Fernando Sicre - OPINIÓN

Cola grande, cola pequeña

Hay cosas que parecen no cambian, por mucho que las sociedades evolucionen

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Si hay cola hemos ganado, si no la hay hemos perdido. Los empleados de control de seguridad en el aeropuerto del Prat, relacionan el conflicto con las colas. Sólo se verán favorecidos en sus reivindicaciones si se forman largas colas, aduciendo que a la prensa, AENA y a los pasajeros, solo les importa si las colas son largas. Y pensar que el tamaño era lo de menos. Hay cosas que parecen no cambian, por mucho que las sociedades evolucionen. Ante el dilema, cola corta, cola larga, la presidenta del comité de huelga opta de manera decidida y contumaz, por la cola larga. Decía micrófono en mano, que «para tenerlo todo ganado», hay que provocar largas esperas. Hay que hacer que el control de pasajes sea largo y tedioso. «La sartén está en nuestras manos», pero el mango debe ser largo, para no quemarnos. Sólo con una larga lengua y con una larga experiencia en esas lides, manifiesta que «no podemos decir que nosotros hacemos colas, ni huelgas, porque no es cierto, nosotros trabajamos a normativa, pero las colas tienen que estar»…y deberán ser bien largas. «Sí no hay colas está todo perdido. Sí hay colas está todo ganado. No hay más, es así de simple». Y entre tanto y como siempre los pobres ciudadanos-viajeros como sufridores. Contribuyentes y pagadores, que más da el término si lo que se pretende es ubicarlos en el escenario del conflicto. Ciudadanos y contribuyentes, viajeros y pagadores…representan al pagano y ofendido por un conflicto de síntesis: colas largas vencedoras, colas cortas perdedoras. ¿Qué dirá Iglesias sobre el tamaño de la cola? Porque él la lleva a cuestas. Fíjense si sabrá de colas el ínclito. Ahora me quito la goma, ahora me la pongo, me pongo la melena al viento, me la recojo, pero al final siempre la cola como atributo de la indumentaria personal. Y para que sea más vistosa, cola larga deshilachada, para aparentar dejadez calculada. Pero siempre cola larga, como la del caballo, ande o no ande.

Tengo en mi memoria la sentencia sobre la última huelga del Metro de Madrid. El juzgado de lo Social 16 de Madrid consideró que el Metro de Madrid sí era «un servicio esencial» y se apoyaba en otro fallo del Tribunal Constitucional, que venía a decir que «no hay reparo alguno en calificar el Metro de Madrid como un servicio esencial, pues, entre otros, satisface la libre comunicación y circulación. Esa calificación como servicio esencial hubo que fundamentarla, porque se puso en entre dicho en aquel conflicto. Los ciudadanos «se vieron impedidos o enormemente dificultados en sus desplazamientos», prosigue el escrito, que alude a la «desproporción y extralimitación en el ejercicio del derecho fundamental a la huelga» por las pérdidas económicas ocasionadas. En un conflicto de esta naturaleza, como cualquier otro, el Estado debe garantizar el orden constituido, utilizando para ello los mecanismos que el Estado de Derecho otorga a los gobernantes. Federico Engels apelaba al uso por el Estado de su ‘autoritas’, como necesidad legítima y único modo de alcanzar sus fines.

Un parte importante de las huelgas en la actualidad tienen que ver con las empresas concesionarias o contratistas del sector público. En el caso que subyace esa premisa también se da. Según las noticias publicadas, los cálculos sobre actividad en el pliego de condiciones, no se ajustan a la realidad de los acontecimientos. Sí así fuera, existen mecanismos para solventar la cuestión, entre otras la cláusula de ‘rebus sic stantibus’. Cosa distinta es que la empresa se alzare con el contrato de prestación de servicio, ofertando precisos a la baja de manera temeraria, en cuyo caso debería asumir sus consecuencias y responsabilizarse del desaguisado por ella provocada. Pero ello no es óbice para promulgar una Ley de huelga, que regule su contenido adaptándolo a las actuales necesidades, pasando por la calificación de la huelga y la aplicación del derecho disciplinario ante los flagrantes incumplimientos. Por cierto, las huelgas de celo son ilegales. Todo parece indicar que las dos partes en conflictos se están cubriendo de gloria. La gloria de quien la tiene más larga. Y mientras tanto los ciudadanos, contribuyentes, pagadores y rehenes, ni corta es la calificación, encogida diría yo. Supongo como la de Iglesias, cuando sólo era un proyecto de cola, algo incipiente, mera protuberancia.

Fernando Sicre