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De Canosa a Yalta Santiago Martín

A Maduro le trae sin cuidado Dios, lo mismo que no le importa derramar la sangre de su pueblo

La mayoría de los historiadores suelen situar el momento de mayor poder político de la Iglesia en el año 1077, cuando el emperador alemán Enrique IV tuvo que ir a pedir perdón al Papa Gregorio VII, humillándose, descalzo en la nieve, ante las murallas del castillo de Canosa, donde el Pontífice se había refugiado. En plena guerra de las Investiduras, desatada a propósito de quién debía nombrar obispos en el Imperio, el Papa había excomulgado al emperador y una parte de los nobles se había levantado contra él, por lo cual Enrique tuvo que ir a pedir el perdón papal si quería conservar el trono.

El polo opuesto, quizá se pueda situar en el momento en que las potencias vencedoras de la segunda guerra mundial se repartían Europa. Ante la pregunta de Churchill sobre qué pensaría el Papa de que naciones católicas quedaran bajo el comunismo, Stalin habría contestado preguntando cuántas divisiones militares tenía el Papa.

He pensado en esto cuando he leído las declaraciones del cardenal Urosa, el valiente arzobispo de Caracas, que ha advertido al dictador Maduro de que tendrá que dar cuentas de sus crímenes ante Dios. A Maduro le trae sin cuidado Dios, lo mismo que no le importa derramar la sangre de su pueblo. Y, por desgracia a la vista de los resultados, la Iglesia no está en el momento de Canosa, sino más bien en el momento de Yalta.

Pero no hay que engañarse. Un asesino como Stalin despreciaba a la Iglesia porque, ateo como era, no creía en el poder de la oración. La Iglesia ya no podía deponer emperadores, ni tampoco tiranos, pero podía rezar. Y lo hizo. El bocado polaco se le atragantó al oso soviético, que no pudo hacer la digestión de un pueblo católico, lo cual provocó la ruina del imperio. La Iglesia no tiene fuerza en Venezuela para frenar las matanzas e impedir la dictadura. Por eso debe imitar el ejemplo polaco. Su fuerza es la fe, la oración. Si el pueblo se concentra en la Iglesia como el único foro de libertad que le va a quedar, ocurrirá lo que sucedió en Europa. Al final, el muro cayó y los asesinos tuvieron que dar cuenta ante la historia después de haberla dado ante Dios.

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