Saludo entre Isabel Ambrosio (PSOE) y Pedro García (IU), ambos en cogobierno en Córdoba
Saludo entre Isabel Ambrosio (PSOE) y Pedro García (IU), ambos en cogobierno en Córdoba - VALERIO MERINO
Pretérito imperfecto

Licencia al más allá

La vida en Córdoba es una valle de lágrimas apostado en un despacho de Urbanismo

Actualizado:

Parcos en el más acá, afanosos con el más allá. Ambrosio y Pedro, García y María Isabel, tanto monta, monta tanto, son almas del pasado. Si el presente queda grande, y el futuro es una utopía meliflua, mejor refugiarnos en el relato pretérito. La titularidad de la Mezquita-Catedral es un fuego abierto de hace...ocho siglos. El cambio del nombre en el callejero, un expediente sin resolver de hace ochenta años. Y la muerte es la preocupación original por excelencia de la Humanidad, un asunto fijo en la agenda de todos con fecha previa, y máxime de los políticos, al igual que los impuestos. Como decía Benjamin Franklin, las dos únicas cuestiones de las que se puede estar seguro en esta vida. Por eso hay que ser magnánimo con este coz-gobierno que pretende aligerar los plazos para acudir al encuentro espiritual con el Más Allá. No puede explicarse de otro modo esa doble velocidad hallada por este periódico en la Gerencia de Urbanismo para otorgar permisos y licencias a los terrenales y a los moradores futuros de la vida eterna. Nadie puede poner en duda que el mensaje de Ambrosio y Pedro, de García y María Isabel, es de una profunda carga católica, pese a las apariencias, y de una clarividencia sublime. La vida en Córdoba es una valle de lágrimas apostado en un despacho de la Gerencia de Urbanismo esperando a que te toque la lotería de una licencia o un proyecto impoluto, en plazo; a que te engañen en la penúltima reunión, o simplemente caer en las garras de una red con un número de informes y contrainformes técnicos que baje de la decena... La otra vida es ágil, feliz, sin esperas, ni ventanillas ni agobios. Sin pliego de descargos. Qué epítome, pues, más rotundo puede haber sino que el de agilizar a marchas forzadas la licencia de un tanatorio en un cementerio cuyo titular es nuestro Custodio San Rafael. Modificando lo que se tenga que modificar. Poniendo a trabajar a quienes llevan media vida en el páramo de la contemplación y la trastienda. Ajustando los informes necesarios, levantando los reparos pecaminosos de quienes no creen en la eternidad..., la auténtica y única clave temporal de nuestra Casa Consistorial. La eternidad. Ayyyy, un punto de intersección con la Iglesia a la que tanto denostan. La eternidad.

Si algún incrédulo aún pensaba que realmente había un problema organizativo en la Gerencia de Urbanismo, Ambrosio y Pedro, García y María Isabel, han invocado el pasaje revelador de Santo Tomás para poner de manifiesto aquello de la creencia sin la refutación, albergando la esperanza de un mundo mejor, de que es posible obtener hasta licencia al Más Allá en apenas diez días, aun siendo empresa hercúlea ésta para el común de los mortales, poniendo de manifiesto que en esta tierra donde festejamos todavía a Nuestra Señora de la Fuensanta, es más difícil abrir un bar, una tienda de comestibles, sacar adelante un hotel o una promoción de viviendas que colocar el pórtico del tránsito de la vida a la muerte bajos las alas poéticas de nuestro arcángel y en unas confortables salas mortuorias para poder contar los mejores chistes en boga. Aunque, en honor a la verdad, será laborioso superar el mejor chiste que este coz-gobierno nos está contando en el caso del pequeño gran velatorio municipal.

En la memoria de los paisanos aún colea aquella casita de cristal levantada en la plaza de Juda Leví, en plena aorta Patrimonio de la Humanidad, y que terminó por sus manifiestas incompatibilidades como muchos de ustedes ya saben. A este tanatorio con fórceps y una hilera de irregularidades lo salvará un milagro. Civil, por supuesto.