Sandra - ABC

El marqués de Larios ignora las súplicas de su hija

Fracasó al desahuciarla esta semana de su casa de La Moraleja, lo volverá a intentar este martes

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José Carlos Fernández de Villavicencio y Eleta, V marqués de Larios, ha optado por colgar el teléfono cada vez que un periodista se quiere poner en contacto con él para saber su versión sobre el enfrentamiento judicial que mantiene con su primogénita Sandra -fruto de su primer matrimonio con Eva Lydia Isabelle Frommer-, a quien esta semana intentó desahuciar de su vivienda de La Moraleja, donde reside con su hijo Kenzo de cinco años.

A sus 29 años, Sandra no está dispuesta a tirar la toalla ni acatar los deseos de su padre, con quien mantiene un contencioso desde hace cinco años. «La relación con mi padre era maravillosa hasta que abandonó a mi madre cuando yo tenía seis años. Desde entonces se convirtió en otra persona», cuenta Sandra a ABC. Y añade: «La casa de La Moraleja era nuestro domicilio familiar y, en el acuerdo de divorcio, se estipuló que quedaba para uso y disfrute de mi madre y mío, como figura en el registro».

Situada en una parcela de más de dos mil metros cuadrados en el número 2 del Camino de las Jaras, en La Moraleja, el chalet fue un regalo que el abuelo paterno de Sandra, José Fernández de Villavicencio y Osorio, marqués de Vallecerrato, le hizo a su padre cuando éste se casó con Frommer. Cuando se divorciaron en 1997, madre e hija continuaron viviendo en la casa, que ahora es el hogar de Sandra y su hijo, ya que Frommer vive fuera de España. «Mi padre no tiene en cuenta que esta casa es donde vivo con mi hijo, el único nieto que tiene y al que apenas ha visto una vez, y sabe que nos quedamos en la calle», dice Sandra. «En todos estos años no ha pagado nada de la casa ni se ha ocupado de mí. Le he pedido una ayuda, un techo, un tiempo, y no quiere saber nada de su hija y su nieto».

Sandra junto a su padre
Sandra junto a su padre-ABC

Aunque las razones que han llevado al marqués a querer recuperar la casa se desconocen, Sandra es consciente de que la situación económica de su familia paterna es privilegiada. «Mi abuelo es propietario de la urbanización La Zagaleta (Málaga). Te diré que ha habido una investigación sobre sus finanzas, que están entre Suiza y Panamá, y que mi padre viaja casi todas las semanas a Angola para controlar sus negocios», asegura Sandra. Al parecer, gente que trabaja en el equipo de su familia paterna ha sido investigada: «Tengo muchos datos y por eso soy consciente de la fortuna que manejan y de ahí que me parezca aún más injusta la forma de tratarnos».

Cuatro perros guardianes

Sandra va a ir a por todas, pero la familia no es su único problema. También se queja de que mandó un escrito al Juzgado de Primera Instancia de Alcobendas pidiéndole una paralización del proceso al quedarse sin defensa, ya que no podía pagar los gastos de su anterior letrada Cynthia Ruiz, y tenía que esperar para que le asignaran un abogado de turno de oficio: «No han hecho caso de nada». El pasado martes día 10 de abril, Sandra se encontraba con su hijo en el interior de la casa cuando la juez que lleva el caso y sus acompañantes intentaron realizar el desalojo de la vivienda. El telefonillo de la residencia no funcionaba porque la casa no tiene electricidad y llamaron a la verja varias veces mientras cuatro perros hacían guardia al otro lado y no dejaban de ladrar. Decidieron irse, y a Sandra ya le han avisado que volverán el próximo 17 de abril. «Supongo que lo harán con todo el equipo de la protectora de animales -además de cuatro perros tiene tres gatos, tortugas y hasta un pony- y sé que mi padre ha pedido que corten ese día la calle para que los medios de comunicación no puedan sacar imágenes de lo que pueda suceder», anuncia.

El Juzgado de Primera Instancia de Alcobendas les intentó deshauciar el pasado 10 de abril
El Juzgado de Primera Instancia de Alcobendas les intentó deshauciar el pasado 10 de abril-José Ramón Ladra

Lo cierto es que mientras Sandra intenta luchar por lo que considera que son los intereses y derechos de su hijo menor (ha puesto una demanda en el Juzgado de Primera Instancia y Familia número 24), Justicia sigue marcando el ritmo de lo que parece que será inevitable el próximo martes.

Todo embalado

Esta polémica se intensifica con el silencio de su familia paterna, que ni trata ni quiere saber nada de esta mujer, que ha llegado a asegurar que todo el rechazo de los suyos, de su abuelo incluído, es porque «soy judía». De ahí que haya solicitado ayuda a la comunidad judía con el fin de tener aliados en esta «guerra» familiar. «Mis abuelos maternos estuvieron en campos de concentración y este fin de semana hay una reunión de muchos familiares que han pasado por esa horrible experiencia. Yo acudiré también», asegura, consciente de que quedan horas para abandonar la casa de La Moraleja. Ya tiene casi todas sus pertenencias embaladas en cajas.