San Basilio durante la penúltima jornada del Concurso de Patios - VALERIO MERINO
PATIOS DE CÓRDOBA

Patios de Córdoba 2019 | Los últimos sorbos de color

El Alcázar Viejo y los patios premiados vuelven a llenarse de público en las horas finales de una fiesta que vuelve a ser multitudinaria

CórdobaActualizado:

Los Patios de Córdoba son muchas cosas, algunas ocultas y otras en las que hay que reparar, pero ante todo son arquitectura y flores. De la conservación de la primera, o de la correcta interpretación, depende que se mantengan en pie y que se visiten; de que las segundas se abran en el momento adecuado, de que se mantengan y de que se conserven hermosas, depende que quienes lleguen además se sientan deslumbrados, dentro de un recinto mágico en el que parece que es más la naturaleza imprevisible la que dispone y no la mano del hombre y de la mujer que se afana en cuidar cada especie, poner cada maceta y comprobar que todo está hermoso para cuando lleguen los visitantes.

Si los Patios de Córdoba son flores, justo es decir también que, como ellas, son hermosos, pero que también tienen su principio y su final. Desde antiguo los poetas han visto en la flor una metáfora de la vida: «La misma flor que hoy admiráis mañana estará muerta». Es una de las formas del «carpe diem», de la necesidad de aprovechar cada momento.

Por eso los cordobeses que aman la fiesta y los visitantes que sólo han tenido el fin de semana para conocerla se echaron a las calles estos días para disfrutarla al máximo, y quienes vivieron la fiesta desde el primer día ya pueden notar algún signo de que termina, como si las plantas ya vivieran un poco cansadas de tanto posar para fotografías, como si el color de las buganvillas se hubiese apagado de tanto sol y tantas miradas, como si la cal ahora fuera menos brillante.

Por eso en ese momento en que los Patios de Córdoba están a punto de ser de nuevo casas, llega el momento de aprovechar, y se hace. Ayudó sin duda el clima, que fue con mucho sol, pero sin calor, así que había que buscar la sombra, pero tampoco abanicarse demasiado. Ideal para disfrutar de una ciudad que en primavera invita al paseo sin final. En las dos semanas de mayo, el barrio del Alcázar Viejo es en sí mismo un gran patio abierto, como si no se hiciera otra cosa que disfrutar de la gracia de la arquitectura y de las flores que nunca brillarán tanto como en estos días. Ningún día han faltado las colas ni las esperas, pero menos que nunca cuando se supo que el de Martín de Roa, 7, había ganado el premio de arquitectura antigua.

Y lo que aguarda es un patio clásico, de los que fueron de muchos vecinos, con escaleras de obra en torno a las cales y lleno de flores dispuestas en macetas o en arriates, siempre exuberantes y siempre llenas de color. En San Basilio se conservan muchos de esos patios de vecinos, porque no han dejado de serlo al menos en las formas, y allí es posible el viaje en el tiempo para disfrutarlos. Había bullas para comer, para patios, y también para aparcar, en Vallellano y hasta en la Victoria, porque parecía un día de fiesta grande, y probablemente lo sería, y nadie quería alejarse de allí.El barrio se ha llevado muchos premios, pero el de Arquitectura Moderna se fue hasta San Agustín. Pastora, 2 es un recinto con su personalidad, de autor, imbuido del gusto que desde hace años le da Rafael Barón, su propietario. Es moderno, pero a la vez muy clásico en las formas, en las plantas y en tantos detalles.

Al caer la noche, que en mayo siempre parece que no será nunca, porque los días son muy largos, la fiesta de los Patios de Córdoba se iba apagando. ¿Se marchitaron algunas flores, o fue sólo impresión de quien lleva todos estos días pateándose toda la ciudad y fijándose en los detalles? ¿Se echa en falta la frescura como recién estrenada de los primeros días en este final? Quizá, pero la fiesta ya pasa a engrosar el terreno de la memoria, y allí no habrá nada que lo estropee.