Imagen del centro de la localidad de Montoro captada en agosto de 2016
Imagen del centro de la localidad de Montoro captada en agosto de 2016 - ABC
EL TIEMPO

¿Cuál es la explicación científica de que Córdoba sea la «sartén» de España cada verano?

El experto de Aemet Nicolás Bermejo profundiza en las claves: una de ellas, la brisa

CórdobaActualizado:

A todo el mundo se le llena la boca al hablar del calor («¡ojú qué caló!», más concretamente) que hace en Córdoba durante el verano y todo el mundo da por hecho una verdad a todas luces incontestable, ya que incluso rivaliza en esa materia con la vecina Sevilla, también inmersa en el Valle del Guadalquivir, y a pesar de que la fama de «sartén» se la lleva otra localidad sevillana, Écija, cuando es la cordobesa Montoro la que se está llevando la palma en los últimos años.

Rivalidades calurosas aparte, uno se puede preguntar cuál es la razón de que eso sea así. Algo en lo que la propia Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha caído, puesto que en agosto pasado, el experto Nicolás Bermejo, miembro de la Delegación Territorial de Aemet en Andalucía, tuvo que dedicar un sesudo y denso artículo plagado de tecnicismo y razones científicas para contestar precisamente a esa misma pregunta.

«¿Por qué el valle del Guadalquivir es la «sartén» de España?», se titula el trabajo que sobrepasa con creces las débiles entendederas del redactor que suscribe y firma, pero lo que sí parece claro, a tenor de lo que se plasma en las primeras líneas del artículo es que la brisa es la culpable de todo.

«En verano siempre tenemos noticias a diario en los informativos sobre la ciudad con mayor temperatura máxima de la península, y es raro que no aparezca entre ellas alguna ciudad del valle del Guadalquivir. Normalmente Córdoba, otras veces Andújar o Sevilla, y en los últimos años Montoro, suelen copar el podio de la «sartén» de España. Pero, ¿Por qué suele hacer tanto calor en estas localidades? Esa es la pregunta que me llevó a investigar un poco sobre el tema y a escribir el siguiente artículo», señala el primer párrafo de Nicolás Bermejo.

La brisa es la culpable

Y gracias al autor, algo aclara en el segundo al aseverar que «una de las claves acerca de la temperatura máxima que se puede alcanzar en un punto del valle del Guadalquivir durante un día de verano, es saber si ese día entrará la brisa y a qué hora». De hecho, según el autor, «una brisa procedente del mar hará que las temperaturas máximas sean más contenidas, sobre todo en las localidades del valle más cercanas a la costa».

Por lo que señala a continuación, los valles, y el del Guadalquivir entre ellos, actúan a modo de túnel cerrado por el que circulan los vientos debido a las diferencias de presión entre el interior y el exterior. Los vientos del valle se calientan más que los de la llanura al tener menos cantidad de aire en su interior y, además, el calor también va a depender del calentamiento de las laderas que bordean el valle. Por cierto, que también la forma que muestre el valle en cada momento afecta.

Más allá de eso, hay que tener nociones más profundas de meteorología y de física para empezar a comprender, asimilar y entender lo que ahí se plasma con profusión de detalles que harán las delicias de los más entendidos. A los profanos, nos quedará el consuelo de saber que, al menos, existe una explicación científica al infierno que se vive en este rincón del país durante el estío.