Rajoy nunca se rinde

No pelea. Simplemente resiste. Espera con paciencia el momento de debilidad de su adversario, que puede ser de otro partido o del mismo suyo

Curri Valenzuela
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La principal característica de Mariano Rajoy como político es que nunca se rinde. Al revés, se crece en la adversidad. No pelea. Simplemente resiste. Espera con paciencia el momento de debilidad de su adversario, que puede ser de otro partido o del mismo suyo, para dejarle KO. O aguanta las embestidas de otros poderes, aunque se trate de la Unión Europea, hasta que la presión cede y él se sale con la suya.

Hasta hace poco le iba muy bien con esa actitud. Pero la vida, y sobre todo sus perspectivas de supervivencia política, se le han complicado con la crisis catalana. Los secesionistas están demostrando ser huesos más duros de roer que él y parte de su electorado se le ha marchado por su falta de firmeza. Las encuestas se le han vuelto adversas. La corrupción del PP está llegando a esa fase definitiva de ser purgada ante la Justicia. Sigue sin encontrar la manera de que el Congreso le apruebe los Presupuestos. Y todo ese conjunto de debilidades está siendo aprovechado por la oposición para tratar de arrinconarle contra las cuerdas, lo que los medios de comunicación reseñan mientras en La Moncloa les señalan por ello como parte del complot contra él.

Ante tanto problema, Rajoy ha reaccionado en su más puro estilo: anunciando que se volverá a presentar como candidato. O sea, que va a plantar cara a todo lo que se le está viviendo encima. Es un aviso a los navegantes por si acaso alguien todavía no se ha dado cuenta de su habilidad para resistir. Si le sale bien, habrá demostrado de nuevo que al final siempre gana. Si le sale mal –ese es el peligro– habrá dejado al PP para los restos.

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