Rosa Aguilar, en la noche electoral del PSOE
Rosa Aguilar, en la noche electoral del PSOE - Valerio Merino
La cera que arde

Resultadismo

No ha destacado Ambrosio por sus filigranas, lo cual explica el resultado

CórdobaActualizado:

Para analizar lo de ayer debemos partir de ciertas premisas: la primera es que usted en su colegio electoral de Las Costanillas o Fray Albino se ha encontrado una papeleta del prófugo Puigdemont, lo que significa que la democracia ha tendido a la globalización y que en concreto, la española, lo aguanta todo. Otra premisa es recordar que en Córdoba ya votamos e hicimos alcaldesa a Rosa Aguilar, le dijimos «guapa» en la Batalla de las Flores y era particularmente valorada su simpatía. Esto nos ayuda a entender que podía ocurrir cualquier cosa y de hecho así ha sido. Por ejemplo, que yo me comprara una bolsa de cortezas de cerdo en un momento del escrutinio cuando Ambrosio iba campeando, mandando al garete la dieta de Herbalife. La otra es que durante el transcurso del recuento, el encuentro que empezó hace unas semanas con la Generales tendió a jugarse a cara de perro y apostó por el resultadismo en este municipal segundo tiempo.

Con esa táctica, que es con la que en fútbol se amarran los títulos sin realizar un juego preciosista, el votante de Ambrosio ha seguido la dinámica de la cita electoral nacional y le ha dado a Isabel casi 9.000 votos más que en 2015. No ha destacado doña Isabel por sus filigranas, ni por los regates ni los tiros a puerta en el mandato. En realidad no sabíamos si atacaba o defendía, porque su juego ha sido ciertamente estático, pero sus aficionados se han volcado en vista de que el rival podía reaccionar. De alguna manera así ha sido y el contrario se ha puesto las pilas.

Decía Andrés Lorite anoche que el PP, o sea, Bellido, ha remontado. Es una lectura de la final, pero la hizo a pie de campo, sudado, y eso suele empañar el análisis. En realidad, los populares han perdido más de 8.000 votos desde las últimas municipales, pero entiendo que se vea remontada frente a la debacle del primer tiempo, que dejó al partido de Casado bastante tocado. Los extremos han corrido por las bandas de manera desigual: la banda derecha nos pone a Badanelli en Capitulares, en condiciones de rematar al área, siempre y cuando el balón lo centre Albás, que como lo haga como Coutinho igual mete gol que asiste a su tocaya Ambrosio. Si nos remitimos a la categoría regional, no debería ser así, pero ya sabemos que, como decía Vujadin Boscov, sabio del banquillo, «fútbol es fútbol». La banda izquierda se ha desfondado y va para segunda B de la mano del Córdoba. No tanto el carrilero García, que poco ha perdido a pesar de ir ‘a su puta bola’ como ese desaguisado que hay en defensa con camiseta morada y con un falso pivote, un cuñado infiltrado que ni ataca ni defiende ni paga las cervezas después.

Parece ser que el pacto PP- Ciudadanos -Vox puede ser el que se lleve la eliminatoria. La cosa ha estado reñida, desde luego. Creo que fue Albert Camus el que dijo que lo poco que sabía de moral lo había aprendido en los campos de fútbol y en los escenarios de teatro. Dentro de una semanas, fútbol y teatro nos aclararán el resultado definitivo de ayer.