Juan Casas Carbajo - TRIBUNA

Recuperar el consenso

Tras 40 años de democracia parecía que se habían acabado las divisiones, pero en los últimos tiempos se han abierto heridas que ya estaban cerradas

Juan Casas Carbajo - Actualizado: Guardado en: Opinión

Estamos atravesando unos momentos de mucha tensión y enfrentamiento entre los españoles que, dada nuestra tradición histórica, nos exponemos a terminar con un nuevo enfrentamiento. Parecía, y así ha sido durante los últimos cuarenta años –desde que en 1977 se celebraron las primeras elecciones libres después de otros tantos del régimen de Franco– que se habían acabado las divisiones y empezábamos a mirar el futuro todos unidos. En aquella ocasión, como ya he comentado en otro artículo, todos los políticos se pusieron de acuerdo en olvidar el pasado y mirar al presente. Y al decir todos me refiero a todos: los que pertenecían al Régimen y los de la oposición a él. Todos fueron capaces de mirar al futuro y de no escarbar en el pasado, de no abrir heridas que ya se habían cerrado. De esa forma se llegó al consenso que desembocó en la Constitución de 1978 y que ha colocado a España entre los países más desarrollados del mundo, sirviendo, además, como modelo para pasar de un régimen autoritario a una democracia sin derramar una gota de sangre y sin que se perdiera el ritmo de vida que cada uno llevaba. Todas las instituciones siguieron funcionando sin traumas, y lo mismo ocurrió con el mundo empresarial y la vida diaria en su totalidad.

Pero de un tiempo a esta parte todo esto parece que está cayendo en el olvido. Se vuelve hablar de las heridas producidas por la guerra civil de 1936-39; se vuelven a recordar los muertos de una y otra parte; se toman iniciativas que rozan el ridículo, como, por ejemplo pedir el certificado de defunción del General Franco y el empeño de abrir fosas en las que la mayoría de las veces no se encuentra en ellas nada, tal como ocurrió en un pueblo de la provincia de Cáceres cercano al mío. Con esto no estoy poniendo en tela de juicio las decisiones de los jueces, ¡Dios me libre!. Es posible, además, que estas iniciativas sean normales en un proceso judicial. Yo solamente quiero señalar datos que nadie puede negar. Por otra parte recordar la máxima romana de ‘Primun vivere, deinde filosofare’ (primero comer, después elucubrar). Es decir, que no dudo de la corrección de las actuaciones señaladas por parte de algunos jueces y políticos, sino que en los momentos que estamos viviendo, no dudo que esto sea importante, pero no es prioritario.

Estamos saliendo una crisis económica y financiera de dimensiones considerables. Pero mientras que en países de nuestro entorno se dedicaron a trabajar y a tomar medidas para salir de ella, nosotros estamos buscando tumbas, aún en contra de la opinión de los familiares, como es el caso del poeta García Lorca. Nos dedicamos a promover leyes, como la del aborto, que ni es prioritaria ahora, ni la sociedad la reclama, ni siquiera el partido del gobierno la llevaba en su programa electoral.

Menos mal que al lado de todos estos despropósitos se están escuchando voces que reclaman la recuperación del consenso. Voces de personas de peso en la política nacional, tales como los señores Bono, Solchaga, Leguina, Rodríguez Ibarra o Almunia, por citar los más significativos. También algunas corrientes del partido socialista, como Cristianos por el socialismo y otros partidos minoritarios en el arco parlamentario, están pidiendo cordura. Lástima que no se escuchen estas mismas voces en el principal partido de la oposición. Sería conveniente que los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, dejaran de preocuparse por los votos y se preocuparan más del bienestar de los españoles. Yo no soy político, pero pienso, como una gran mayoría, que sería conveniente que intentaran por todos los medios recuperar el consenso en los temas fundamentales y, así, como se hizo en 1977, miraran al futuro y se olvidaran, de momento, de los votos. Porque ¿para qué sirven estos si el país se viene abajo? Pido a Dios que les haga ver esta necesidad de contemplar la realidad y no hacer como los bizantinos que estaban discutiendo sobre el sexo de los ángeles cuando los bárbaros del norte estaban sitiando la ciudad.

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