PANORÁMICAS DE GALICIA (VI)

El BNG, ante al abismo

Los nacionalistas enfrentan el 25-S como una batalla en la que luchan por la supervivencia de su proyecto

Miembros del BNG reparten preservativos con propagando electoral en un mitin en La Coruña
Miembros del BNG reparten preservativos con propagando electoral en un mitin en La Coruña - EFE
DARÍO DOMÍNGUEZ Santiago - Actualizado: Guardado en:

Los caprichos de la Historia han querido que en el año en el que se cumple un siglo de la fundación de las Irmandades da Fala, la organización que se considera germen del nacionalismo gallego, la histórica correa de transmisión de sus ideas hacia el presente atraviese uno de los momentos más delicados de su trayectoria reciente. Otrora fuerza hegemónica de la izquierda en la Comunidad, hace cuatro años empezó a transitar una travesía en el desierto de la que todavía no se ha podido recuperar. En aquel entonces, un Xosé Manuel Beiras que meses antes había implosionado el partido en la Asamblea de Amio adelantaba a la antigua «casa común» del soberanismo gallego aliado con una fuerza estatal como IU.

En el año 2015 se redoblaron los malos presagios. El auge de las Mareas castigó con dureza a todos los viejos partidos, pero el BNG vio cómo una fuerza que competía en un espacio electoral prácticamente idéntico al suyo le comía terreno a pasos agigantados. Los nacionalistas apenas conservaron buenos resultados en Pontevedra, donde la marca de Miguel Anxo Fernández Lores superó la tendencia bajista del partido, pero se hundieron en el resto de urbes, e incluso llegaron a quedarse fuera de los Consistorios de Vigo y Orense, primera y tercera ciudad más poblada.

El panorama no mejoró en diciembre. Después de un convulso verano en el que se teatralizó desde todas las partes una negociación para conformar una candidatura de unidad de todas las fuerzas de izquierda radical gallegas para las elecciones generales, el BNG terminó diluyendo sus siglas y concurrió a la cita del 20-D con la marca Nós-Candidatura Galega. El populismo volvió a infligir una dura derrota, y los nacionalistas se quedaban tras dos décadas sin pisar las bancadas del Congreso.

La hemorragia parecía entonces ya imposible de cortar, y la formación frentista asumió que debía entrar en una nueva época. Convocó una Asamblea Nacional para renovar sus cuadros directivos y trazar una estrategia de futuro que pasaba por una «refundación» como partido. Si bien los documentos aprobados dibujaban una hoja de ruta continuista, sí se vio como una de las primeras buenas noticias recibidas en varios años la llegada de Ana Pontón a la portavocía nacional. Además, en el cónclave del Palexco se decidió terminar con la «bicefalia» del partido y convertir en compatible este cargo con el de aspirante a la presidencia de la Xunta que ahora también ocupa esta.

Vencer al pesimismo

La primera cita electoral con Pontón en los carteles (acompañaba a los cuatro cabezas de lista) volvió a ser amarga. En la repetición de las generales, y ya de nuevo con la marca del BNG enarbolada, los nacionalistas todavía perdieron votos con respecto a las anteriores. Sabían que no era su batalla dado el escenario polarizado sobre las cuatro grandes fuerzas y habían planteado una campaña de bajo coste y limitado desgaste para preparas las autonómicas, pero no haber llegado al 3% de los votos no contribuyó a mejorar el ánimo de los dirigentes ni de sus tropas.

Y precisamente ese es el desafío de la campaña: vencer al pesimismo y a los malos augurios. Pese a que desde la Marea se intentó hacer una OPA al electorado nacionalista apelando a la idea de que el BNG podría quedar como fuerza extraparlamentaria, las diferentes encuestas publicadas en los últimos tiempos revelan que se mantendrían en O Hórreo, si bien con peores resultados de los obtenidos en 2012, cuando consiguieron siete escaños.

Desde las filas nacionalistas se empieza a ver como un gran resultado el mantenimiento del grupo parlamentario propio, para lo que necesitarían cinco asientos en la Cámara, aunque se muestran conscientes de que la diferencia entre contar 3 y 6 diputados (las cifras que barajan) puede encontrarse en un margen de votos muy reducido. El reto para los frentistas no es menor, ya que se juegan este 25-S su supervivencia misma como organización, dado que una eventual pérdida masiva de apoyos podría poner en riesgo su viabilidad financiera; y su proyecto político, debido a que la Marea quedaría como único representante de la izquierda radical en el Parlamento.

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