Adolfo Vigo - OPINIÓN

39 años de Constitución

El pueblo en una mayoría que no se dará con posterioridad en ningún referéndum, avaló con su voto el convertirse en una democracia parlamentaria, en abrir las puertas a un futuro mejor, y dejar atrás el sufrimiento vivido.

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«¿Aprueba el proyecto de Constitución?» Esa fue la pregunta que hoy hace 39 años se les hizo a los españoles. Esa simple, pero contundente cuestión, quería mandar al olvido la dictadura vivida durante tantos años en este país. «¿Sí o no?», si la pregunta era simple, la respuesta no lo era menos, pero cargada de la mayor de las ilusiones. Se nos abría las puertas a vivir en democracia, en coser las heridas que estaban abiertas por una cruel, despiadada e injustificada Guerra civil, que había sumido al país en una división entre dos bandos. La Constitución, elaborada por esos políticos que representaron al arco parlamentario del momento, era, y es, el marco en el que los españoles vivirían, y vivimos, en igualdad y con seguridad jurídica.

Sé que alguien me dirá que hay que modificarla, que hay que ampliar derechos, que hay que eliminar cosas. Puede que sea así pero, parafraseando la famosa frase de la película ‘Con faldas y a lo loco’, nadie es perfecto, y en este caso, nada que se haga por el ser humano llegará a ser perfecto nunca. Lo que si tengo claro es que es el mejor de los marcos en el que los españoles podemos desarrollar nuestras vidas y, quizás, la falta de perfección sea debida a la posterior aplicación de la misma por los seres humanos, no por la Norma de las normas en sí.

Más del 88% de los españoles y españolas, aunque en esa época el lenguaje no era tan paritario, refrendaron dicho anteproyecto. El pueblo en una mayoría que no se dará con posterioridad en ningún referéndum, avaló con su voto el convertirse en una democracia parlamentaria, en abrir las puertas a un futuro mejor, y dejar atrás el sufrimiento vivido. Un futuro que se tendría que seguir trabajando, que no sería nada fácil, pero en el que no faltaban ganas ni ilusiones por recuperar los años de atrasos sociales, económicos y democráticos que el periodo de dictadura franquista había generado a este país. Y se consiguió. Se logró gracias al esfuerzo de muchas personas que creyeron en este ilusionante proyecto y que trabajaron codo con codo, dejando a un lado antiguas rencillas y viejos resquemores, para que la Constitución española se hiciera realidad.

Sin embargo, hoy en día, transcurridos 39 años desde esa votación, la realidad es otra. Muchos persiguen mantener viva la brecha entre las dos Españas, seguir resucitando día tras día al dictador, inculcar el miedo y el odio entre los españoles para conseguir, como único fin, un rédito político que de otra manera no lograrían. Nos toca vivir una época en que los «nuevos salvadores de la patria» pretenden destruir lo creado por esa generación de la transición, bajo la falsa excusa de que nuestra Constitución está vieja y obsoleta. Pretenden escudarse en la necesidad del cambio para dinamitar a España tal y como la conocemos, para imponer sus pensamientos a la necesidad común y plasmar sus ideologías en la norma de todos los españoles.

Lástima que en nuestra ciudad, al igual que en nuestro país, muchos se avergüencen de nuestra Constitución, de nuestro país y de nuestra bandera y, por ejemplo, se resistan a mencionar la palabra ‘España’ al cantar el himno de Andalucía, no vaya a ser que les salgan llagas en la boca o urticaria por todo el cuerpo.

Es por eso, que hoy más que nunca solo puedo decir, ¡viva España!, ¡viva el Rey!, ¡viva nuestra Constitución!.