Miguel Ángel de Abajo, en su pregón de la Semana Santa de 1998,
Miguel Ángel de Abajo, en su pregón de la Semana Santa de 1998, - ARCHIVO MUNICIPAL DE CÓRDOBA
VERSOS

«Dame cera, nazareno»: veinte años del pregón de la Semana Santa de Córdoba de Miguel Ángel de Abajo

Fue una de las disertaciones más recordadas por su honda interpretación

CÓRDOBAActualizado:

Cuando el pregonero de la Semana Santa de Córdoba de 1998 se subió al escenario tuvo palabras de agradecimiento para muchas personas, entre ellas los trabajadores del Gran Teatro con quien había compartido muchas horas. No pisaba aquellas tablas por primera vez: Miguel Ángel de Abajo Medina era hombre de la escena y eso se notó en su pregón, uno de los más recordados.

Hace ahora veinte años de aquella intervención y Miguel Ángel de Abajo recordaba cómo en los pasos «no sólo se expone la Pasión de Cristo, sino también las pasiones humanas. Sobre los pasos no todo es función religiosa y misticismo. También se manifiesta la traición, la tortura, la blasfemia, el sacrilegio, la intriga farisaica, la lucha por el poder».

«Dies irae»

Abundaron los versos octosílabos, pero también el verso libre, y supo interpretar e incluso entonar el «Dies irae» cuando fue necesario para describir el ambiente de la salida del Remedio de Ánimas. En sus versos hubo unción y canto a las imágenes, pero también evocación de momentos que se perdían. En 1998 la Merced volvía al Lunes Santo, tras la experiencia de la Madrugada que él había impulsado, y Miguel Ángel de Abajo recordaba aquellos momentos perdidos: «¡Qué hermosa la amanecida / y la Merced entre flores / y los azahares blancos / por el patio de abluciones!». Ojalá, decía, estos momentos no fuesen irrepetibles.

«Padre Nuestro que estás en el... suelo», cantó a Jesús Caído en versos emocionados

A partir de ahí entonaba un fragmento recordado de su pregón, por lo lúdico y crítico: «Dame cera, nazareno. Dame cera, dame cera, nazareno encapuchado». Llegaba a emular, con sobriedad, la voz de un niño, que no deja al penitente rezar un rosario. «Y su ascética promesa / de silente meditar, / la cumplirá cuando acabe la carretera oficial», terminaba al hablar del recorrido por Claudio Marcelo y Las Tendillas, que nunca le gustó. En ese y otros puntos el público aplaudió con entusiasmo.

Tras cantar, entre otras imágenes, a Jesús Caído («Caído, árbol caído... / Leña del aserradero, leña del árbol caído. Padre Nuestro que estás en el... suelo») y a la Virgen de los Dolores terminaba con Jesús Resucitado a cuya presencia llegaban «Figuras, figurones, figurines, figurantes» y con un canto de felicitación a la Virgen de la Merced porque su Hijo había salido del sepulcro.