Un juego de luces y sonidos recibe al visitante en este refugio antiaéreo de Guadix.
Un juego de luces y sonidos recibe al visitante en este refugio antiaéreo de Guadix. - L.R.
Granada

«Spanish bombs» en Guadix: un refugio antiaéreo de la Guerra Civil reabre sus puertas

El municipio de Granada recupera el refugio a los pies de la Catedral accitana como recurso turístico y didáctico

GranadaActualizado:

«Spanish bombs, yo te quiero infinito. […] Spanish songs in Granada, oh my corazón», cantaba en un macarrónico «espanglish» el británico Joe Strummer, líder del grupo punk The Clash, enamorado hasta su muerte de Federico García Lorca, de Granada, de Andalucía, de España en general, y fascinado en concreto por la dramática Guerra Civil española. Todo ello resumido en su himno 'Spanish bombs'.

Cuando acaban de cumplirse 80 años desde el final de uno de los capítulos más oscuros de la historia de España, sus ecos aún resuenan en el subsuelo de la ciudad de Guadix, donde ha abierto al público un refugio antiaéreo; uno de los muchos que fueron horadados durante el conflicto bélico bajo una tierra donde las cuevas han sido siempre sinónimo de vida.

La humedad cala por ladrillos y gotea; el llanto de niños agazapados, el rugir de los motores de los aviones bombarderos y el silbido que precede al estallido son algunos de los sonidos que reciben desde este lunes a quienes se adentran en los angostos pasillos de este refugio antiaéreo a los pies de la plaza de la Catedral accitana; en el interior del grastrobar El Refugio, junto a la céntrica plaza de la Constitución. Para profundizar y entender el funcionamiento de este tipo de enclaves, una serie de paneles informan a los visitantes.

Mediante paneles informativos, los visitantes pueden profundizar en la historia de la red de refugios antiéreos de Guadix.
Mediante paneles informativos, los visitantes pueden profundizar en la historia de la red de refugios antiéreos de Guadix. - L.R.

La muestra también incluye efectos visuales con proyecciones y objetos de la época, como radios, muñecas de trapo o un balón de tela con el que podían jugar los niños de la guerra, cuyo papel cuenta con un apartado específico en la visita, al igual que el de la mujer y, en general, del papel de Guadix desde la II República hasta el final de la Guerra Civil. Las entradas, disponibles en la oficina municipal turística, son gratuitas para menores de 14 años; los adultos tendrán que pagar 2,60 euros, 1’55 euros para mayores de 65 años y 2,05 euros para grupos organizados.

Autoridades durante la inauguración de las visitas públicas al refugio.
Autoridades durante la inauguración de las visitas públicas al refugio.- ABC

El Ayuntamiento de Guadix, en colaboración con la Diputación de Granada, ha recuperado y musealizado este espacio que ha sido presentado bajo una bandera republicana por la alcaldesa socialista, Inmaculada Olea Laguna, los concejales de Turismo y Cultura, Iván López Ariza y Beatriz Postigo Hidalgo, junto al presidente del Centro de Estudios Pedro Suárez, José Manuel Rodríguez Domingo, quien ha explicado que este refugio es «uno de los más interesantes desde el punto de vista arquitectónico» de los muchos con los que cuenta Guadix. «Un patrimonio muy importante que Guadix debía recuperar», ha enfatizado.

Refugios para población civil

Durante buena parte de la Guerra Civil, Guadix fue zona del bando republicano y permaneció asediada por los bombardeos del bando nacional. Ante esta situación, para proteger a la población civil, el Gobierno de la República estableció las pautas para construir refugios antiaéreos que, en el caso específico accitano, se construyeron también de acuerdo con la tradición telúrica de la ciudad, que cuenta con multitud de casas cueva que aún se mantienen como domicilio habitual de lugareños y reclamo turístico para foráneos.

El refugio antiéreo bajo la plaza de la Catedral contaba con cinco accesos de los cuales solo permanece uno abierto: el del gastrobar El Refugio, un establecimiento que años atrás funcionó como discoteca cuyo almacén fue precisamente este enclave subterráneo en el que se resguardaba la población durante los bombardeos. Este refugio permaneció «literalmente sepultado» durante décadas desde el final de la Guerra Civil, según ha apuntado José Manuel Rodríguez Domingo: «La preservación de este patrimonio permite un diálogo crítico con el pasado».