Un oso pardo vaga libremente por Liébana «como un vecino más»

Los habitantes de Liébana han empezado el año como terminaron el anterior: con un nuevo vecino merodeando por sus casas en busca de algo que llevarse a la boca

SANTANDERActualizado:

Los habitantes de Liébana han empezado el año como terminaron el anterior: con un nuevo vecino merodeando por sus casas en busca de algo que llevarse a la boca. Tiene un año de edad y cuatro patas. Es un oso pardo con una herida en una de sus extremidades -la anterior izquierda- que desde hace mes y medio deambula por pueblos de esta comarca cántabra solo, sin su madre. Se acerca a entornos humanizados para tratar de conseguir alimentos -como manzanas caídas en el suelo-más fácilmente que en los montes, donde escasean en invierno y que al tener también sus facultades mermadas -está cojo- le resulta más difícil obtener.

Estos circunstancias contribuyen a que el osezno se esté acostumbrando a un entorno humanizado, hasta el punto de que vaga tranquilamente por las calles y se pasea entre las viviendas como «un vecino más», sin asustarse, ni siquiera cuando los lugareños se aproximan a él para grabarlo de cerca, en un vídeo que desde hace días circula por redes sociales. Pero este proceso de habituación a áreas humanizadas «no interesa para nada» a la Fundación Oso Pardo, que lleva un cuarto de siglo luchando por la recuperación de esta especie, en peligro de extinción y que en las últimas décadas ha experimentado una notable mejoría en las dos poblaciones -oriental y occidental- existentes en la Cordillera Cantábrica.

La FOP alerta de que esta estrecha convivencia genera «un gran problema» para los plantígrados y los humanos. Y por eso ha exigido, hasta ahora en vano, a la Consejería de Medio Rural que capture al «osito, que debería estar con su madre», como admite Guillermo Palomero, que preside la entidad desde su creación hace ahora 25 años. Los motivos por los que están separados no están claros y para averiguarlos es preciso coger al osezno, lo que a su vez evitaría los riesgos a los que está expuesto al aproximarse y vagar por zonas pobladas y urbanas.

«Disparos seguidos de rugidos»

De un lado, la Fundación tiene «indicios» de que el pequeño pudo resultar herido fortuitamente en una cacería celebrada el pasado 8 de noviembre en las montañas de Cabezón de Liébana, donde se escucharon «disparos seguidos de rugidos», por lo que ha pedido a la Fiscalía de Medio Ambiente de Cantabria que investigue estos hechos. Doce días después, el osezno fue visto por primera vez, y cojeando, por un vecino de la zona.

Por otro lado, las causas de que la madre no esté con él son múltiples, aunque «la más probable» es que haya sufrido algún percance, ya que si bien existen casos de osas que abandonan a sus retoños, son «mucho más raros». Pero «no hay que descartar nada», precisa a este periódico el presidente de la FOP, que insiste en la necesidad de capturar al osezno, porque aunque la decisión entraña algunos riesgos, son muchas las ventajas. Y es que al estar solo, sin su progenitora, y herido, con las facultades mermadas, las posibilidades de supervivencia del pequeño disminuyen, a lo que hay que sumar los riesgos de que sufra o incluso cause un accidente. «Es un animal salvaje, no un osito de peluche», recuerda Palomero a ABC. Ante esto, la Fundación conservacionista urge al Gobierno a coger al animal, para curarlo, rehablilitarlo y devolverlo a la naturaleza con un radioemisor que permita tenerlo localizado y seguir su evolución, como se ha hecho en cuatro casos similares, en Asturias y León, en los que «las administraciones hicieron lo que había que hacer».