El Apunte - OPINIÓN

Manual de demagogia

Usar las palabras «golpe» o «brutal» ante un simple recurso legal supone una exageración ridícula

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Una definición coloquial diría que la demagogia es la técnica oratoria que trata de embaucar al auditorio (lo componga una persona o un millón) con argumentos que se sabe que son falsos pero de fácil digestión, de asimilación inmediata. Una frase hecha lo resume a la perfección: «Decir lo que alguien quiere oír».

Esta forma de discurso, al igual que la mentira o su pariente cercana, la exageración, tiene las patas muy cortas. No resiste el menor análisis, es incompatible con cualquier grado de espíritu crítico del oyente o receptor. Son palabras preconcebidas para un público predispuesto. Todos incurrimos en ese error de cuando en cuando pero algunos lo han convertido en norma, en discurso completo.

Cuando se le piden cuentas al demagogo de lo que ha argumentado, éste suele responder con evasivas, puede cambiar su discurso o suele buscar culpas en un tercero. El Ayuntamiento de Cádiz acaba de dar un gran ejemplo práctico de esta situación. Y van. Se ha especializado. La última excusa ha sido la impugnación de la Subdelegación del Gobierno del proceso de municipalización del servicio de módulos playeros en la capital gaditana. Esta medida puede ser acertada o errónea, parcial o totalmente. Un proceso administrativo lo decidirá. Pero es legal solicitarlo y ni siquiera es nuevo. Ya se interpuso uno similar en Chiclana.

Este paso está argumentado, tiene forma de recurso contencioso-administrativo y dice velar por los principios de igualdad, mérito y capacidad «que deben regir el acceso a la función pública», que considera amenazados. A este paso, el gobierno municipal ha respondido con una exhibición de demagogia asombrosa. Sus concejales han utilizado términos como «golpe brutal» y acto «antidemocrático».

Al desenfundar esas palabras de forma tan ridícula y extemporánea, tan impertinente e injustificada, conseguirá encandilar a su público, al que quiera escuchar esos términos en cuanto aparezca la menor excusa, pero hace un mal favor a la mayoría de ciudadanos, a los que tienen espíritu crítico, a los que gustan de pensar por sí mismos y evaluar las actuaciones sin que les predispongan. El recurso seguirá o no adelante, será aceptado o no, pero la reacción municipal ya es una patochada. Lo más triste es que cuando esos sustantivos y adjetivos sean precisos, cuando su manejo esté justificado por los hechos, resultará que nos ya suenan repetidos, vacíos y manoseados.

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