La decencia de Pedro Sánchez

El problema del PP no es de relato sino de reputación

Edurne Uriarte
Actualizado:

Piensan algunos analistas que el PP tiene un problema de relato, de relato sobre sus ideas y proyecto, pero el problema del PP es más bien de reputación, que es otra cosa. De la reputación que la izquierda, política y mediática, ha tenido la habilidad de poner en cuestión, con el acompañamiento de Ciudadanos. La estrategia resumida en aquella frase que Pedro Sánchez le espetó a Mariano Rajoy en la campaña electoral de 2015, «usted no es una persona decente», sigue siendo la misma en 2018. Y lo extraordinario es que ha logrado importantes resultados, a pesar de que los socialistas tienen los mismos o mayores problemas de corrupción que los populares, ahora con el escándalo Acuamed de Valencia, relatado ayer por este periódico.

Michael Ignatieff explicó brillantemente en su imprescindible «Fuego y cenizas» en qué consiste esto de la batalla por la reputación, cuando relató que, en política, a tus adversarios no les interesa debatir sobre tus argumentos, sino destruir tu derecho a que te escuchen con un cuestionamiento de tu reputación. Ensuciar tu nombre, debilitar tu marca, inhabilitarte moralmente para proponer proyectos, para defender ideas, para gobernar. Es lo que hace la izquierda desde 2012 para derrotar al PP, convertir su marca en un sinónimo de corrupción. No se trata del relato de los argumentos y de las ideas sino de la batalla por la reputación. Porque, en términos de argumentos, el PP tiene un argumento contundente y muy fuerte electoralmente que es el de su eficacia en las respuestas a la crisis, a años luz de la izquierda. Pero incluso en Cataluña, y a pesar de la eficacia comunicativa de Ciudadanos con su relato fantasioso sobre su supuesto protagonismo en el 155, el PP tiene el argumento fuerte de ser el primer Gobierno democrático que ha osado responder con dureza a las ilegalidades independentistas.

Pero el PP tiene un grave problema de reputación. La estrategia del «usted no es una persona decente» porque «su partido es sinónimo de corrupción» y «usted es el responsable político» ha tenido un notable éxito. Es otra posverdad, ahora que la izquierda ha puesto de moda el término para aquello que le afecta. La posverdad de que la derecha es más corrupta que la izquierda aunque no haya un solo dato que avale tal afirmación. La posverdad de lo ocurrido con el máster de Cifuentes, una moción de censura socialista para «regenerar» Madrid, con su secretario general bajo sospecha por una falsa licenciatura exhibida en su curriculum oficial de la Comunidad de Madrid durante varios años. Y sin que Ciudadanos haya considerado la necesidad de exigir su dimisión, aunque solo sea para ser coherente con la presión para la dimisión de Cifuentes.

Ahora, el caso Acuamed de Valencia apunta hacia una Caja B del PSOE, lo que, unido a los demás casos de corrupción socialistas, especialmente los ERE, podría llevar a Mariano Rajoy y al PP a cuestionar la decencia de Pedro Sánchez. Si Sánchez no ha dicho una sola palabra de lamento y condena por los ERE, si aún no ha abierto la boca por lo de Acuamed y tantos otros casos de corrupción del PSOE, o por la falsa licenciatura de Franco, el PP podría afirmar que el PSOE es «sinónimo de corrupción» o que Pedro Sánchez no es, según sus propios argumentos, «una persona decente». Cuesta imaginar a Mariano Rajoy llegando a esos extremos, no es su estilo, pero es el estilo de sus adversarios y lo cierto es que ha tenido éxito. El PP tiene un problema de reputación y quizá sea la hora de que aprenda a jugar al estilo impuesto por sus adversarios.

Edurne UriarteEdurne UriarteArticulista de OpiniónEdurne Uriarte