El color político de la mentira

La mentira en política debe tener las mismas consecuencias para todos y no según su color ideológico

Edurne Uriarte
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Me sorprende estos días que la posible dimisión forzada de Cristina Cifuentes por su sospechoso máster sólo plantee preguntas sobre la estrategia política del PP y apenas ninguna sobre la cuestión moral de fondo. Las consecuencias de la mentira en política y la importancia de la aplicación de los mismos estándares morales a todos los políticos y a todos los partidos. Y no me extraña que tal debate quiera ser evitado por los partidos que van a presentar la moción de censura, pero es llamativa su ausencia en el análisis periodístico e intelectual. Es comprensible, por ejemplo, que la izquierda estadounidense lleve varios meses agitando las historias de la actriz porno que persigue a Trump, y que, sin embargo, mantenga su admiración, más bien idolatría hacia Kennedy, a pesar de sus poco presentables historias con mujeres, Marilyn incluida, o, más recientemente, Clinton y su becaria del Despacho Oval. Han pasado unos cuantos años, Kennedy fue asesinado y Clinton lleva mucho tiempo retirado. Por lo que denuncian la historia de la actriz porno como uno de esos comportamientos indecentes de los que sólo son capaces los republicanos y muy especialmente Trump.

Pero en el debate político sobre la mentira de Cifuentes están presentes y en cargos relevantes varios políticos que han mentido sobre su currículum, y son del PP, del PSOE, de Cs y de Podemos. Lo de Kennedy, Clinton y Trump, pero todos al mismo tiempo. Cierto que en España no se plantearían problemas al presidente correspondiente por una Stormy Daniels, que es como se llama la actriz porno que quiere hacerse rica a costa de Trump. Pero sí se quiere echar a una presidenta por mentir, supuestamente, hasta el momento, sobre su currículum.

Y he aquí que la indignación moral de los líderes que quieren regenerar la vida política echando a Cifuentes ha servido para conocer varios casos de mentiras en sus propios partidos. La palma se la lleva José Manuel Franco, el líder del partido que va a encabezar la limpieza y que mintió durante una década sobre su falsa licenciatura en Matemáticas. Pero sin que se haya inmutado Ángel Gabilondo, catedrático que pretende presentarse como guardián de las esencias académicas, pero que está encantado con su segundo a pesar de sus mentiras académicas. Exactamente igual que Pedro Sánchez que tampoco ha pedido la dimisión de la alcaldesa de Córdoba a la que este periódico descubrió con una falsa Diplomatura en Magisterio.

Y lo mismo ocurre con Ciudadanos, indignado por lo que considera impresentable mentira de Cristina Cifuentes, pero que, sin embargo, en ningún momento ha exigido la dimisión de líderes tan importantes de su partido como Toni Cantó, el de la falsa titulación en Pedagogía, o, sobre todo, de Miguel Ángel Gutiérrez, un diputado que durante años exhibió no sólo una ingeniería superior que no tenía sino también un doctorado que tampoco poseía. Argumentan los líderes del PSOE y de Cs que lo de los suyos es poca cosa porque ya lo corrigieron. Argumento que imagino ha llevado a Cifuentes a renunciar a su máster y a borrarlo de su currículum. Si el borrado les ha servido a José Manuel Franco, a la alcaldesa de Córdoba, a Toni Cantó y a Miguel Ángel Gutiérrez para ser perdonados y mantenidos en su cargo, también le puede valer a ella, ha debido de pensar Cifuentes.

Pero no el PSOE y Cs para quienes la mentira es grande o pequeña dependiendo del color político de sus autores. Por lo que exige la dimisión de Cifuentes, pero no la de los suyos, porque su listón ético es mucho más flexible. Que es la gran contradicción moral que el PP debe tener en cuenta en este debate tanto como el mantenimiento o pérdida del poder en Madrid.

Edurne UriarteEdurne UriarteArticulista de OpiniónEdurne Uriarte