HIPERTENSIÓN PULMONAR

Demuestran la eficacia de un probiótico ‘modificado’ para la hipertensión pulmonar

Una cepa genéticamente modificada de ‘Lactobacillus’ mejora la presión sanguínea y el deterioro coronario asociados a la hipertensión pulmonar

'Lactobacillus'
'Lactobacillus' - ARCHIVO

La hipertensión pulmonar es una enfermedad caracterizada por un aumento en la presión sanguínea en la vasculatura pulmonar –esto es, en el conjunto de la arteria, venas y capilares pulmonares–. Una enfermedad que padecen más de 25 millones de personas en todo el planeta y que, además de asociarse con una marcada disminución de la tolerancia al ejercicio, tiene consecuencias muy graves para la salud. De hecho, la hipertensión pulmonar no solo se asocia con un mayor riesgo de desarrollo de enfermedades cardiovasculares –sobre todo de insuficiencia cardiaca–, sino que la esperanza de vida promedio de los pacientes una vez establecido su diagnóstico no excede de los 2,8 años. De ahí la importancia de un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Florida en Gainesville (EE.UU.), en el que se muestra la eficacia de una cepa genéticamente modificada del probiótico ‘Lactobacillus’ en el tratamiento de esta gravísima enfermedad. O así sucede, cuando menos, en modelos animales –ratas.

Concretamente, el estudio, presentado en el marco de las Sesiones Científicas 2016 del Consejo sobre Hipertensión de la Asociación Americana del Corazón (AHA) celebradas en Orlando (EE.UU.), muestran que el tratamiento con este ‘Lactobacillus’ sintético se asocia con una disminución de la presión sanguínea pulmonar, una mejora de la contractilidad del corazón y una mayor reducción del grosor del miocardio –esto es, del tejido muscular que conforma las paredes del corazón.

Probiótico ‘antihipertensivo’

Básicamente, la hipertensión pulmonar se produce por una elevación de la presión sanguínea en los pulmones. En consecuencia, el corazón debe latir más fuerte para hacer llegar la sangre a estos órganos, lo que conlleva un riesgo mucho mayor de que el propio corazón acabe deteriorándose y no pueda llevar a cabo su labor de nutrir de sangre al organismo. O lo que es lo mismo, el riesgo de desarrollar una enfermedad cardiovascular es significativamente superior.

En este contexto, como explica Colleen Cole Jeffrey, co-autora de la investigación, «es bien sabido que el péptido angiotensina-(1-7), o Ang-(1-7), se asocia con numerosos beneficios en el tratamiento de la hipertensión pulmonar cuando se ha evaluado en experimentos con animales. Sin embargo, la administración por vía oral de este péptido no resulta viable dado que es degradado en el estómago».

Entonces, ¿cómo evitar que el estómago acabe digiriendo este potencial medicamento? Pues como indica Colleen Jeffrey, «para superar este obstáculo hemos modificado genéticamente una cepa de una bacteria –el probiótico ‘Lactobacillus’– para que exprese y secrete Ang-(1-7). Y posteriormente, hemos llevado a cabo un estudio con un modelo animal para evaluar si la administración oral de esta bacteria modificada puede tratar la hipertensión pulmonar de una forma eficaz».

El probiótico Ang-(1-7) redujo la presión arterial, disminuyó el grosor del miocardio y mejoró la contractilidad coronariaColleen Jeffrey

Concretamente, los autores analizaron el efecto del ‘Lactobacillus’ sobre la capacidad de contracción del corazón, el grosor del miocardio y la presión sistólica del lado derecho del corazón –el marcador comúnmente empleado en la hipertensión pulmonar– en un modelo animal –ratas– al que se le indujo la enfermedad. Y los resultados solo pueden calificarse como ciertamente positivos.

Como destaca Colleen Jeffrey, «comparados frente a aquellos sin la enfermedad, todos los animales con hipertensión arterial de nuestro estudio tenían una presión sanguínea elevada, un miocardio anormalmente grueso y una reducción de la contractilidad cardiaca. Sin embargo, y frente a aquellos que, igualmente con hipertensión arterial, no recibieron el tratamiento, los animales que fueron alimentados con el probiótico Ang-(1-7) experimentaron una reducción del 43% de la presión arterial, una disminución del 33% del grosor del miocardio y una mejora significativa de la contractilidad coronaria».

¿También en humanos?

En definitiva, parece que este ‘Lactobacillus’ genéticamente modificado para secretar Ang-(1-7) es ciertamente eficaz en el tratamiento de la hipertensión pulmonar. Y si bien los resultados se han obtenido en un estudio con animales, debe esperarse que su efecto en los seres humanos sea muy similar, cuando no totalmente idéntico.

Como indica Colleen Jeffrey, «es cierto que nuestros hallazgos son experimentales, pero sugieren que los probióticos pueden ser modificados para el transporte por vía oral de péptidos beneficiosos como Ang-(1-7), así como que estos probióticos pueden tratar la hipertensión pulmonar y sus complicaciones coronarias asociadas».

Así, el próximo paso será realizar un ensayo clínico con seres humanos, lo que cabe esperar se lleve a cabo en un futuro inmediato.

Como concluye Mohan Raizada, director de la investigación, «la verdad es que aún hay mucho trabajo por hacer. Pero si nuestros resultados con animales se confirman en los ensayos clínicos, el consumo de probióticos y el uso de probióticos genéticamente modificados puede suponer un enfoque terapéutico novedoso para la hipertensión pulmonar, ya sea en monoterapia o en combinación con otros tratamientos».

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