Fabián Simón

Cuatro muertos y 44 afectados por un brote de legionela en Lisboa

Alarma en Portugal porque el primer caso se detectó el 27 de octubre y la enfermedad sigue extendiéndose

Corresponsal en LisboaActualizado:

Un virulento brote de legionela afecta ya a 44 personas en Lisboa, con cuatro muertos confirmados y una creciente preocupación de las autoridades sanitarias.

El Hospital San Francisco Javier, ubicado en la zona noble de Restelo (entre Ajuda y Belém), se ha convertido en el foco en cuestión. O, mejor dicho, se trata de cuatro puntos contaminantes: dos torres de refrigeración y dos tanques de abastecimiento de agua. Allí se ha localizado la bacteria, cuya primera presencia se detectó el pasado 27 de octubre. Un panorama que ha ido a más y que vivió a comienzos de esta misma semana su momento álgido en cuanto a la alarma pública desatada. Porque fue el lunes 6 de noviembre cuando se registraron las dos víctimas mortales.

Hasta ese instante, la dirección del hospital se encontraba confiada en haber controlado el brote, pero lo cierto es que no ha sido así. Los casos van en aumento: de los 23 que salieron a la luz inicialmente se ha pasado a los 43 de hoy. Siguiendo la estela de la inquietud popular al respecto, hasta el presidente de la República de Portugal, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa, ha tomado cartas en el asunto y no ha dudado en pedir que se realice una investigación lo más exhaustiva posible. Se da la circunstancia de que, casualmente, el Hospital San Francisco Javier es el más cercano al palacio presidencial.

Dicho y hecho. Las pesquisas ya siguen su curso, dirigidas por el Instituto Ricardo Jorge, de titularidad pública y especializado en este tipo de cometidos. Las infecciones respiratorias graves que causa la legionela afectan con acusada beligerancia a los pacientes más debilitados o con bajas defensas, como así está ocurriendo en la capital portuguesa. La cuestión presenta tintes oscuros porque, en una mayoría de los casos, los enfermos sufrían con anterioridad alguna dolencia de carácter crónico.

Las dos muertes producidas corresponden a un hombre de 77 años y a una mujer de 70, que estaban hospitalizados en diferentes puntos del centro sanitario. Precisamente, las tres víctimas de esta clase de neumonía saltaron a los titulares de los medios de comunicación portugueses hace tan solo unos días. El motivo solo puede calificarse de insólito: en pleno velatorio, irrumpieron técnicos enviados por la Fiscalía para llevarse los cuerpos e iniciar de forma rápida los trámites de la autopsia.

Las familias quedaron en estado de ‘shock’ al ver cómo el traslado se hacía en semejantes circunstancias y afirmaron haber sentido cómo se quebraba su luto de manera arbitraria. Sobre todo, porque la operación podía haberse efectuado solo unas horas antes, en el hospital, y no se habría llegado a una situación de tal calibre.

Entre el brote en sí y los hechos que rodearon a la autopsia, no faltaron las voces políticas que solicitaron la dimisión del ministro de Sanidad, Adalberto Campos Fernandes, a quien se le acumulan los problemas sobre la mesa después de la huelga de enfermeros y ahora de médicos.

La opinión pública lusa no olvida que, tres años atrás, una erupción de legionela sembró la alarma en Vila Franca de Xira, en los alrededores de Lisboa. Entonces murieron 12 personas y se registraron hasta 400 casos. Aquel recuerdo sobrevuela actualmente los rincones del Hospital San Francisco Javier que han dado origen a una eclosión de la enfermedad, temida especialmente entre los usuarios del Sistema Nacional de Salud con más edad.

El brote portugués se desvela inmediatamente después del que ha afectado a Llinars del Vallés, en la provincia de Barcelona, que se ha cobrado ya la vida de cuatro personas. Fue entre el 15 y el 28 de octubre cuando se diagnosticó a los enfermos en esa localidad catalana, justo cuando se investigaban otros dos frentes: uno en la población gerundense de Blanes y otro en la mallorquina de Calviá.