, Antonio Fernández —destituido ese mismo martes de 2010—, le había encomendado que «al menos un 20 por ciento de la facturación de la fundación» no saliera de esta consejería.

«Eso me obligaba a llevar una actividad comercial aparte de la actividad normal de consolidación de la organización en el territorio», tarea que reportó a la Faffe unos 40 millones de euros, en su mayoría procedente de subvenciones estatales.

«Estaba con unos amigos y conocidos. Al no haber una relación directa con esa actividad comercial es por lo que hago la devolución. Si no, no tendría que haberla hecho»

Relató que «esta actividad comercial lleva muchas horas, mucho esfuerzo» y «es lamentable que uno no sabe donde empieza y donde termina lo que es este tipo de actividad comercial. A veces termina de una manera absolutamente impresentable», proclamó arrepentido. A preguntas del fiscal, el exdirectivo admitió que en «algunas ocasiones» esas «visitas» a clubes de alterne estaban relacionadas con su actividad pública en la fundación de la Junta.

Contó que aquella noche de farra estaba con «unos conocidos y amigos», pero que no podía justificarlo dentro de esa actividad comercial por lo que hizo la devolución a la caja de la Faffe recurriendo a sus ahorros. «Si no, no tendría que haberla hecho», llegó a decir. Unas veces actuó de motu proprio y otras a petición de la jefa de la Dirección Económica-Financiera.

La Guardia Civil duda de esta devolución. El fiscal también: «Hay serias dudas de que el dinero se devolvía, lo que hay es un apunte contable falso».

Soto perseveró en su interrogatorio: «Usted desempeña una actividad comercial, esa actividad da frutos y esos frutos de alguna manera para ello tiene usted que ir..., vamos a decirlo en plata, al puticlub».

«Son invitaciones. Tú pagas una ronda de algo y, después, si estás más tiempo pagas otra en función de las consumiciones»

En su declaración como investigado ante la juez María Núñez Bolaños, Villén rechazó que esto fuera una «celebración», en contra de lo que había manifestado a ABC el pasado mayo, cuando aseguró que había ido allí en una despedida de soltero. «La actividad comercial no es esa secuencia que usted expone —contradijo al fiscal—: firmo el contrato, comemos y nos vamos de juerga; eso no es tan lineal». Admitió, eso sí, que se hicieron quince pagos porque «son invitaciones. Tú pagas una ronda de algo [...] y después si estás más tiempo pagas otra» en función de las consumiciones, respondió al fiscal, quien expresó su pudor por «hablar de consumiciones en este ámbito». «Depende del número de personas que haya», le ilustró Villén.

Su abogado, Pablo Ollero, protestó: «No ha dicho celebrando en ningún momento. Que la actividad comercial acababa de una manera o de otra, pero no es una fiesta con fuegos artificiales».

«Es para acordarse»

El exdirector perdió la memoria cuando le preguntó por cada uno de los clubes que visitó entre 2004 y 2010. «Queda en su moralidad si es usted asiduo a este tipo de clubes, pero la utilización cuatro veces de esta tarjeta a cargo del caudal público por muy antiguo que sea es para acordarse».Le recordó el fiscal los 1.984 que gastó en Don Angelo en 2004. «Yo no me puedo acordar. Sinceramente, catorce años han pasado», se encogió de hombros.

En su comparecencia, el imputado confesó que él contrató a su hermano. Manuel Villén entró como profesor de ofimática en la fundación estatal en 1984, luego absorbida por la Junta, y años después se convirtió en director de Actividad. ¿En qué consistía su trabajo? «Era el que tenía que coger toda la actividad que nosotros teníamos, subvenciones, y colocarlas en el territorio», explicó. Su hermano dispuso de otra tarjeta que utilizó durante ocho años para pagar el peaje en sus desplazamientos diarios de Cádiz a Sevilla.