Sociedad

Con la Madre Teresa en un Seat 127

José Luis González-Balado y su mujer Janet Playfoot, biógrafos y amigos personales de la santa, acudían a recogerla al aeropuerto de Barajas en sus viajes a España

Janet Playfoot y José Luis González-Balado posan junto a una de las fotografías de la Madre Teresa que tienen en su casa
Janet Playfoot y José Luis González-Balado posan junto a una de las fotografías de la Madre Teresa que tienen en su casa - M.A.

Sin equipaje. Así viajaba la Madre Teresa y así llegó a España por primera vez en 1976. Por su ayuda a los pobres de entre los pobres de Calcuta había recibido la condecoración más alta del Gobierno hindú o el premio Juan XXIII, pero cuando aterrizó en Madrid aquel el 3 de junio, pocos como José Luis González-Balado conocían a esta monja menuda envuelta en un sari blanco y una humilde chaqueta. Amigo personal y uno de los biógrafos más conocidos de Teresa de Calcuta, había acudido a recogerla al aeropuerto de Barajas junto a su mujer, Janet Playfoot, y su Seat 127 amarillo.

El jesuita José María Martín Patino, obispo auxiliar de Madrid, había avisado personalmente a González-Balado del paso de la Madre Teresa por la capital de España de camino a Roma, invitada por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón. «Martín Patino conocía mi primera biografía sobre Teresa de Calcuta y me avisó de su llegada a España. Hasta me enseñó la carta en la que la Madre Teresa aceptaba la invitación», recuerda hoy González-Balado con nitidez, pese a que a sus 84 años y enfermo de leucemia, los recuerdos se le agolpan en la memoria enredándose en ocasiones con las fechas.

González-Balado, con la Madre Teresa y una religiosa en el aeropuerto de Barajas en 1976
González-Balado, con la Madre Teresa y una religiosa en el aeropuerto de Barajas en 1976- VIDA NUEVA

Ya en su estancia en Italia años antes, el escritor, del que se siguen reeditando sus obras sobre la santa («Madre Teresa. La Santa que vio, amó y sirvió a Dios en los Pobres», Editorial San Pablo, julio 2016) se había interesado por la figura y la obra de Teresa de Calcuta. El regalo de aquel coche Lincoln blanco descapotable que el Papa Pablo VI hizo a las Misioneras de la Caridad tras un congreso eucarístico en Bombay en 1964, dando a conocer así su obra, despertó una curiosidad que le llevó a ver el documental del periodista británico Malcolm Muggeridge y a investigar los dichos y hechos de la Madre Teresa.

«En España no la conocía nadie», asegura mientras relata cómo al presentar su pasaporte el policía de la aduana le preguntó: «¿quién es esta monja?». «Le dieron un permiso extraordinario de 48 horas, pero dijo que apenas necesitaba 24 horas ya que debía proseguir su viaje a Roma», continúa.

La religiosa ofreció una rueda de prensa a la que asistió el sacerdote y periodista José Luis Martín Descalzo. «Confieso que en todos mis años de periodista no he asistido jamás a una rueda de prensa más conmovedora», escribiría en ABC el 4 de junio de 1976. «El cardenal Tarancón me escribió a la India pidiéndome que enviara hermanas para una fundación. Pero nosotras solo fundamos allí donde vemos que nos necesitan. He venido a ver si aquí hay pobres, del cuerpo o del alma, que necesiten de esa especial vocación nuestra. Y por lo que hoy he visto creo que también aquí hay tarea para nosotros», explicó entonces la fundadora de las Misioneras de la Caridad.

«La Madre Teresa cenó las sobras de lo que le habían dado en el avión»José Luis González-Balado

Horas después la Madre Teresa partía para Roma. Junto a las religiosas del Santo Ángel, en cuya casa se había hospedado durante su estancia en Madrid, un matrimonio amigo la despedía en el aeropuerto. Eran José Luis y Janet, los mismos que acudieron de nuevo a recibirla junto a un reducido grupo de religiosos y seglares cuando el 21 de junio de 1980 regresó a España, de nuevo invitada por el cardenal Tarancón, para inaugurar en Leganés la primera casa de las Misioneras de la Caridad en España.

De nuevo en su Seat 127 amarillo, González-Balado y su mujer llevaron a la Madre Teresa hasta una «humildísima casi chabola» en el barrio de El Candil de la periferia de Leganés. Este matrimonio amigo recuerda que la ya Nobel de la Paz «vino con una caja de cartón atada con un cordón, con saris», también que traía consigo un cáliz que le habían regalado en Alemania y que quiso dormir en la misma capilla donde celebraron una misa. Tampoco olvidan su más que frugal cena. «Tomó las sobras de lo que le habían dado en el avión de Iberia», afirma Janet detallando que comió un quesito de «La vaca que ríe».

Una de las fotografías que conserva González-Balado (dcha) con la Madre Teresa
Una de las fotografías que conserva González-Balado (dcha) con la Madre Teresa- J.L.GONZÁLEZ-BALADO

La expectación que suscitó entonces la presencia de la Madre Teresa obligó a sus más estrechos colaboradores a protegerla del gentío que quería acercarse a la «santa viviente». «Tuvimos que hacer un cordón uniendo nuestros brazos para que no la aplastaran», subrayan.

Una palabra en español

«En uno de los trayectos en el Seat 127 le pregunté en inglés si sabía algo de español y me respondió: "Sí, sé una palabra: Mañana" (la había aprendido en Venezuela, donde abrió la primera casa de la congregación fuera de la India). Recuerdo que le dije con ironía que mañana en España se usaba mucho («vuelva usted mañana») y sonriendo añadió: «pues en América Latina...».

«Ella tomó en serio la vida y el Evangelio. Nunca se consideró mejor que nadie»

En sandalias casi rotas y con su característico sari que adoptó por ser el que usaban los más pobres de la India, era frecuente ver a la Madre Teresa servir en el comedor de los vagabundos de la calle Huertas en sus cortas estancias en España. «No venía a hacer turismo», apunta González-Balado, que treinta años después sigue acudiendo como voluntario a colaborar en el hogar para personas abandonadas y enfermas de sida del Paseo de la Ermita del Santo o en el comedor para pobres que tienen en Vallecas.

Hasta los centros de las Misioneras de la Caridad se desplazó en numerosas ocasiones la Reina Sofía, que siempre mantuvo una estrecha relación con la Madre Teresa. González-Balado muestra una fotografía de la Reina junto a la religiosa que cuelga del recibidor de su casa mientras dice convencido que «la Reina es "madreteresiana" por convicción» porque «admiraba mucho a la Madre Teresa». Recuerda que cuando las misioneras de la Caridad vivían en un arrabal pobre de Leganés él mismo vio a dos escoltas un día que le indicaron que la Reina había acudido a verla. No les sorprende que sea Doña Sofía (que prologó su libro «El sari y la cruz. Vida y obra de la Madre Teresa de Calcuta») quien acuda este domingo a la canonización en Roma, como asistió en la India a su funeral.

Copia de una carta de la Madre Teresa
Copia de una carta de la Madre Teresa

Ellos no podrán ir. Verán la canonización por televisión, aunque para José Luis y Janet, la Madre Teresa hace años que es santa. «No son santos los que canonizan, hay muchos más», dicen. «Ella tomó en serio la vida y el Evangelio. Nunca se consideró mejor que nadie. No presumía. Era firme, pero nunca le vi genio. Tenía mucha paciencia. Era buena con todos porque en todos veía a Cristo».

Sobre las críticas que recibió en vida y aún hoy se dicen sobre su figura, las ve «sin fundamento» y zanja subrayando: «También le criticaron a Jesucristo».

Para González-Balado ser el biógrafo de la Madre Teresa «es un privilegio y una responsabilidad» con la que espera haber dado a conocer a esta mujer excepcional con obras asequibles para todos («me enfadé mucho con una edición cara que me hicieron una vez», dice). Gravemente enfermo, encomienda ahora su sufrimiento a Dios a través de la Madre Teresa que tanto admiró. «Ah, la Madre Teresa... por ella, todo», dice tras el esfuerzo que le ha supuesto la larga conversación que hemos mantenido. Y sin embargo, apoyado en su muleta aún pregunta: «Janet, ¿dónde tenemos el coche? ¿Te acercamos?».

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