Internacional

John Albert, el único periodista extranjero que intimó con Fidel Castro

Este reportero de la NBC fue el único al que el dictador permitió que le acompañara en un viaje, en 1979. Aquellas imágenes no se hicieron públicas hasta el año pasado

Regalo que John Albert le hizo a Fidel Castro - ABC
ISRAEL VIANA Madrid - Actualizado: Guardado en:

«Sé que voy a morir, lo que no sé es la fecha», le decía Fidel Castro a John Albert, en 1979, durante el viaje que el dictador cubano realizó a Nueva York para pronunciar su discurso en la sede de Naciones Unidas como presidente de la Organización de Países No Alineados. Ese día ha llegado, convirtiendo a aquel joven periodista de la NBC en el único corresponsal extranjero de la historia al que Castro permitió subirse a su avión, acceder a su círculo más íntimo, conocer detalles de su vida privada y viajar con él en un ambiente distendido y ameno.

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No hubo otro representante de la prensa que accediera a ese lugar tan opaco y privilegiado que era la vida cotidiana del dictador en los 49 años que estuvo en el poder. Sorprendentemente, las autoridades de La Habana dejaron que Albert y su equipo grabaran todo el periplo. Era la primera vez que se le permitía a un medio de comunicación estadounidense estar tan cerca del «comandante», después de veinte años en el poder. Tampoco ocurrió después. Un hito a lo largo del mandato de un Castro que sobrevivió hasta a once presidentes: Dwigth Eisenhower, John F. Kennedy, Lyndon Johnson, Richard Nixon, Gerald Ford, Jimmy Carter, Ronald Reagan, George H. W. Bush, Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama.

Y aunque las negociaciones no fueron fáciles, al final todo se produjo un poco por sorpresa. «John, éste es el hombre que va a llevarte al lugar donde irás», fueron todas las explicaciones que el funcionario del Ministerio de Agricultura le dio a Albert al llegar a la capital cubana. Como si de una película de espías se tratara, el reportero se subió al coche sin hacer una sola pregunta ni saber a dónde le llevaban. «Dimos vueltas por La Habana durante tres o cuatro horas y terminamos en la zona VIP del aeropuerto. Allí supe, por primera vez, que nos reuniríamos con Fidel».

Un Castro afectuoso

Las imágenes recogidas y las entrevistas exclusivas realizadas por el periodista mostraban a un Castro carismático, cercano, afectuoso, humano y hasta seductor, lo que no correspondía con la imagen que querían proyectar del que ha sido uno de los máximo enemigos del Estados Unidos a lo largo de medio siglo. Por eso precisamente la NBC nunca quiso emitir aquellas grabaciones. El material quedó olvidado en un archivo hasta que, más de 35 años después, el vicepresidente de programación de la CNN en español, Eduardo Suárez, dio con ellas y decidió sacarlas a la luz, el año pasado, bajo el título «Un viaje con Fidel».

El documental —que gira en torno a las figuras de Albert y Castro, y la complicidad establecida entre ambos— comienza con la presentación en el aeropuerto de La Habana y, poco después, con el dictador cubano contestando distendidamente a las preguntas del periodista de la NBC en el avión. Vemos escenas tan curiosas como en las que Castro se desabrocha la camisa entre risas y enseña su pecho desnudo, solo para demostrarle al periodista que no lleva chaleco antibalas. «Voy a desembarcar así en Nueva York. Tengo un chaleco moral», declara. «Y cuando viaja usted a una ciudad como esta, en la que cientos de personas han anunciado que van a matarlo, ¿tiene miedo?», pregunta Albert. «Sé que voy a morir, lo que no sé es la fecha», responde el dictador, que recuerda después la primera vez que fue a la gran manzana, en 1948, para celebrar la luna de miel con su primera esposa, Mirta Díaz-Balart, en la gran manzana.

Más tarde aparece un Castro absolutamente indignado y enojado con el departamento de Inmigración de Estados Unidos, por hacerle rellenar la tarjeta de entrada. «El mío ni lo llenen, cojones. Llevamos media hora en el avión, esperando a que estos señores lleven a cabo su humillación», le espeta el dictador al jefe de Protocolo de la ONU. Y prosigue después con Fidel invitando a Albert a entrar con su cámara en el apartamento en el que se hospeda y retratándole tumbado en la cama, relajado, bromeando con sus colaboradores, comentando los libros que está leyendo y hasta coqueteando con las compañeras del reportero.

El «misterio» de Fidel

Un perfil absolutamente desconocido en el que se muestra en este documental para un público acostumbrado a escarbar en la secreta vida de Fidel Castro sin apenas resultados. «Crecí en Cuba en los años de la Guerra Fría y vi como el Gobierno le sacó provecho a todo el misterio que se creó alrededor de la vida de Fidel, debido a los primeros atentados que sufrió por parte de la CIA. O cuando se empezó a tratar su vida personal y familiar como un secreto de Estado, después de que trascendiera su figura internacionalmente», explica a ABC el director, que también nació en Cuba y vivió allí hasta que, a los 25 años, decidió escapar de la isla en el conocido «éxodo del Mariel», en 1980, junto a otros 125.000 compatriotas.

Ese fue el objetivo precisamentetre de Suárez cuando se propuso encontrar a John Albert para realizar «Un viaje con Fidel», que se emite este miércoles (20.45 horas) y el viernes 2 de diciembre (22.00 horas) en el canal TCM: trazar una radiografía de Castro más allá del personaje público. «Sabía que estaba haciendo un documental controvertido —añade—, porque la figura de Fidel lo es, sobre todo, si enseñas su entorno más íntimo. Pero es legítimo, porque una de las lecturas que se puede hacer corrobora mi teoría de que Castro gobernó y trascendió internacionalmente usando, en gran parte, su carisma personal, más que una filosofía política».

De entre los protagonistas que desfilan por el documental, destaca Frank Vales. El que fuera traductor del mandatario cubano durante años recuerda con sorpresa el hecho de que Albert consiguiera acceder al círculo íntimo de Fidel, «algo que otros muchos periodistas intentaron antes», asegura. «Jamás vi a nadie introducirse en su vida privada. Incluso en el avión nunca vi a periodistas extranjeros, siempre iba prensa cubana. John tuvo acceso a un Fidel nunca visto antes por un periodista», concluye.

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