Galicia

El Bloque nada hacia la orilla

El efecto balsámico del 25-S da un margen a Pontón para pilotar la refundación del frente

Tres mujeres liderarán el grupo parlamentario durante la próxima legislatura
Tres mujeres liderarán el grupo parlamentario durante la próxima legislatura - MIguel Muñiz

Dos días después de haberse celebrado el debate electoral de las autonómicas, solo había un comentario entre la plana mayor del BNG, reunida en el Hostal de los Reyes Católicos para escuchar la intervención de Ana Pontón en un desayuno informativo: «Esto es un punto de inflexión», replicaban una y otra vez. La caldera de la sala de máquinas de Rodríguez de Viguri en seguida le encontró nombre al fenómeno: el «efecto Pontón» estaba en marcha. «Está claro que es un símbolo», comenta una de sus allegadas, la diputada electa y miembro de la Executiva Noa Presas.

La noche electoral del 25 de septiembre tuvo algo de nuevo si se echa la vista atrás. Los aplausos, los vítores al «Be-ne-gá» pronosticaban que esta vez el Bloque se había salvado perdiendo, eso sí, 26.000 votos respecto al 2012. Pocas veces una derrota fue tan valorada como un éxito. El ambiente es atípico en una organización acostumbrada a tapar heridas en los días de urnas y recuento. Por ejemplo, tras las elecciones del año 2000, Beiras profetizó, al estilo Ortega, que la incomprensión de los gallegos hacia su forma de comprender el nacionalismo solo tenía solución allende la «raia»: «Menos mal que nos queda Portugal», dijo ante un desplome electoral que se prolongaría durante quince años. Desde 2001, el frentismo ha vaciado casi tres cuartos de su capital político con la pérdida de 14,1 puntos y 227.000 votos. Pasó de obtener 346.400 sufragios en las primeras autonómicas del siglo a los 119.400 de las últimas.

La decadencia política tuvo infinidad de expresiones: la pérdida del bipartito por un escaño, la asamblea de Amio de 2012, la desaparición en el Congreso de los Diputados, así como de los consistorios de Vigo y Orense o la fuga de algunos alcaldes emblemáticos a las filas de la Marea. Solo alguien de la UPG, como Pontón, podía tener el suficiente margen de maniobra como para emprender un cambio de discurso. Para el resto de líderes que le precedieron fue imposible. «A los hechos me remito», señala una fuente próxima al anterior portavoz nacional, Xavier Vence, defenestrado por el oficialismo de la U, y firmante del «Chamamento de Vidán», el documento que aglutina a una parte del sector crítico con la actual dirección, abierto a pactos con otras fuerzas de izquierda. «Los resultados electorales fueron un balón de oxígeno para la cúpula, pero ¿realmente el Bloque aspira a colocarse entre un 5 y un 10 por ciento de voto, en el espacio del PCP en Portugal o el KKE en Grecia, o quiere conseguir la hegemonía electoral en Galicia? El debate es ese y las elecciones mostraron un fracaso», analiza.

Debates paralelos

En estos momentos, en el frente se solapan dos procesos. El de la carrera electoral se ha detenido, tras dos años frenéticos. El otro, es el denominado «Proceso Adiante», de refundación de la organización, de sus principios, su discurso y, sobre todo, su imagen. Si se cumple la hoja de ruta de la dirección, se acabará en marzo del próximo año. «Ahora estamos actualizando el mensaje nacionalista y la renovación del diagnóstico sobre el país, porque cuando se hicieron los análisis teóricos más fuertes en nuestro campo había segmentos que ahora no tenían tanto peso, como el primario», señala Presas.

Para los dos sectores, algo de eso ya hubo en la última campaña. Los de Vidán valoran haber cuadriplicado el resultado respecto a las generales de junio y especialmente haber abandonado una marca corporativa anclada con fuerza a lo identitario: «Existía la sensación de que solo hablábamos del rural». Los afines a Pontón reconocen una reconexión con las zonas urbanas y el voto joven: «Es una oportunidad para el soberanismo del siglo XXI». Con quién compartirlo es otro de los debates densos en los que se suele envolver el nacionalismo y un sector de la izquierda. Los críticos no se cierran a «cualquier pacto con partidos a la izquierda del PSOE», pero la autonomía del nacionalismo y la autoorganización son criterios elevados a categoría de dogma de fe para la línea oficial. En lo que ambas corrientes coinciden es en no poner la mano en el fuego por la permanencia de las siglas. Presas reconoce que «no hay que ser fetiche de las herramientas» que instrumentalizan la política. «Lo importante no es el Bloque, es el nacionalismo», concluye.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios